Sex Tut Gut: Explorando el cuerpo en Berlín

Artículo publicado el 7 de Julio de 2014
Artículo publicado el 7 de Julio de 2014

Aún con la liberación sexual, el feminismo y el empoderamiento de género, en el siglo XXI nuestros cuerpos siguen siendo desconocidos. ¿Por qué está el sexo omnipresente si apenas hablamos de ello abiertamente? ¿Qué es un “cuerpo” y cómo funciona? La sexóloga Catarina Brazão ayuda a los jóvenes a encontrar respuestas a sus preguntas candentes. Literalmente.

"Res­pi­rad len­ta­men­te. Si sen­tís dolor, in­ten­tad fun­di­ros en la sen­sa­ción. Sen­tid el cuer­po". Un grupo va­ria­do de ber­li­ne­ses se re­tuer­ce de dolor y pla­cer, pro­vo­ca­dos por la cera ca­lien­te ca­yen­do sobre su piel, mien­tras Ca­ta­ri­na Brazão se mueve si­len­cio­sa­men­te por la sala, ani­man­do y apo­yan­do in­di­vi­dual­men­te a los nueve par­ti­ci­pan­tes de su ta­ller Sex Tut Gut (el sexo es bueno para ti). "Emi­tid so­ni­dos y moved el cuer­po si os ayuda a so­por­tar el shock y el calor". El tema de esta se­sión es la cera de­rre­ti­da, ex­pli­ca Ca­ta­ri­na, que es la he­rra­mien­ta per­fec­ta para sen­tir el cuer­po de una forma nueva y emo­cio­nan­te.

Lo que a pri­me­ra vista pa­re­ce un mé­to­do inusual de ex­plo­rar la se­xua­li­dad es un pro­yec­to de Ca­ta­ri­na para ayu­dar a que la gente re­co­nec­te con su cuer­po. "Creo que hay que des­per­tar la cons­cien­cia del cuer­po para al­can­zar nues­tro má­xi­mo po­ten­cial. ¡Li­be­ra el cuer­po para li­be­rar la mente!". No es ca­sua­li­dad que los ta­lle­res de Ca­ta­ri­na ten­gan un pú­bli­co tan ávido en Ber­lín: el cri­sol cul­tu­ral del Viejo Mundo, donde la men­ta­li­dad suaba del sur de Ale­ma­nia choca con el nu­dis­mo de Ale­ma­nia del Este, los mo­vi­mien­tos tra­ves­tis co­li­sio­nan con las creen­cias mu­sul­ma­nas y el flir­teo me­di­te­rrá­neo se es­tam­pa con­tra muros de in­co­mo­di­dad ale­ma­na. Si ca­mi­na­mos por el ba­rrio pijo de Prenz­lauer Berg o el mul­ti­cul­tu­ral Kreuzkölln, po­de­mos ver que in­clu­so con la li­be­ra­ción se­xual, el fe­mi­nis­mo y el em­po­de­ra­mien­to de gé­ne­ro, en el siglo XXI nues­tros cuer­pos si­guen sien­do unos com­ple­tos des­co­no­ci­dos. ¿Cuán­do co­men­za­ron los hips­ter a ves­tir­se como niños pe­que­ños? ¿Por qué está el sexo om­ni­pre­sen­te aun­que ape­nas ha­ble­mos de ello abier­ta­men­te? ¿Qué pasa bajo las sá­ba­nas?

OTRA FORMA DE EX­PLO­RAR EL CUER­PO

Ca­ta­ri­na nació en Ma­dei­ra y se fue de Erasmus a Ber­lín en 2007, donde tra­ba­jó como psi­quia­tra antes de cam­biar al tra­ba­jo cor­po­ral ho­lís­ti­co en 2010. Aun­que mu­chos de sus tra­ta­mien­tos son se­xo­ló­gi­cos, su tra­ba­jo no se cen­tra solo en los ge­ni­ta­les. "El en­fo­que so­má­ti­co no es sobre sexo, sino sobre con­cien­cia­ción y co­no­ci­mien­to. La se­xua­li­dad apa­re­ce más ade­lan­te por­que una vez te sien­tes bien en tu pro­pio cuer­po, te das cuen­ta de que todo es sen­sual y se­xual". Por eso Ca­ta­ri­na y Fe­de­ri­ca Fiore, mé­di­co al­ter­na­ti­va y bai­la­ri­na ita­lia­na, fo­men­tan la con­cien­cia­ción cor­po­ral de forma poco con­ven­cio­nal. "En nues­tros ta­lle­res tra­ta­mos temas como la com­po­si­ción cor­po­ral, el auto pla­cer y las cons­te­la­cio­nes cor­po­ra­les de forma di­ver­ti­da y ac­ce­si­ble", ex­pli­ca Ca­ta­ri­na. "¡Nos sor­pren­di­mos por lo bien que fun­cio­nó este con­cep­to! Al final de las se­sio­nes todos están con­ten­tos, aun­que al­gu­nos estén to­tal­men­te des­nu­dos y otros to­tal­men­te ves­ti­dos". Entre los par­ti­ci­pan­tes hay tanto pa­re­jas jó­ve­nes como sol­te­ros de todas las eda­des, sexos y cul­tu­ras. Al fin y al cabo, todos están jun­tos a la hora de bus­car una se­xua­li­dad sa­lu­da­ble. "Si somos sin­ce­ros, nadie nos en­se­ñó nada. Cuan­do éra­mos ado­les­cen­tes apren­di­mos a des­ha­cer­nos de nues­tra ener­gía eró­ti­ca tan rá­pi­do como pu­dié­se­mos", se­ña­la Ca­ta­ri­na. "Me gusta la mas­tur­ba­ción desde que era muy joven, pero el úl­ti­mo par de años me he ex­pan­di­do al pla­cer pro­pio y el amor pro­pio". Esta es una de las mu­chas cosas que le en­tu­sias­ma co­men­tar. Al mismo tiem­po, en­fa­ti­za que el sen­ti­mien­to de sen­tir­se fuera de su pro­pio cuer­po no es algo ex­clu­si­va­men­te fe­me­nino. “Sor­pren­den­te­men­te, los hom­bres se en­fren­tan a los mis­mos pro­ble­mas que las mu­je­res. A me­nu­do lo hacen me­cá­ni­ca­men­te y no son ca­pa­ces de sa­bo­rear la ex­pe­rien­cia se­xual".

