"Sin la presión europea, el diálogo no avanza"

Artículo publicado el 5 de Enero de 2004
Publicado por la comunidad
Artículo publicado el 5 de Enero de 2004

Atención, este artículo no ha sido revisado ni publicado en ningún grupo

Derechos humanos, democracia, sindicatos libres... El diálogo entre Europa y China no funciona. Los europeos privilegian ahora las relaciones comerciales. Cai Chongguo denuncia una capitulación.

Refugiado en Francia desde hace 13 años, Cai Chongguo, 47 años, es el redactor en jefe del China Labour Bulletin, el periódico electrónico de uno de los primeros movimientos sindicalista chino independiente, entonces prohibido por el Partido. En esta entrevista, nos desvela las claves para un dialogo eficaz sobre los derechos humanos entre China y Europa.

café babel : ¿Qué espera usted hoy de Europa para ayudar China a democratizarse?

Cai Chongguo : En primer lugar, tengo que decir que estoy un poco decepcionado por el comportamiento de los países europeos desde hace cuatro o cinco años. Hasta la mitad de los años 1990 países como Holanda, Dinamarca o Suecia sabían protestar cuando hacia falta, y con fuerza, en contra de las violaciones de los derechos humanos en China. Un poco más discreta, Francia hacía sin embargo escuchar su voz. Y, justo antes del euro, las actitudes cambiaron. Sólo quedan hoy algunos países sin intereses comerciales con China para permitirse criticar las arrestaciones abusivas en Pekín. Algunos eurodiputados a veces se manifiestan. Pero es muy poco. La Comisión guarda silencio sobre el tema, es realmente una pena. Porque sin presión sobre el Gobierno chino, el dialogo no avanza.

¿Pero piensa usted que la Unión Europea y sus Estados miembros tienen posibilidad de ejercer tal presión?

Por supuesto. China necesita las importaciones y las altas tecnologías europeas. Además, Pekín cuenta con el apoyo de Bruselas en lo que se refiere a su política de una sola China, hacia Taiwán. Durante las negociaciones, la Unión Europea debe pedir contrapartes sobre el respeto de la democracia. China no lo vivirá como un casus belli. Al contrario, es natural para Francia por ejemplo actuar así, porque los chinos siguen viéndola como el país de los derechos humanos.

¿Cómo ejercer presión sin dar lecciones? ¿Cuál sería el mejor discurso?

Naturalmente, mejor evitar la moraleja. Sin por lo tanto callarse. Eso significa que hay que mostrar a China que este discurso sobre los derechos humanos es en su interés y él de su pueblo. Es decir, Europa debe ser firme. Por ejemplo, las autoridades chinas condenaron últimamente a un obrero a 4 años de cárcel sólo por haberse manifestado en contra de los despidos. La UE hubiera debido protestar públicamente, con el fin de informar a los europeos y a los chinos también. Quejarse a escondidas no sirve.

¿Se puede realmente esperar de la autoridades chinas alguna reacción a estas declaraciones públicas?

La nueva generación en el poder en Pekín no puede permitirse más el lujo de ignorar las críticas sobre los derechos humanos. Porque las noticias del exterior circulan por todo el país. Sobre todo en Internet, que el Gobierno no logra controlar totalmente a pesar de sus esfuerzos. Además, Pekín quiere dar la cara frente a Hong Kong y Taiwán. Declaraciones que podrían dañar su imagen serían catastróficas. En lo que se refiere a Taiwán, los europeos deben apoyar la política de una sola China, exigiendo además el respeto de los derechos humanos. Deben rechazar su ayuda a una China dictatorial en caso de conflicto con Taiwán. Lo mismo con Hong Kong. El partido proPekín ha perdido las últimas elecciones locales sobre el territorio de Hong Kong. Los europeos hubieran debido opinar, pero exigiendo a Pekín que respete su pueblo para que conserve su apoyo. La Unión Europea no conoce los medios de los que dispone para poder ejercer presión, porque ignora, o quiere ignorar, los puntos débiles de China.

¿Cómo explica usted esta ignorancia?

Los gobiernos europeos ceden a los intereses de sus lobby comerciales. China ha cambiado. Aparecieron nuevas élites. Cuando los responsables políticos europeos, acompañados de su jefe de industria, visitan mi país, siempre terminan engañados. Están embrujados por las nuevas élites chinas formadas en la escuela de la modernidad occidental. Y los europeos capitulan... Pero estas élites juegan el mismo papel de fachada que las megaciudades costaneras de Shangai o Cantón: esconder la terrible realidad social del país. Esta realidad es por lo menos 20 millones de chinos que viven con menos de 10 euros por mes. Europa debe incluir los problemas sociales en su diálogo. Sobre todo, las cuestiones de sindicato.

¿Cómo pedir al régimen autoritario chino que deje la libertad sindical a su pueblo?

Probándole que la libertad sindical no significa una amenaza para él. Si Europa quisiera, sabría que gobiernos locales estan negociando hace mucho tiempo con los movimientos obreros. Es la única forma de mantener la estabilidad social tan querida por Pekín.

Por supuesto, después de las negociaciones, están las arrestaciones. Pero el papel de la UE es de hacer entender que, reprimiendo a los obreros, el Partido concentra sobre él toda la ira del pueblo en contra de los patrones. Para protegerse, el Gobierno debe autorizar a los sindicatos libres. Lo peor, es que la libertad de asociación es un derecho constitucional en China.

¿Qué piensa usted de la cooperación jurídica entre Europa y China para ayudarle a instaurar un Estado de derecho?

Esta cooperación divierte mucho a los chinos. Hoy, los abogados bien formados y los textos jurídicos son los que reinan. Pero no obstante, el Gobierno central y las autoridades locales siguen violando las leyes. La UE debe romper con esta asociación-espectáculo, que sólo sirve para tranquilizar a la opinión pública. Debe rechazar el hecho de gastar dinero para ayudar a construir un Estado de derecho cuando no está respetado. La única forma de ser eficaces, es informarse de los casos de corrupción y denunciarlos.

Nosotros, disidentes, tenemos un contacto cotidiano con los chinos. Estamos preparados para divulgar información. Pero los responsables europeos no quieren conversar más con nosotros. Si la UE realmente quisiera ayudar China a democratizarse, intentaría convertirla en una sociedad civil libre, única base de una democracia duradera.