Sin soluciones tras el no irlandés

Artículo publicado el 23 de Junio de 2008
Artículo publicado el 23 de Junio de 2008

Atención, este artículo no ha sido revisado ni publicado en ningún grupo

La cumbre europea acaba de terminar en Bruselas y sobre el Tratado de Lisboa, poca cosa. Los dirigentes intentarán encontrar una solución para el próximo octubre. Mientras tanto… Europa se aleja de sus ciudadanos…

Una jugarreta del destino: el rechazo irlandés del Tratado de Lisboa hace de las suyas justo antes de la toma de la presidencia europea del instigador de este tratado… Francia. El país galo quería aprovechar la ocasión para volver triunfante a Europa, después del bloqueo de 2005. Se trata sin embargo de una situación de crisis que tendrá que gestionar, causada por una Irlanda que había aprobado el proyecto constitucional de 2005. 

Un texto incomprensible

“¡Este texto es incomprensible! Y además se nos ha hecho una especie de chantaje: cuidado, vais a aislaros, y habéis recibido tanto de Europa que ahora no podéis darle la espalda. Eso no es un argumento”, comenta a un equipo de prensa francés un profesor irlandés, eurófilo convencido, que sin embargo ha votado no en el referéndum. 

Un texto incomprensible. Esa es la crítica que más sale de la boca de los irlandeses. Un texto que tampoco ha apasionado a los dirigentes irlandeses. Como ejemplo, la torpeza monumental del Primer Ministro irlandés, que reconoció no haber leído en su totalidad el Tratado para el que pedía el voto.

Miedo de ahogarse en la masa

(David_Reverchon/flickr)El referéndum sirve de aliciente en un momento en el que el crecimiento anual del país se desinfla: ha pasado del 10% de los años 90, al 4,7% en 2007. Unas cifras que aún doblan a la media europea, pero que no han sido suficientes para terminar de convencer a los irlandeses. Este contexto económico desfavorable, unido a un tratado complicado y mal explicado, allanaban el terreno al nacimiento de fantasmas más que aprovechados por los militantes euroescépticos. 

La idea de una Irlanda ahogada en la masa europea ha calado en los electores irlandeses. Ahora bien, la historia de la independencia de Irlanda, que consiguió liberarse de la dominación británica hace menos de un siglo, es un pilar nacional. Como muestra este eslogan promovido por los euroescépticos irlandeses: “Muchos irlandeses han muerto por vuestra libertad, ¡no la regaléis! ¡Vota no!”

Unos dirigentes poco claros

Dos fracasos consecutivos: la respuesta de los ciudadanos europeos parece clara. Europa, después de tres años, no sabe para qué sirve con exactitud. Lo que es peor, esta Europa, que se supone que debe proteger a los ciudadanos de todos los países europeos, preocupa. La descoordinación entre dirigentes europeos y sus ciudadanos es flagrante: los esfuerzos conjugados de gobiernos europeos y de una gran parte de la prensa no son suficientes para convencer sobre las ventajas de la construcción europea. El desafío de la UE es su cumplejidad. Su drama, es la falta de una visión clara que dan sus dirigentes. 

Sin embargo, Europa está en todas partes, no solo en los despachos de los tecnócratas de Bruselas. Para que la vuelta de una verdadera dinámica europea suceda a este ambiente de euroescepticismo, los ciudadanos de Europa deben comprender qué es Europa. Para comprenderla, se necesita que sus dirigentes lo expliquen de forma clara. ¿Cómo ver lo que no comprendemos sino como recelo y aprensión? Europa es un avance, pero los resultados de los referendos desde 2005 demuestran que aún es frágil.

La pregunta es cómo hacer para reconciliar a Europa con sus ciudadanos. Es cierto que ese rechazo anuncia una verdadera crisis entre europeos y sus instituciones tal y como las conocemos hoy en día. Sin embargo, podríamos quedarnos con el lado positivo y ver en estos fracasos el punto de partida de acciones fundadoras por parte de los dirigentes que han aprendido de los errores pasado, permitiendo la eclosión de una Europa menos tecnócrata y más ciudadana, y anunciando el renacimiento de la idea de una verdadera identidad europea. Esa Europa merecía en todo caso ser mejor defendida que lo que lo ha sido desde hace años.