"NO SON MÁS QUE GE­NI­TA­LES”

Por eso Ca­ta­ri­na y su com­pa­ñe­ra ale­ma­na Ma­reen Scholl ofre­cen se­sio­nes de Me­di­ta­ción Ge­ni­tal, que con­tri­bu­yen al ero­tis­mo in­di­vi­dual. Esta prác­ti­ca in­vi­ta a dis­fru­tar el "tacto cu­ra­ti­vo" de tres ca­ri­cias dis­tin­tas, que se apli­can len­ta­men­te en los ge­ni­ta­les en pe­rio­dos de hasta 15 mi­nu­tos, sin sen­tir la obli­ga­ción de de­vol­ver­le el pla­cer a otra per­so­na. "No son más que ge­ni­ta­les, ener­gía se­xual. Es tuyo y no es malo sen­tir­lo", en­fa­ti­za Ca­ta­ri­na son­rien­do. "En nues­tra vida se­xual in­ten­ta­mos de­vol­ver el pla­cer hasta tal punto que no po­de­mos con­cen­trar­nos en re­ci­bir y sen­tirlo". Los ta­lle­res de Me­di­ta­ción Ge­ni­tal pa­re­cen es­pe­cial­men­te atrac­ti­vos para las mu­je­res, aun­que Ca­ta­ri­na ha visto un au­men­to en el nú­me­ro de hom­bres in­tere­sa­dos en vol­ver a co­nec­tar con sus cuer­pos.

Aun­que Ca­ta­ri­na lleva años en Ber­lín, ya ha em­pe­za­do a or­ga­ni­zar ta­lle­res en otros paí­ses eu­ro­peos para con­cien­ciar sobre la ne­ce­si­dad de uni­dad entre el cuer­po, el es­pí­ri­tu y la mente. "No es un sim­ple es­te­reo­ti­po de que los no­reu­ro­peos son fríos e in­hi­bi­dos. Veo que mi tra­ba­jo ayuda igual­men­te a gente de Por­tu­gal, la Re­pú­bli­ca Checa y Es­pa­ña". Según su ex­pe­rien­cia, la gente de su­pues­tos "paí­ses sen­sua­les" sim­ple­men­te tiene dis­tin­tos pro­ble­mas con sus cuer­pos. "Que los me­di­te­rrá­neos flir­teen más no sig­ni­fi­ca que sean me­jo­res aman­tes", añade entre risas.

CEN­TRAR­SE EN EL CUER­PO COMO UN TODO

El goteo de cera ca­lien­te sobre la piel con­ti­núa, pro­vo­can­do gri­tos, sus­pi­ros y ge­mi­dos oca­sio­na­les, pero la at­mós­fe­ra del ta­ller Sex Tut Gut es re­la­ja­da. Es vi­si­ble que al­gu­nos par­ti­ci­pan­tes están ex­pe­ri­men­tan­do su cuer­po de dis­tin­ta forma, ex­plo­ran­do su en­fo­que per­so­nal sobre la se­xua­li­dad, solos o en pa­re­ja. Otros sim­ple­men­te están sien­do más cons­cien­tes de su cuer­po. "Es un pro­ce­so muy in­tere­san­te", su­su­rra Ca­ta­ri­na con una son­ri­sa. "Una vez te sien­tes a gusto en tu cuer­po, los ge­ni­ta­les son solo otra parte de él y casi pier­den su as­pec­to ex­ci­tan­te. Cuan­do acep­tas y res­pe­tas todo tu cuer­po tam­bién te quie­res más a ti mismo". Los jó­ve­nes ber­li­ne­ses em­pie­zan a pen­sar mejor en su con­cep­to del cuer­po y la se­xua­li­dad, em­bar­cán­do­se en un largo viaje que les lle­va­rá a re­gio­nes ines­pe­ra­das y ex­ci­tan­tes. Y no es­ta­rán solo entre las pier­nas.

Este ar­tícu­lo fue pu­bli­ca­do ori­gi­nal­men­te en la Edi­ción Es­pe­cial 2014 de la re­vis­ta on­li­ne eu­ro­pea Eu­ro­pe&Me. Todos los de­re­chos son del autor y Eu­ro­pe&Me.