“Solidaridad no es sinónimo de comunismo”

Artículo publicado el 20 de Diciembre de 2004
Publicado por la comunidad
Artículo publicado el 20 de Diciembre de 2004

Atención, este artículo no ha sido revisado ni publicado en ningún grupo

5 preguntas a Alain Philippe, presidente de la fundación MACIF, promotora de la economía social en Francia y en Europa.

Solidaridad, democracia, ayuda mutua. Tal es el credo de la Fundación MACIF en su apuesta por dar a conocer la economía social en Francia y más allá de sus fronteras. Café Babel ha departido con su presidente, Alain Philippe, sobre su utilidad en la Europa actual.

¿Qué es la economía social?

Dos palabras nos es necesario para nombrarla. El primer término es muy común; hace referencia al conjunto de actividades desarrolladas en nuestra sociedad humana. A nosotros nos gusta definir dicho término como “iniciativa emprendedora”. El segundo término, “social”, es nuestro norte, nuestro rumbo. Adjunta a la economía un objetivo diferente del expresado por otros conceptos como por ejemplo el de “economía capitalista” o “economía liberal”. Las dos palabras forman un conjunto repleto de sentidos desde el momento en que la economía social queda vinculada al respeto de ciertos principios y a la promoción de valores universales, los cuales, claro está, no mutan en el momento en el que se franquean las barreras fronterizas de los diferentes países de la Unión Europea.

Preside Ud. una fundación francesa. ¿Es la economía social una especificidad del Estado de las luces? ¿En qué países se halla más implantada ?

La economía social, aunque padezca en Francia un cierto déficit de imagen, es muy activa en este país. Está muy presente en Francia y en otros países de la Europa meridional. En concreto: en Italia, en España, en Portugal, en Grecia, pero también en Bélgica, en Luxemburgo y en Suecia.

Cuando hablamos de alternativas al capitalismo, los europeos del este desconfían: el espectro del comunismo siempre está presente. ¿Cómo tranquilizarlos?

La economía social no es una ideología. Se basa en la solidaridad y la ayuda mutua. Su pedestal sólo puede ser la democracia y su actividad es en esencia mercantil, si bien su fin no es lucrativo. Democracia no significa colectivización, y solidaridad no es sinónimo de colectivismo. Sería una pena que en los países de la Europa central y oriental, el péndulo siguiera oscilando del otro lado del fiel y tan alejado de él como antaño. La economía social debe demostrar que encarna ese fiel tan apreciado por los pueblos ansiosos de solidaridad, de civismo y de democracia, y en busca de un mayor bienestar cotidiano.

El estatuto de la cooperativa europea acaba de aprobarse en la UE, si bien el estatuto de asociación se encuentra en un punto muerto. ¿Qué aportan estas innovaciones legislativas? ¿Qué oportunidades ofrecen a los europeos?

Nosotros apoyamos que las grandes figuras jurídicas de la economía social, como las cooperativas, las mutuas, las asociaciones y las fundaciones, tengan un estatuto jurídico europeo. Respecto a las fundaciones, aunque nuestros fines sociales respectivos conduzcan nuestras ambiciones más allá de las fronteras nacionales, sería importante y simbólico que la estructura jurídica fuera europea y de este modo los patronos pudieran provenir de otros países de la Unión en el marco comunitario de programas de acción.

Además, los retos económicos, sociales y medioambientales, por citar unos pocos, son de envergadura continental, o incluso mayor. Se trataría, pues, de reflexionar, de construir y de actuar en conjunto.

¿Cuáles son los proyectos europeos de la fundación MACIF?

La fundación MACIF es miembro fundador del Polo Europeo de las Fundaciones de Economía Social. En la actualidad trabajamos en Bélgica, España, Francia e Italia sobre un proyecto de juventud y discriminación.