Simon , un llamamiento del director a la tolerancia

Artículo publicado el 22 de Febrero de 2005
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Artículo publicado el 22 de Febrero de 2005

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Si buscáramos tres rasgos de los Países Bajos, pensaríamos seguramente en el cannabis, la eutanasia y los derechos de los homosexuales. Quizá por ello sorprende poco que la película holandesa seleccionada este año para los Oscar sea Simon.

Considerados durante largo tiempo como la personificación de la tolerancia, los Países Bajos han sido noticia recientemente debido a los crecientes problemas y tensiones de origen racial. Tras el asesinato del político anti-inmigración Pim Fortuyn en 2002, la situación se ha ido deteriorando progresivamente, impulsando al director holandés Theo van Gogh a realizar una película sobre su muerte. Sin embargo, la breve película de van Gogh titulada Sumisión, realizada en colaboración con la política y refugiada somalí Ayaan Hirsi Ali criticando la tradicional actitud del Islam hacia las mujeres, no pudo ser finalizada, ya que el director fue a su vez asesinado. Esto no ha disuadido a otros directores holandeses a la hora de participar valientemente en el ámbito político. Eddy Terstall, el escritor y director de la película Simon, declaraba recientemente en un periódico de tirada nacional que abandonaba la industria cinematográfica para ser un hombre de Estado. ¿Qué ha sucedido con nuestros no comprometidos artistas?

Políticamente comprometidos

Según Terstall, el mundo se ha convertido en un sitio peor para vivir. Nada ha sido igual desde los ataques del 11 de septiembre y el tradicional valor holandés de tolerancia se ha resentido en este entorno. A pesar de su rabia respecto a estos acontecimientos y de sus tendencias políticas, la película rebosa del humor típico de Ámsterdam, que invita a tomarse la vida no demasiado en serio. Simon, que consiguió cuatro Becerros de Oro en 2004 en el Festival Holandés de Cine, incluido el de Mejor Director para Eddy Terstall, cuenta la historia de un dentista gay y su amistad con un traficante de hachís enfermo terminal llamado Simon.

En esta enternecedora película, Terstall consigue tratar los asuntos políticos y los temas más complejos de forma humana. La cuestión del matrimonio gay, que ha sido legalizado en los Países Bajos en abril de 2001, se trata a través de Camiel, el narrador y actor principal, que se casa con su novio. Sus vivencias reflejan la vida cotidiana de las parejas homosexuales en Holanda, quienes ahora tienen más o menos los mismos derechos que las parejas heterosexuales, incluyendo el derecho a adoptar niños. En Europa, Bélgica es el único país con derechos comparables para las parejas del mismo sexo, aunque en España, Zapatero está presionando para legalizar los matrimonios gays a pesar de la fuerte oposición de la Iglesia Católica.

Drogas y muerte

Las drogas son otro de los temas centrales de la película. En ella, Simon regenta un coffee shop –establecimiento donde no va uno a beber un café, sino a fumar hachís y marihuana-. Hace algunos años, se presionaba desde toda Europa contra la tolerante política holandesa respecto a las drogas. Pero hoy en día son cada vez más los países que están siguiendo el ejemplo holandés. Por ejemplo, en Cataluña se puede distribuir marihuana con receta médica. El vínculo entre drogas y salud se muestra con ingenio a través de la batalla que libra el propio Simon contra el cáncer y su decisión de aprovechar la ley, aprobada en 2002, según la cual los médicos no podrían ser perseguidos por practicar la eutanasia. El temor de Simon a la decadencia física y a quedar impedido le llevan a optar por una muerte “digna”, fija un día, se despide de toda su familia y sus amigos y se va.

No todo es muerte y desolación

Cualquiera esperaría que una película que tratase esos temas fuera deprimente. Y sin embargo, aunque se derraman lágrimas, tanto por los actores de la película como por el público, es en realidad poco angustiosa. Y ahí radica su fuerza. La película no tiene como objetivo provocar o debatir esas cuestiones. Por el contrario, Terstall las presenta como una parte inevitable de la vida. El tema central de Simon es la amistad, no los gays, las drogas o la eutanasia. A pesar de todo, la amenaza que se cierne sobre la legalidad de esas leyes holandesas tan progresistas es lo que ha provocado que un vividor como Terstall quiera ser político.