Sihem Bensedrine, el azote del dictador Ben Alí

Artículo publicado el 16 de Octubre de 2006
Artículo publicado el 16 de Octubre de 2006

Atención, este artículo no ha sido revisado ni publicado en ningún grupo

La periodista tunecina Sihem Bensedrine fue amenazada en Túnez, su país, encarcelada y torturada, pero ni aun así lograron silenciarla.

Sólo cinco minutos de conversación con Sihem Bensedrine bastan para comunicar el compromiso que impulsa a esta delicada mujer. Llega tarde a la entrevista, por lo que se disculpa, aún sin aliento. En el momento en que queremos comenzar la conversación, suena el teléfono. La Organización Internacional para el Libre Intercambio de Opiniones (OILIO), en cuyo boletín semanal colabora Bensedrine, pide una conferencia telefónica. Discute brevemente sobre la línea editorial con su colega, después se despide rápidamente de la conversación y se deja caer por fin suspirando sobre el asiento.

Lucha contra la opresión

A pesar de sus 56 años, Bensedrine parece joven. Sus ojos oscuros brillan con alegría; recoge sus rizos castaños con una coleta. Bensedrine lleva ya cuatro años en el exilio, en Hamburgo. Aquí, en un viejo edificio del barrio de Schanzen, posee una casa en la que vive con su familia. Su hija va a clase en Hamburgo, su hijo estudia en Francia.

Ayer por la tarde volvió de Casablanca. Mañana temprano volará hasta Lagos, para participar en una conferencia de la Red de Organizaciones Africanas por la Libertad de Expresión (ROALE). Hoy, a mediodía, tiene que dirigirse a Berlín, para conseguir un visado para entrar en Nigeria.

“No está en mi naturaleza el someterme”, comenta Bensedrine sobre su vida. En 1987, Ben Alí llegó al poder tras un golpe de Estado en Túnez. A principios de los noventa, prohibió la libertad de prensa, y simultáneamente comenzó a combatir a los fundamentalistas islámicos en el país.

“Muchas personas fueron torturadas hasta morir”, cuenta Sihem Bensedrine. Ella documentó las agresiones y habló con los familiares de las víctimas. Su compromiso no surgió de la nada: ya antes del golpe de Ben Alí se había implicado por la justicia social y era miembro de la junta directiva de la Liga Tunecina de los Derechos Humanos. En los ochenta, al desarrollarse por primera vez una prensa libre en su país, se hizo periodista: “Era un reto apasionante romper el monopolio de la prensa estatal oficial”, dice.

Vigilada, encarcelada, torturada

Pero por su compromiso llegó a ser peligrosa para Ben Alí. Éste ordenó represalias contra la activista y su familia: la policía secreta vigiló a la familia durante años. El pasaporte de Sihem Bensedrine fue confiscado durante seis años, su marido fue condenado a dos años de arresto domiciliario y perdió con ello la base de su subsistencia, una granja. El perro de la hija fue ahorcado. Sihem Bensedrine fue difamada públicamente y golpeada en la calle en numerosas ocasiones. En el año 2000, le rompieron las costillas en prisión, y fue lesionada en la columna y en un ojo. Un año más tarde volvió a ser encarcelada.

En 2002, la Fundación para Perseguidos Políticos de la ciudad de Hamburgo le invitó a pasar un año junto al Elba. Al no mejorar la situación de la periodista en Túnez, la subvención le fue extendida con ayuda de inversores privados hasta 2005. Desde ese año, es huésped de la Asociación Internacional de Escritores (PEN Club) de Alemania.

A Sihem Bensedrine le gusta Alemania. Mientras no haya cambios en el poder en su país, le gustaría quedarse. La tunecina aprecia a los alemanes y su estilo de vida. Dice riendo: “Me gusta que cuando está el semáforo en rojo la gente no cruce la calle. Aquí todos respetan la norma. En mi país no hay leyes que sirvan para todos, y a las que todos puedan acogerse.”

Qué pasará con ella y con su familia el año que viene, no lo sabe. “Mi hija quiere saber si puede acabar la escuela aquí. Yo no puedo planear nuestro futuro personal.” Ella, la luchadora, parece de pronto agotada: “Me gustaría volver a Túnez y llevar una vida completamente normal allí.”

Hipócrita Europa

Durante su exilio, Sihem Bensedrine y su marido Omar Mestiri han escrito el libro Déspotas a las puertas de Europa. En él critican que la UE apoye a los regímenes autoritarios en el norte de África. “Cuando los democráticos hombres de Estado europeos toleran dictadores en África, entonces no deben sorprenderse de que la gente de estos Estados intente huir a Europa”.

La gran mayoría de la población de África, protesta Bensedrine, no tiene acceso a los recursos y capitales del propio país. “Emigramos porque no tenemos ningún futuro en nuestra patria. Y Europa también es responsable de esta situación.”