Sí: Soy francés y nací pesimista (estudio)

Artículo publicado el 18 de Enero de 2011
Artículo publicado el 18 de Enero de 2011
Regresar de vacaciones a París, la capital del país más pesimista del mundo, es duro. De aspecto confuso, envueltos en abrigos negros sobre jerséis grises, los parisinos engullidos por el metro parecen salir directamente de una sala de aislamiento. Yo soy uno de ellos, y estoy orgulloso... Aunque el estado de ánimo sea nauseabundo, ¡estoy entre los campeones!

Un columnista del prestigioso diario La Monde prefiere hacer hincapié en la lucidez francesa oculta tras la oscuridad, citando al experto indio Gurdaran Das: "Puede que vuestro país se muestre más pesimista que los demás simplemente porque el espíritu francés traduce en palabras y pensamientos más rápidamente que los demás las disfunciones del planeta". Infalible. Cuando me permito ser francés en Montenegro, me quejo de los salarios de 400 euros o de los refugiados kosovares que viven en barrios marginales. "Es terrible, qué horror, Dios mío". Me miran con una sonrisa rígida, los pobres; ni siquiera imaginan que yo pueda quejarme de su suerte en su lugar. ¿Será eso "el genio francés" que señala la pluma de Le Monde? Lo que resulta divertido en la encuesta La Voz del Pueblo BVA/Gallup sobre las perspectivas económicas en el 2011, realizada entre 64.203 personas en 53 países, son los contrastes. Mientras que en Europa Occidental la mayoría de la gente es pesimista sobre el nuevo año, los optimistas se encuentran mayoritariamente en África, un 76%. El 2011 será mejor según el 80% de los nigerianos, mientras que sólo un 3% de los franceses siguen ese espíritu.

Los galos se dividen en tres categorías. Existen los que niegan, como el editor de Valeurs Actuelles, cuyo editorial Un pueblo mayor confirma lo que Stéphane Hessel, autor del best-seller ¡Indignaos!, matiza acerca de nosotros: los franceses "tienen un alto concepto de sí mismos". Otros asumen y se indignan precisamente de nuestra falta de esperanza en el futuro, como Jean-Marie Colombani, ex director de Le Monde y co-fundador de Slate.fr, que invita a los cobardes a mirar hacia la América de Barack Obama, autor de La audacia de la esperanza.

Por último están los peores, los humanistas desilusionados, aquellos que no se desesperan tanto con el pesimismo francés y prefieren explotar todo su potencial dramático. ¿Quién mejor que los artistas para mostrarnos nuestra peor naturaleza? Michel Houellebecq y Virginie Despentes, escritores premiados con el Goncourt y el Renaudot 2010, respectivamente (los premios literarios más mediáticos), envuelven sus obras de un pesimismo realista y brillante. ¿Es por su sagacidad acerca de nuestra complacencia que aceptamos nuestra suerte y nos burlamos de ello? ¿Quemamos sus best-sellers y prohibimos el negro en detrimento del amarillo? No hagamos caso de los amargados ni de Nicolas Hulot, que nos hace sentir culpables por la situación del planeta; hagamos de una sonrisa en la caja del supermercado una ley constitucional…Ah, no, lo olvidaba, la revolución aquí es una idea del pasado. Contentémonos entonces con mirar más allá de nuestras fronteras.

Foto : (cc)Ohfoohy/flickr