Sin techo en París

Artículo publicado el 6 de Febrero de 2008
Artículo publicado el 6 de Febrero de 2008
Alquileres elevados y competencia feroz, dos obstáculos a los que 100.000 personas se enfrentan en París a la hora de buscar vivienda.

Olivier lleva dos meses intentando encontrar una habitación en la capital francesa. “En París hay bastantes pisos disponibles”, dice este joven de 29 años. “Pero por cada uno de ellos hay que competir con unas veinte personas”.

Según Liza, de 24 años, lo que ocurre es que los jóvenes muchas veces no reúnen los requisitos que se exigen para alquilar. “Tienes que tener un trabajo, unos ingresos decentes y dinero de tus padres”, explica. Y habla con conocimiento de causa; ha estado viviendo con sus padres fuera de los límites de la ciudad mientras estudiaba en la Sorbona. “La gente joven no puede permitirse todo eso”.

Contar con 700 euros para el alquiler

Como cualquier otra metrópolis, París atrae a gente de toda Francia, Europa y el mundo. Según el Ayuntamiento, el precio de un metro cuadrado se ha duplicado en los últimos diez años. Los alquileres actuales alcanzan los 700 euros al mes para 22 metros cuadrados. El área urbana de la capital, constreñida en 2.723 km2, ha resultado ser demasiado pequeña para que la edificación se pueda seguir desarrollando. Pierre Mansat, teniente de alcalde del Ayuntamiento de París, reconoce que las viviendas de nueva creación son cada vez más escasas.

Entre tanto, el Ayuntamiento está empezando a darse cuenta de que la gente joven es beneficiosa para el tejido social de la ciudad. “Hace cinco años sólo teníamos 1.500 habitaciones para estudiantes; hoy tenemos 3.000”, señala Catherine Mangeot, responsable de la división de estudiantes del Crous, una agencia estatal para el alojamiento estudiantil. “En París hay 35.000 estudiantes becados. Si el Crous pudiera ofrecer alojamiento en lugar de que éste tuviera que conseguirse de forma privada, aspiraríamos a alcanzar un objetivo del 30% para 2012”.

Dueños quisquillosos

Las agencias inmobiliarias parisinas coinciden en que el mercado de la vivienda está en manos de los propietarios, ya que son ellos quienes tienen colas de potenciales inquilinos llamándoles a la puerta. Un obstáculo generalizado es la incomprensión que buena parte de estos propietarios muestra hacia los extranjeros. “Muchos de los estudiantes que vienen a París son africanos, sobre todo de los países del Magreb. Hablan un francés correcto, pero les resulta difícil instalarse a causa del racismo”, revela Mangeot.

Olivier, el joven mencionado al comienzo, comparte esta percepción: “Creo que algunas personas piensan que los negros siempre están de fiesta, que ponen la música alta y que tienen amigos de visita continuamente. Parece como si eso fuera lo que los dueños se temen”.

Esta inquietud respecto a los extranjeros es propia tanto de los caseros franceses como de los foráneos. Jean Claude Flores, director de la agencia inmobiliaria FNAIM AJC situada en el décimo arrondissement de París, recuerda a un propietario asiático que se negaba a alquilar su piso a árabes o africanos. “Así y todo, nosotros elegimos a una persona negra desoyendo las indicaciones del dueño. El inquilino fue muy cuidadoso y finalmente todo salió a la perfección. Logramos cambiar la mentalidad del dueño”, explica Flores. También considera que la gente con actitudes racistas, al final, no conseguirá alquilar su propiedad ya que París se está haciendo cada vez más multicultural.

Bien es verdad que no todos los propietarios son tan quisquillosos. Un peluquero de mediana edad dice que él no exige prerrequisitos a sus potenciales inquilinos. Una agencia es la que se encarga de las condiciones de alquiler de su casa y, mientras que reciba su dinero, él se da por satisfecho.

Okupación

A menudo, las cerca de 20.000 viviendas deshabitadas que hay en París se encuentran sometidas a prolongadas disputas por una herencia. En teoría, el estado debe intervenir en el mercado para ayudar a encontrar alojamiento a gente que se encuentre en una situación crítica. “A pesar de ello, el gobierno no hace uso de este derecho desde hace más de 10 años”, señala Pierre Mansat.

La situación en París llegó a ser tan precaria que, en el verano de 2007, el autoproclamado “Ministerio de la Crisis de la Vivienda”, animaba a los estudiantes desesperados a que ocuparan edificios deshabitados y construyó pisos para ellos. Mansat dice estar de acuerdo con la okupación siempre que los locales sean propiedad del estado o de una institución. “Hay que recordar que unas 100.000 personas sufren las consecuencias de la crisis de la vivienda”, constata. “Eso hay que solucionarlo. Y las acciones de este tipo contribuyen a que las cosas se vayan moviendo”.

Sin techo en París

El agente inmobiliario, Jean Claude Flores, considera que la enorme cantidad de edificios vacíos que hay en París constituye un problema político. “Estas instituciones tienen dinero para hacer frente al problema de los sin techo. ¿Cómo puede haber apartamentos vacíos mientras faltan lugares donde alojar a la gente?”

Respecto al número de personas sin hogar que existen en París, nadie está seguro. Según Didier Cusserne, el delegado general de Emmaus, una ONG francesa que da cobijo a los sin techo, el 25% de la gente sin hogar son personas sin papeles. “Así pues, además de franceses, en París hay extranjeros viviendo en la calle y extranjeros que trabajan, muchos de los cuales vienen de Europa del Este”, explica Cusserne.

Tal vez, la cuestión de los sin techo podría considerarse como un componente más de la leyenda del París bohemio. Los artistas jóvenes vienen aquí en busca de inspiración y sin haberse parado a pensar ni en el dinero, ni en el alojamiento. Cusserne dice estar de acuerdo hasta cierto punto: “Mucha gente piensa que en París va a estar mejor, pero pronto se ve obligada a cambiar de opinión. Aunque quizá sea mejor ser un sin techo aquí que en una estación de tren de Varsovia”.

Eche un vistazo a nuestra fotogalería "vivir en la calle" en París

(Fotos: fotologic/Flickr)