Solicitantes de asilo en la UE: lejos de la vista, lejos del corazón

Artículo publicado el 26 de Mayo de 2010
Artículo publicado el 26 de Mayo de 2010

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261.000 solicitantes de asilo en 2009, 27.600 estatus de refugiado concedidos. En vista de la política migratoria europea que se ha aplicado desde hace dos décadas, estas cifras publicadas por Eurostat no deberían sorprender a nadie.
La politóloga Catherine Wihtol de Wenden, la presidenta de la red Migreurop, Claire Rodier, y el geógrafo Serge Weber recuerdan la tendencia dominante de estas políticas: la criminalización y la reclusión de los inmigrantes no europeos

"En 20 años, Europa se ha convertido en uno de los primeros destinos de la inmigración", comienza Catherine Wihtol de Wenden ante el público de estudiantes de la prestigiosa Escuela Normal Superior que asiste a la mesa redonda de la Semana de las Migraciones, organizada por la asociación Pollens. Es una constatación positiva a priori, notablemente relacionada con el hecho de que los antiguos países de origen de emigrantes de Europa del sur se han convertido en países de acogida (España se ha convertido en el segundo destino de inmigración en Europa). Pero el optimismo desaparece pronto: Europa es una tierra de esperanza para los solicitantes de asilo, en efecto, pero responde a esta demanda construyendo una verdadera fortaleza legislativa. "La política migratoria de Europa no ha parado de construirse sobre escenarios que no han tenido lugar", explica la investigadora del CERI, el centro de investigación de la universidad Science Po, para descifrar esta política. Los responsables no sólo pronosticaban en 1975 un retroceso de la inmigración de masa hacia Europa, tras la crisis del petróleo, sino que pensaban asimismo que la movilidad de los europeos permitiría compensar el descenso de los inmigrantes de fuera de Europa. ¡Doble error! Los europeos han mantenido su sedentarismo y los solicitantes de asilo hacia la UE no han cesado de aumentar, hasta alcanzar los 500.000 al año durante la década de los noventa. Desde entonces los inmigrantes no europeos pagan los platos rotos de estas malas previsiones: “¿Cómo se explica que la libre circulación en el seno de Europa sea bien valorada para todo, productos de consumo, productos financieros, etc. pero no para los emigrantes?”, se pregunta el geógrafo Serge Weber.

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“No hay una política migratoria común, sino una chapuza no adaptada a la realidad europea”

Las cifras publicadas por Eurostat sobre las peticiones de asilo en 2009 en la Unión Europea cobran así todo su sentido. De 261.000 solicitantes de asilo, se han tomado 229.500 decisiones de primera instancia en la UE. ¡El 73% han desembocado en el rechazo a la petición de asilo! Según Weber, nos enfrentamos a un verdadero trabajo a hurtadillas contra el derecho de asilo y se agrava con cada tratado europeo. Por una parte, se crea la agencia Frontex durante la cumbre de Tesalónica en 2003, con el fin de luchar contra la inmigración clandestina, y el sistema Eurodac para registrar las huellas digitales de los solicitantes de asilo desde la edad de 14 años. Y por otra parte, los Estados miembro de la UE apuestan cada vez más por la política de “cada cual a lo suyo” y firman acuerdos bilaterales de reenvío a las fronteras de los demandantes del derecho de asilo rechazados con los países de origen de los emigrantes, prometiéndoles a cambio inversiones en el desarrollo de sus países. Las fronteras de Europa, por tanto, están cada vez más desubicadas y son cada vez más puntuales e informáticas, precisa Weber.

'Soliticante de asilo'Para Catherine Wihtol de Wenden, la política migratoria de los países de la UE muestra un retorno al soberanismo. La tendencia dominante es la política de ayuda al retorno de los demandantes de asilo lo más lejos posible de los países de acogida, en lugar de inclinarse por la creación de un estatus de refugiado europeo. No hay una política migratoria común en Europa, sino “una chapuza bilateral, no adaptada a la realidad migratoria europea, más preocupante aún para los derechos humanos de los inmigrantes cuyo retorno a la frontera se regatea a cambio de políticas de desarrollo que no siempre se ponen en marcha”. Los participantes son unánimes: la consecuencia última de la política migratoria europea, desde la convención de Dublín en 1990 hasta la directiva de retorno, es la criminalización de los inmigrantes no europeos. “Ahora un ‘solicitante de asilo’ significa ‘ladrón’ en el Reino Unido”, lanza Wihtol de Wenden, cuya lengua se va soltando poco a poco. Un fuerte símbolo de esta evolución represiva es que la política migratoria estaba en manos del Ministerio de Trabajo y ahora es competencia del de Interior.

Europa desubica la reclusión de sus inmigrantes

La última participante, Claire Rodier, presidenta de Migreurop y jurista en el Gisti (grupo de información y apoyo a los inmigrantes), llega con las manos llenas de mapas. Conseguidos gracias a las informaciones recogidas por la red europea Migreurop, muestran el panorama de los centros de reclusión de los inmigrantes extranjeros en Europa. Hay 250 “prisiones para extranjeros” donde estarían encerradas 30.000 personas. Desde que se votó la directiva del retorno, pueden estar encerradas hasta 18 meses. Para la jurista, votar una duración de detención tan larga no tiene más utilidad que la de “disuadir a aquellos que podrían estar tentados de unirse a ellos”. En uno de estos mapas, que forman parte de un atlas de los inmigrantes en el Viejo Continente, se constata asimismo que Europa desubica a los solicitantes en campos de reclusión situados en Libia o incluso en Líbano. ¿Cuáles son los beneficios de una política migratoria como ésta? Es difícil de decir, ya que parece alejada de los principios de Ginebra de 1949. Los costes, en cambio, son elevados. En Francia, si multiplicamos el número de retornos a la frontera (29.000 en 2009) por 14.000 euros, que es el coste de la expulsión (hasta 20.000 o 30.000 euros con las costas judiciales), según el Tribunal de Cuentas en 2009, se diría que otras soluciones serían mucho menos costosas... Y evitarían al mismo tiempo la imagen de fortaleza inalcanzable que va a estar pegada por mucho tiempo a la piel de la Unión Europea.

Fotos: Manifestante ©Gareth Harper/Flickr; Manifestación en Londres ©lewishamdreamer/Flickr; oso de peluche©sambeckwith/Flickr