“Si tuviera que elegir entre el sexo y actuar en directo con The Whitest Boy Alive…”

Artículo publicado el 22 de Diciembre de 2009
Artículo publicado el 22 de Diciembre de 2009
Un día sólo había ordenadores. Al día siguiente, Dios creó los instrumentos. Durante esta década, el sonido electrónico polifónico del grupo de Berlín se ha convertido en pura felicidad desprogramada para los amantes del baile en directo en Europa

Las conferencias de prensa son siempre un poco horteras. En esta, The Whitest Boy Alive se muestran un poco reactivos, aburridos y agresivos. Quizás se deba a que estamos en el festival Transmusicales de Rennes, una exhibición anual que se precia de descubrir grupos. Bandas de la categoría de The Prodigy, Garbage, We Have Band y Micachu y los Shapes tocaron aquí cuando todavía no eran conocidos y, ¿por qué ahora ocupan titulares? “Es muy raro estar aquí ante 5.000 personas” afirma el cantante principal, el noruego Erlend Oye. Los chicos intencionadamente contestan a los periodistas con nuevas preguntas, algo que parece interesarles más: ¿Por qué pensáis que nos llamamos The Whitest Boy Alive?, ¿cómo nos descubristeis?, “y sí, somos un buen grupo de Myspace”, afirma Oye. “¿Conocemos su música?” Un silencio tímido. “¿Alguien de aquí es del sur de Francia?” Hay un abismo entre los cuatro chicos sentados en el sofá y nosotros, los “gabachos” apiñados contra la pared. Un adolescente con el estilo del cantante francés Gainsbourg les sigue su juego, susurrando una pregunta atípica. “¿Si tuviera que elegir entre vivir sin sexo o vivir sin actuar en directo?” sonríe un Erlend Oye de buen humor, apartando su melena rizada teñida de rojo. “Tendría que estar en directo”.

Sintético

Claramente, se conocen bien y tienen el control. El proyecto empezó en 2003, en una época en que Oye y el bajista polaco Marcin ‘Öz’ estaban cansados de su música electrónica. Siguiendo la música que venía del estudio del sótano de su edificio descubrieron a sus futuros compañeros, que eran entonces las dos terceras partes de Extra Produktionen. “Éstos dos andaban husmeando por el edificio. Queríamos una cerradura nueva para que no nos robaran los instrumentos”, se ríe Öz, señalando a ‘Mr. Sintetizador’, el teclista Daniel Nentwig, de 32 años, y al batería Sebastian Maschat. “Cuando lo conocí, pensé que Marcin parecía muy serio”.

(©Nabeelah Shabbir)

Oye, de 34 años, opina sobre el antiguo residente del club WMF, también conocido como ‘DJ Highfish’. ”No somos poco convencionales en absoluto” se defiende Nentwing, visiblemente provocado por esta pregunta. “Usamos tambores, bajos y ¡también la guitarra!. Nuestra música tiene su origen en la década de los setenta en la que nacimos. Echa un vistazo a todos los grupos de música dance, soul y disco; todo empezó con James Brown y Thriller”. Erlend le interrumpe, “nosotros sólo utilizamos un instrumento poco convencional”. “El sintetizador que toco es de 1978”, continúa Nentwig, relajándose un poco. “Me gusta tocarlo, tiene muchos controles. Y los ochenta trajeron más sonidos para los sintetizadores. De todas formas, yo sólo escucho música antigua”. “Y realmente me gusta Kim Ki O”, añade Erlend.

Las reglas de Berlín

Öz y Oye mantienen una discusión amistosa sobre la capital alemana, de donde proviene su música originariamente. “Sí y, ¿por qué no actuar en Berlín nunca más?” exclama Oye. “El mundo musical en Berlín no es particularmente bueno. Hay mucha publicidad pero no es el mejor sitio para la buena música. Bergen (de donde él es) es bueno para los grupos”. “Hay muchos productores y músicos y es barato” le responde Marcin. “No tienes que preocuparte por el alquiler tanto como en Londres o París… De todas formas, Berlín está saturado, es difícil encontrar un hueco”. Pero si haces interesante para la gente venir a tu ciudad, vendrán. Maschat está de acuerdo con una particularidad de la ciudad: es un éxodo musical. “”La gente viene a Berlín a producir música, viven allí y esto es lo que es el mundo musical, vienen de todo el mundo a la ciudad así que no puedes agruparlo todo en una sola cosa. Como el hip hop de Berlín, que no es muy bueno”. “De todas maneras, yo no creo que Berlín sea un buen lugar para los grupos”, repite Oye. “Estamos bastante solos en Berlín”.

(Image: ©whitestboyalive.com/)Los cuatro niegan que grabar sus dos álbumes en México fuera una solución intermedia. “Intentamos pasarlo bien mientras hacíamos buena música”, dice Oye. “Tenemos una buena disciplina”, añade Öz. Pero esta no es la razón por la que su último disco, que salió a la venta en marzo de 2009 en el sello alemán Bubbles se llame Reglas. “En internet se dicen cosas sobre el nombre del álbum que son totalmente incorrectas”, dice Oye. “Se parece a lo que pasa con los DJs, cuando me di cuenta de que tienen reglas sobre cómo se supone que debes hacerlo. Fui a visitar a un tipo que había hecho una grabación fantástica y esperé toda la noche esa canción. Al final le pregunté cuando iba a poner la canción y me dijo ‘ahh, reglas. Aaaah, reglas’; bueno, nosotros queríamos romperlas”.

(©Renata Burns)

(Foto:©Renata Burns)Actuar en vivo es un reto para adaptarte a diferentes reglas, viendo a The Whitest Boy Alive a las 20.30 horas en una sala enorme mientras los fans hacen cola bajo la lluvia una tarde de diciembre. Es muy raro que les sigan VV Brown, un fallo del programa, nos asegura el responsable alemán de la gira. Parece una fiesta de té gigante, lo que no detiene a la multitud melosa para corear Island. Nentwig, sin zapatos, se protege tras el sintetizador y Maschat controla sus baquetas del tambor con la precisión de un médico, permisivamente interrumpiendo el espectáculo para atender a su bolsa médico-musical de accesorios electrónicos para tambor. Öz sigue su ejemplo fielmente, soltando las melodías de bajo mientras mira fijamente al techo, a menudo girándose espalda con espalda con Oye, el verdadero espectáculo de los cuatro: levanta su brazo y saluda con la cabeza a menudo, antes de propagar una ilusión arrogante con su voz bonita y tranquila. En un momento de la actuación, deja su guitarra para crear un momento libre de ruido, post-modesto bailoteo de caderas al borde del escenario, celebrando su delgadez mientras hace gorgoritos a su multitud, que alegremente se los devuelve. “¿Qué estamos, en el norte de Francia o qué?”, provoca a la multitud entre canciones. “Estamos contentos, ¿no? No hay guerra en el mundo, tenéis la cena en la mesa y habéis conseguido comprar entradas para el espectáculo de esta noche".