Siguiendo las huellas de la Historia

Artículo publicado el 21 de Octubre de 2005
Artículo publicado el 21 de Octubre de 2005

Atención, este artículo no ha sido revisado ni publicado en ningún grupo

Jóvenes de procedencia polaca, ucraniana, alemana, turca y kurda viajaron juntos a la República Checa, al acecho de la Historia y de su responsabilidad de cara al futuro.

"Me importa mucho que haya un intercambio entre los distintos legados, experiencias y formas de superación del régimen nacionalsocialista", explica Markus Heer, el organizador del viaje conmemorativo y multicultural a al República Checa.

60 años después del fin del Tercer Reich parece que los crímenes nazis pertenecen a otro tiempo. Sin embargo, estos hecho han marcado a Europa hasta el presente, tal y como pudieron comprobar los jóvenes que participaron en el Forum Multicultural Lünen. En Theresienstadt, Lidice y Praga el grupo de participantes se dispuso a redescubrir las huellas de la Historia.

Sonrisas hacia Auschwitz

"Nuestro día a día estaba marcado por el hambre, el frío, la enfermedad y el odio hacia las humillaciones por parte de los nazis. La vida en los campos de concentración era inhumana", explica la superviviente Lisa Mikova. Que esta anciana de 84 años pueda sonreír a pesar de lo vivido, la hace aún más simpática. Nacida en Praga, sufrió durante años la tortura de la humillación de Theresienstadt, pasando por Ausschwitz y Mauthausen. Ahora responde en Praga las preguntas de los jóvenes visitantes. Sólo desde hace algunos años habla sobre el terrible pasado. Algunos de los participantes no pueden reprimir las lágrimas, otros se hunden en sus propios pensamientos. Después discuten cómo hubieran actuado ellos. Los kurdos y turcos no pueden evitar discutir sobre la Historia de Turquía y el papel de la religión en el genocidio armenio y en el conflicto kurdo. Otro punto controvertido es la globalización. ¿No debería Europa aceptar más responsabilidad de cara a los países más pobres? La injusticia -y en esto coinciden todos- tiene muchas caras.

Un paisaje bucólico pero engañoso

De Praga a Theresienstadt y Lidice. Luce el sol y un hermoso paisaje le confiere un carácter bucólico pero falaz a estos lugares donde rigió la barbarie nazi. "Como si se quisiera devolver a estos lugares la inocencia perdida", piensa Sezer Icli de 22 años. Después de 60 años, este viaje supone para los jóvenes una de las últimas oportunidades de escuchar testimonios de los acontecimientos terribles por parte de sus supervivientes. "Después de nosotros, nadie va a poder responder a vuestras preguntas. Entonces sólo habrá libros y vídeos", explica la señora Mikova durante su participación como testigo de la Historia.

El campo de concentración de Theresienstadt formaba parte del sistema de exterminio nazi. Obtuvo el siniestro renombre de "ghetto ejemplar" y se mostró a la Cruz Roja Internacional por entonces para acallar los rumores sobre los crímenes que se efectuaban en los campos de concentración. No obstante, para la mayoría de los presos, el ghetto de Theresienstadt era un lugar de tránsito, ya que la mayoría eran después transportados a los campos de exterminio en Polonia. En la misma extensión en la que antes habían vivido 7.000 habitantes checos, 60.000 judíos contaban los días de vida que le quedaban. Los alimentos escaseaban y 32.000 personas morían de hambre. El hecho de que los presos vivieran en celdas tan pequeñas hace que más de uno de los jóvenes sacuda la cabeza sin poder dar crédito. Sobre la puerta de entrada del campo pende, tal como en Ausschwitz, la cínica frase de "El trabajo libera".

La venganza de Lidice

De regreso, este grupo variopinto visita el pequeño pueblo de Lidice –o más bien sus restos-. Maria Kalibová, de 82 años y una de sus pocas supervivientes, guía a los visitantes por el lugar y relata lo que ocurrió en junio de 1942. El pueblo fue arrasado como venganza por el atentado al funcionario nazi Reinhard Heydrich, quien un año antes había creado el campo de concentración de Theresienstadt. La mayoría de los 503 habitantes fueron o asesinados o deportados.

"La historia del nazismo no sólo afecta a los alemanes", dice Marcus Heer, "para los jóvenes -ya sea de procedencia turca, kurda, ucraniana o rusa- encarar el pasado es también muy importante". La participante Selda Ilter ha vivido la experiencia como un viaje hacia la comprensión de la identidad europea: "La exterminación sistemática de judíos, gitanos y demás prisioneros de guerra forma parte de la memoria tanto alemana como europea. Por este motivo todos debemos tener en cuenta la Historia."

Para Alexej Ryshkin, participante de origen ucraniano, las distintas perspectivas frente a la Historia han permitido un proceso de aprendizaje conjunto: “A pesar de venir de lugares distintos, compartimos algo; la responsabilidad de cara a la democracia y los valores humanistas".