Shoeshine 2.0: el regreso de los limpiabotas a Palermo

Artículo publicado el 23 de Marzo de 2017
Artículo publicado el 23 de Marzo de 2017

Son los limpiabotas de un nuevo milenio. En Palermo ha nacido la cooperativa Shoeshine 2.0, que creará un nuevo concepto de este tradicional trabajo. Entre sueños, esperanzas, crisis e inseguridad, para muchos esta es una oportunidad laboral que podría cambiar su vida. Cafébabel os acerca las emociones y los proyectos de algunos de los diecisiéis afortunados futuros artesanos.

Tener una oportunidad en el mundo laboral parece ser un concepto revolucionario en un país que es presa de la crisis laboral y donde los títulos académicos han perdido su valor. Es por eso que el regreso de los limpiabotas en Palermo ha llamado la atención a más de uno. Ofrecer un servicio artesanal en la era digital, que además está bien remunerado, puede parecer cosa de locos. Sin embargo, es una realidad cercana.

El trabajo del limpiabotas puede parecer anacrónico. No obstante, en la capital siciliana este trabajo ha revivido gracias a la iniciativa de la Confederación de Artesanos de Sicilia con la cooperativa Shoeshine 2.0. El reto es reconstruir esta artesanía con una perspectiva más moderna. Los nuevos limpiabotas aprovechan la tecnología, la publicidad y la alianza con las principales marcas del sector. Ellos trabajan con herramientas digitales: el móvil y las redes sociales.

La idea se encuentra aún en fase embrionaria, pero la cooperativa tiene previsto lanzar una aplicación en la que los clientes, fieles a sus limpiabotas de confianza, sabrán en qué esquina de Palermo pueden encontrarlos para un lustrado antes de una cita trabajo. ¿Pero tendrán todos los limpiabotas un smartphone? ¿Podrán adaptarse a las nuevas tecnologías los limpiabotas con más años? Estos son algunos problemas que actualmente no parecen ser de interés para los aspirantes a limpiabotas. Ellos están concentrados en la posibilidad de ser el futuro en una industria que parecía haber desaparecido.

¿Por qué 2.0? El objetivo es especializar este grupo de trabajadores reinterpretando el papel fundamental de un arte antiguo, liberándolo del mercado negro y restaurando su dignidad comercial. Crear un nuevo profesional, moderno y flexible, capaz de emprender un camino empresarial. La Confederación de Artesanos espera que en poco tiempo los nuevos limpiabotas puedan pensar a lo grande y, por qué no, en abrir negocios en toda Italia. Según nos cuenta Nunzio Reina, presidente de la Confederación de Artesanos "No descartamos la posibilidad de ver limpiabotas trabajando en las tiendas Louis Vuitton". Durante la etapa inicial, los miembros de la cooperativa recibirán asesoramiento fiscal y una empresa de Verona proporcionará cepillos, cremas, delantales y uniformes iguales para todos.

De los 160 candidatos iniciales, provenientes de toda Italia, finalmente solo quedaron dieciséis: doce hombres y cuatro mujeres de entre veinte y 61 años que a partir de abril, después de haber recibido quince horas de clases impartidas por Piero Caccamo, un maestro en el campo, aprovecharán la tecnología móvil para limpiar los zapatos de los autóctonos y turistas por toda la ciudad. Desde Piazza Castelnuovo hasta Via Maqueda, a través de la Via XX Settembre, Piazza Verdi y Piazza Borsa, hasta llegar a la Corte y la Estación Central, Palermo recordará el escenario de 'El limpiabotas' famosa película neorrealista de Vittorio De Sica, excepto por los escombros de guerra. 

La iniciativa fue recibida con entusiasmo y algo de controversia. Entre las redes sociales y los foros de opinión, el foco de las críticas no se apaga. Hay quienes comentan: "Esta oportunidad refleja el fracaso del Estado". Otros añaden: "Ahí es donde van a parar nuestros graduados". Sin embargo, los futuros limpiabotas están entusiasmados, un entusiasmo contagioso que avanza sin límites. La primera lección transcurre en un ambiente tranquilo. Los aspirantes hacen bromas, comienzan a conocerse. Pero cuando Caccamo toma el primer par de zapatos para explicar los fundamentos de la técnica, los jóvenes aprendices agarran sus bolígrafos, cuadernos y prestan mucha atención.

