Sobre el Rin, gordos y flacos.

Artículo publicado el 22 de Julio de 2004
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Artículo publicado el 22 de Julio de 2004

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Actualmente Alemania y Francia se encuentran políticamente en una etapa de proposiciones. Sin embargo, las verdaderas parejas tienen otro tipo de problemas. Introspectiva: vida amorosa germano-francesa.

Bonita imagen la del 22 de septiembre de 1984 que repentina e inesperadamente centelleaba en nuestras pantallas, ¿no es cierto? Un hombre alto y robusto y su pequeña y delicada acompañante junto a él, si bien rígidos y manteniendo una decorosa distancia, pero agarrados de la mano, amistosa e íntimamente. La imagen parece a primera vista conmovedora y casi tierna. Pero lo más sorprendente es que son las dos naciones más poderosos de Europa las que se cogen de la mano. Sin embargo, ya una generación antes de Adenauer y de Gaulle demostraron con su beso fraternal que la relación germano-francesa había calado también por medio del amor físico.

La profundidad de pensamiento alemana

Gracias a esta afectuosa amistad entre de Gaulle y Adenauer así como entre Khol y Mitterand el amor entre el hombre y la mujer ha cruzado el Rin y en la actualidad hay tantas parejas germano-francesas como arena en la Riviera gala. Para un alemán esto no sorprende, ya que para la mayoría de ellos, desde hace siglos, las francesas, o más concretamente los franceses, se presentan como perfecto ejemplo del arte amoroso. A ello han contribuido encantadoras bellezas rubias como “Clodia Schiffär” y “Eidi Klum” (según la pronunciación francesa), que al otro lado del Rin se presentan como perfecto ejemplo de mujer alemana. Lo cual tampoco debería sorprender a nadie. Pero, ¿qué demonios encuentra una típica francesa sensual en un alemán esquivo? ¿Es la eterna búsqueda de seguridad y estabilidad por parte de la mujer lo que empuja a las francesas desilusionadas echarse en los brazos de la disciplina y dignidad típicas del honrado trabajador alemán? ¿O es la profundidad de pensamiento alemana que tan grandes pensadores como Kant y Hegel ha dado al mundo? Debe ser lo primero. La tradición nos hace creer que tener los ojos azules claros u oscuros, permite poder meterse, con suerte, a una Catherine Deneuve en el bolsillo.

Pan con chocolate

El hombre alemán no es tan alto ni tan malo como las mujeres alemanas que "invierten" en él, pensándolo a largo plazo. En el mercado de valores de los amantes europeos el hombre alemán se presenta como la mejor opción de un muy respetable "fondo de inversiones". Por desgracia, no podemos estar seguros de que las mujeres francesas que han "invertido" en esta acción vayan a estar satisfechas con la compra pasados unos años, porque en la actualidad no disponemos de ningún estudio psicológico a largo plazo sobre los entresijos de la vida de las parejas germano-francesas. Dicen los implicados, en cambio, que los obstáculos por diferencias culturales, que son muchos, pronto se convierten en pocos. Sin embargo, han de tenerse en cuenta.

Así, un hombre alemán sufrirá en un principio un ligero choque cultural si su novia francesa vuelva la vista atrás según este moje su pan con mermelada en el café de la mañana. Una alemana, por otra parte, sufrirá ligeramente la pesadez de la preocupación por la moda de su compañero, que junto a hombres alemanes no es tan pronunciada como junto a las mujeres de la tierra de la haute couture. También en lo culinario manda la mujer francesa y su predilección por la distinción de la Hochkultur, incluso cuando el corazón late más en a ese otro lado que no es el izquierdo. Un tipo de comida en la que no se cumpla la santa trinidad de entrante, primer plato y postre que tan fuertes dolores de estómago causa la esposa de un alemán que quiere fascinar a todos con una exquisita cena en la que se olvida del postre, sólo cosechará miradas adversas. También hay que esperar a las salidas de los sábados por la noche. Los hombre alemanes deben andar con cuidado en estos casos, si invitan a sus compañeras a bailar sin reflexionar primero sobre ello. El motivo de ello es, que por “bailar”, la mayoría de las mujeres francesas entienden siempre el bendito “bailar pegados” al estilo de los años 50. Si es con una botella de cerveza en la mano, el hombre pondría en peligro considerablemente la paz en los hogares multiculturales.

Angie y Nicolas

Por suerte la amistad política entre Alemania y Francia no presenta tales dificultades cotidianas. Sí puede ser que a Gerhard Schröder le tiemble la comisura de los labios como en señal de asco cada vez que su “amigo Jaques” moja el pan en el chocolate caliente en uno de los desayunos oficiales en el palacio del Elíseo, sin que ponga en serio peligro el acuerdo alcanzado entre ambos países. Lo que es seguro es que se espera siempre en vano impulsos visionarios de la generación política posterior a la guerra. Pero, ¿quién sabe lo que ocurriría si Nicolas Sarzoky fuera Presidente y Angela Merkel Canciller? Quizás los viésemos muy pronto paseando cogidos tímidamente de la mano por Montmartre y, entonces, la unión política entre ambos países habrá alcanzado su cima definitiva.