Solidaridad como pieza de museo

Artículo publicado el 26 de Agosto de 2005
Artículo publicado el 26 de Agosto de 2005

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Hace 25 años las huelgas en el astillero de la ciudad polaca de Gdansk dieron inicio a una apertura del bloque del Este hacia el resto del mundo; el entonces sindicato en ciernes Solidarnosc atraviesa hoy un momento difícil.

"21 x TAK - SOLIDARINOSC". "21 veces SÍ - SOLIDARIDAD”, éste es el lema que aparece sobre una columna de piedra en la puerta de entrada del astillero de Danzig. El 31 de agosto de 1980 el Gobierno polaco aprobó una lista de 21 reivindicaciones exigidas por el primer sindicato independiente, encabezado por Lech Walesa. Pero ¿qué significado tiene ahora este sindicato para los trabajadores que se encuentran al otro lado de la puerta?

Maiusz Dolecki tenía tres años de edad cuando se empezaron a levantar los cimientos de una Polonia democrática. Ahora se encuentra junto a dos compañeros de trabajo ante una pieza de barco gris de unos diez metros de altura y juntos montan un andamio para el duro trabajo. Cansado, hace un gesto negativo con la mano y asegura: "El astillero está al borde del hundimiento y Solidarinosc no puede hacer nada para evitarlo". Al año se siguen construyendo entre cinco y siete navíos; tras incontables reestructuraciones, el número de obreros ha descendido de 9.000 a apenas 2.000.

Víctimas de un cambio

Para Kazimierz Trawicki, electricista de 57 años, el sindicato forma parte de su vida. Fue testigo en 1970 de la huelga en el astillero Lenin, en la que tanques dispararon a mujeres y hombres que desfilaban pacíficamente. A pesar de aquella experiencia, en agosto de 1980 se convirtió de nuevo en activista. "En 1980 no luchábamos sólo por nosotros, sino por toda Polonia", dice orgulloso Trawicki. Sin embargo, los trabajadores del astillero pertenecían a la primera generación de víctimas de la joven economía de mercado polaca. En 1996, el astillero tuvo que declararse insolvente y se convirtió en filial del Grupo de Astilleros Gydnia. Para muchos trabajadores, la democracia polaca está más unida a la explotación y al amiguismo que al bienestar, los derechos de las personas y la libertad de expresión. "Hoy en día todo se mueve por el dinero", dice el sindicalista Trawicki, la frase que antes nos distinguía, "Es más importante ser que tener”, ha pasado desgraciadamente a un segundo plano.

Trepar el muro del astillero

El pistoletazo de salida para la huelga en los astilleros de Danzig en agosto de 1980 lo dio el despido de Anna Walentynowicz, una conductora de grúas que siempre se había atrevido a exigir públicamente mejoras en las condiciones de trabajo de los obreros, tales como proporcionar una comida caliente o salas con calefacción a los trabajadores. El rechazo a la destitución de la gruísta no tardó en llegar. Con el conocido salto sobre los muros del astillero, Lech Walesa se colocó al frente de un movimiento que arrastró a toda Polonia.

Tras catorce días de cruda lucha, los líderes de la huelga implantaron un postulado de 21 puntos contra el Gobierno polaco. Así se daba comienzo a la decadencia del Gobierno comunista en todo el Bloque del Este, puesto que nunca antes se había conseguido formar un sindicato al margen de los hombres de poder. Solidarnosc se convirtió en el lugar de encuentro de la oposición nacional y pronto contó con diez millones de sindicados de los dieciséis millones de asalariados que existían en Polonia. En un primer momento, el presidente del Gobierno polaco, el general Wojciech Jaruzelski, negoció con los sindicalistas, más tarde, con la imposición de la ley marcial, propició el fin de Solidarinosc en 1981 empujándolo a la clandestinidad. Los líderes sindicales tuvieron que esperar nueve largos años para ver recompensados sus esfuerzos en las conversaciones de la "Mesa Redonda" de 1989 en Varsovia con la transformación del sistema de "socialismo real" en una democracia más plural. Lech Walesa fue elegido presidente de Polonia, Solidarinosc entró en el Gobierno, se dividió en varios grupos y acabó perdiendo su influencia en política. Un síntoma de ello fue el descalabro de Lech Walesa en 1995.

Lugar mítico transformado en museo

Ahora este movimiento político que originó la caída de la dictadura en el Bloque del Este va a ser la base para la construcción de un museo, en el marco de un ambicioso proyecto de 73 hectáreas, la gran "Young City", que se levantará sobre el legendario terreno del astillero de Danzig. A la entrada de la futura ciudad portuaria se construirá el museo y desde su fachada un sonriente Lech Walesa, convencido de su victoria, mirará hacia la Avenida de la Libertad. "Esta sonrisa atraerá el dinero de los inversores", asegura Roman Sebastianski, director de marketing de la sociedad de inversión Synergia 99. Asimismo, asegura que "la leyenda de Solidarnosc planea sobre las calles de esta ciudad". Aunque el proyecto sobre los terrenos del astillero sigue siendo un tema muy controvertido, durante los próximos 15 o 20 años en la "Young City" se crearán hasta 10.000 nuevos puestos de trabajo y se construirán viviendas para 6.000 personas. Para muchos, esta gran obra significa el final para el astillero, final al que no se quieren resignar. ¿Se enterrará también el sindicato tras 25 años junto con el astillero bajo su propia leyenda? Sobre todo esto se debatirá en el transcurso de las semanas de fiesta de Danzig. Con toda seguridad, también se hablará sobre el papel del hombre que se convirtió en el símbolo del éxito de Solidarnosc y que ahora ha anunciado su deseo de abandonar el sindicato: Lech Walesa.