Sexismo meteorológico: Quien siembra vientos, recoge tempestades

Artículo publicado el 16 de Febrero de 2016
Artículo publicado el 16 de Febrero de 2016

Los meteorólogos predicen el clima, analizan los datos de satélite y se devanan los sesos para nombrar la áreas de bajas presiones y anticiclones, huracanes y tifones. Pero no es tan fácil como parece: Un estudio ha demostrado que a menudo se tiende a subestimar la importancia de una tormenta cuando tiene nombre de mujer. Y las consecuencias pueden ser catastróficas.

"Katrina", "Audrey", "Joaquín"... Todos son nombres de tormentas. Devastan zonas costeras enteras, arrasan viviendas y desbordan los ríos. Y esto debería ser más importante que el hecho de que estas gigantescas plagas tengan nombres bonitos.

Un grupo de investigadores de la Academia Nacional de las Ciencias de Estados Unidos ha demostrado mediante un estudio que las tormentas a las que se les ha atribuido un nombre femenino provocan más víctimas que los que tienen un nombre masculino. Para ello, se analizaron 92 tormentas del Atlántico que sacudieron el país entre 1952 y 2012. En otro experimento, se entrevistó a personas sobre la intensidad y la naturaleza peligrosa de 10 tormentas, cinco con nombre femenino y cinco con un nombre masculino. El resultado es sorprendente: Las que tenían un nombre femenino fueron consideradas como menos peligrosas, es decir, que la gente tomó medidas de precaución cuando ya era demasiado tarde. Los llamados estereotipos de género serían los responsables de esta falta de criterio. Los hombres son el sexo fuerte. Las mujeres, el sexo débil –o por lo menos más débil–. Estos estereotipos están profundamente arraigados en nosotros, los seres humanos, y poco importa si los negamos o los compartimos.

"¡Una mamada que no olvidarás!"

En el momento en el que se considera menos devastadora la tormenta "Alexandra" que la tormenta "Alexander", deberíamos reconsiderar rápidamente la manera en que otorgamos los nombres. Así lo creen también los investigadores. Desde finales de los años 80, muchas feministas están luchando por un nuevo sistema de denominaciones. Los titulares como "Katrina destruye Nueva Orleans", "Katrina devasta 320 millones de árboles", "Sandy causa estragos en América del Norte: Al menos 29 muertos" o "21 personas mueren a causa de Hanna" evocan que el mal personificado tiene nombre de mujer. Y va aún más lejos. En Nueva Orleans en 2005, llegaron a tratar de "zorra" al "Katrina". Hasta se vendían camisetas en las que se podía leer "¡Una mamada que no olvidarás!".

"¿Cuál es la conexión entre las mujeres y las tormentas? Cuando se van, ¡se llevan los coches y las casas!". Los chistes sobre el sexo débil como los que se cuentan en torno a una mesa predominantemente masculina, donde se garantizan las risas, definitivamente no pasarán del siglo XXI.

En muchos países, los nombres masculinos y femeninos que se dan a los huracanes cambian cada año. Wikipedia mantiene una escrupulosa lista al respecto.

En Alemania, por una suma de 300 euros, podemos comprar un coche usado lleno de óxido, o poner nombre a un anticiclón. Por 200 euros, las zonas de bajas presiones tienen incluso más ventajas. El dinero es donado a los estudiantes en Meteorología de la Universidad Libre de Berlín. Pero este enfoque no es en absoluto una solución para las designaciones problemáticas.

Darle a un tornado un nombre, sabiendo que las palabras atraviesan generaciones, ya es bastante degradante. Dar un nombre a los desastres naturales, ya sea de hombre o mujer, obviamente, sólo traerá más vientos en contra.