Silvana Gandolfi, viaje con la fantasía

Artículo publicado el 1 de Julio de 2006
Artículo publicado el 1 de Julio de 2006

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La escritora italiana de literatura infantil que ha conquistado el mundo con paciencia de entomólogo vende sus libros hoy en Francia, Inglaterra, Estados Unidos, Brasil, Rumania, Japón, Corea, o Taiwán.

Fijé una cita con Silvana Gandolfi en el corazón de París, en la Plaza de los Vosgos. Después de algunos minutos de espera, percibí su figura delgada deslizada en una chaquetilla oriental a lo lejos. Era ella. Asiento a su propuesta de tomarnos un té en el Marais, y mientras caminamos por la Rue des Rosiers comienzo a lanzarle preguntas.

Página a página con una taza de té

Pasó su infancia en Roma aunque su familia provenga de Trieste y Rusia. Nieta de un escritor de Odessa -traductor de Tolstoi-, siempre ha visto su vida ligada a la literatura: “Desde muy joven, leía todo lo que me cayera en las manos”. El café es de esos con sillones de cuero oscuro, mesitas bajas y azucareros esparcidos por aquí y allá. “Un té caliente, por favor”, le susurra mi invitada a la camarera. “Ya no bebo café, me tensa demasiado. En mi casa de Roma tengo una parte del armario dedicada por completo a los tes. Una de mis pasiones”. Coge la taza con ambas manos de las que destaca un anillo con una misteriosa piedra cuadrada.

Leer y escribir…

Ha crecido con autores como Dostoievski, Steinbeck, Flaubert, Stendhal, etc, y después de un sorbo de té me lanza fijamente a los ojos: “Admito que de siempre me han atraído los autores algo inquietantes. Tengo una gran pasión por Emmanuel Carrère y por Patrick Süskind”. Sin embargo, en lo que respecta a sus libros, las historias son ricas en sensibilidad y frescura. Un hecho extraordinario respecto a la unión que ha creado entre escritura y la vida real. “El simio que describo en mi primer libro La scimmia nella biglia lo encontré al año siguiente durante un viaje por Nepal. De camino a un templo aislado incluso me mordió uno”. Gandolfi me cuenta tras el viaje adelgazó vertiginosamente como consecuencia de una misteriosa enfermedad. “¡Igual que el personaje de su siguiente libro Pasta di drago!”, me confía.

Siempre sobre nuevos horizontes

Los libros de Silvana Gandolfi han conquistado al público de toda Europa y el mundo. Desde Asia Oriental, pasando por los Estados Unidos, llegando incluso a Sudamérica, los niños han sido embrujados por las historias contadas en las páginas de sus libros. ¿Pero cual es el secreto de este hecho? “En mis libros no está presente ningún elemento de la sociedad contemporánea. Trato de utilizar lo menos posible el lenguaje y las modas de los adolescentes. Me gusta ambientar las historias en un tiempo remoto para hablar del mundo de la infancia de manera universal”. Parafraseando un divertido ensayo literario de Hanif Kureishi le pregunto: “¿De dónde vienen las historias?”. “Me he dado cuenta de que el nacimiento de una idea para una novela es un deseo imposible. Esta es ya una grieta en la realidad. El mundo real está hecho de fisuras en las que es posible insertar elementos fantásticos que dan vida a una historia”. Los ojos brillantes de Silvana Gandolfi han visto casi todo el mundo. “Viajar me permite conocer las culturas de países diversos. Apuntes extraordinarios para iniciar la elaboración de una historia.” Pero entre un vuelo y otro, ¿cuando encuentra tiempo de escribir? “Escribo a menudo después de un viaje, en Roma. Allí me despierto tarde cada día, tomo un baño caliente y me preparo un desayuno a base de té, yogur y cereales. Entretanto, voy rumiando los diálogos y la trama del libro que me apresto a escribir. A veces me sucede que decido partir para un largo viaje al término de un libro, como me ocurrió con Aldabra, la tortuga a la que le gustaba Shakespeare.”

Aldabra, 11.000 copias vendidas

Aldabra es un atolón aislado y cerrado al turismo. Se encuentra en el Océano Índico y está poblado de grandes tortugas. Ha sido esta imagen la inspiración de un libro apreciado por la crítica y el público de todo el mundo. Imaginad: Venecia, una excéntrica señora anciana y su nieta, una profunda pasión por Shakespeare y la pintura. He aquí los elementos principales de un espléndido cuento donde lo real y lo fantástico se encuentran para luego confundirse y dejar al lector extasiado. Un poco como me encuentro yo con Silvana Gandolfi en este salón de té. Se vuelve a colocar su larga chaqueta oriental y se despide de mí. Luego, desaparece entre las mesas, entre el rumor de la gente y de las tazas de té.