"Es un primer paso importante. Después quizás me vaya de Palermo"

Marilisa, de 21 años, baja estatura, cabello decolorado, y pura energía, parece que el olfato para los negocios corre por sus venas. Ella vivió catorce años en Trentino, al norte de Italia. Su madre, cajera en un supermercado en Palermo, le regaló un kit de limpieza de calzado para darle su apoyo. "Para mí esta es una gran oportunidad en un país económicamente muerto y que corta las alas a los jóvenes". "Me sorprende que hayan nombrado a Palermo la capital juvenil 2017", añade la joven.

Para Marilisa este solo es un primer paso. Un trabajo que le permitirá ganar algo de dinero para luego matricularse en una carrera que le preparará para el mundo de los negocios. "No quiero abandonar los estudios. Voy a graduarme para cumplir mi sueño de abrir mi propia empresa en Milán, porque aquí en Palermo es difícil construirse un futuro", concluye. Una empresa que, por qué no, podría tener algo que ver con el mundo de la limpieza del calzado. Y los sueños continuan: "Me imagino en un lugar donde los profesionales se relajan entre las líneas de un periódico y un café mientras un limpiabotas lustra sus zapatos", como en Estados Unidos en los años 50.

Cuando le llamaron de la Confederación de Artesanos para comunicarle el resultado positivo de su entrevista daba saltos de alegría. Sin embargo, no faltaron las críticas de algunos de sus compañeros: "Recibí algunos mensajes negativo en Facebook", dice. "Me preguntaron por qué en la era de las redes sociales, me postulé para realizar un oficio tan antiguo. Creo que hoy en día tenemos que volver a esa comunicación que las redes nos han quitado. Este trabajo lo permite".

"Tenemos que trabajar"

A su lado se sienta Vincenzo, 30 años, protésico dental con padres desempleados. Ha desarrollado su faceta profesional, sin demasiada fortuna, en el campo de bienes inmuebles. A él le gustaría trabajar y vivir en Palermo, cree que será difícil, pero aún así tiene ilusiones. "Esta es una oportunidad clave. Tenemos la necesidad de trabajar y el Estado tiene el deber de garantizar ese trabajo, lo cual no ha ocurrido hasta ahora", dice con un dejo de ira. "Es por eso que cuando me enteré de esta oportunidad a través de las redes sociales, no lo pensé dos veces". Vincenzo no tiene un sueño en particular, solo quiere trabajar para vivir con dignidad. 

"Lo importante será trabajar duro"

Y luego está Fabrizio, el doctor del grupo, 37 años, graduado en Ciencias Políticas. Durante la lección está siempre muy concentrado. Llena la hoja de notas como si estuviera en la universidad. Para él, es un juego de azar, no es un fracaso o una manera de conformarse. "Hoy necesitamos movilizarnos, trabajar seriamente para ganar algo de dinero", dice. "Después de graduarme, no pude encontrar oportunidades laborales y nadie respondía a mis solicitudes. Cuando supe de esta oportunidad, probé y me ha ido bien", sonríe. Fabrizio no tiene ninguna intención de irse de Palermo: "Creo en el proyecto. Quiero trabajar aquí, no voy a mudarme. Esta es mi ciudad y no voy a abandonarla".

"Una manera de jugársela"

Entre los futuros limpiabotas de Palermo también está Renzo, italiano-brasileño, de 40 años, con un acento milanés muy marcado. Vivió en el norte durante varios años con su esposa, y luego se trasladaron a Palermo. Casi al mismo tiempo surgió esta oferta de trabajo y él la atrapó al vuelo. "Es una manera de jugársela, una oportunidad importante". 

Oportunidad: esta palabra siempre aparece. Un término utilizado de forma indiscriminada por los jóvenes que quieren trabajar con dignidad, sin ser explotados por salarios mínimos, que quieren ganar dinero, hacer negocios y, juntos, formar redes de colaboración. Esta es realmente una pequeña gran revolución. Así que vamos a ponernos cómodos, estiremos las piernas y preparémonos para esta nueva experiencia urbana: el limpiabotas está de vuelta.