Solidarios contra la lógica del beneficio

Artículo publicado el 14 de Junio de 2004
Publicado por la comunidad
Artículo publicado el 14 de Junio de 2004

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Obviada y considerada como trasnochada y utópica, la economía social es el método que mejor se adapta a la lucha contra el paro en Europa.

La economía social es todavía un objeto económico no identificado para una mayoría de ciudadanos europeos. Normal, si se piensa que no se enseña en las escuelas, y que las facultades de economía no hacen sino pasar tímidamente por encima de ella, a pesar de que se encuentre en plena expansión y ocupe cada vez a más personas. Nótese que la multiplicación exponencial de la formación de tercer ciclo dedicada en Francia a la economía social traduce bien esta pasión.

Pero sucede que si bien un número creciente de ciudadanos europeos ya han escuchado hablar de la economía social, pocos saben definir lo que engloba. Es, sin embargo, una alternativa creíble a la economía de mercado, y tan antigua, también. Además no se sitúa fuera del sistema, sino dentro. Abarca nada menos que el 10% de los puestos de trabajo de la economía europea. El Centro Internacional de Investigación e Información sobre economía pública, social y cooperativa (CIRIEC) calcula en 8,88 millones el número de empleos equivalentes a tiempo completo como economía social en la Europa de los 15 (cifras antes de la ampliación), de los cuales el 71% corresponden al asociacionismo, el 3% a las mutuas y el 26% a las cooperativas. Estas tres formas jurídicas agrupan el grueso de la economía social, aunque su definición no está fija todavía según quién sea el interlocutor y en qué país nos hallemos. En Francia se suele hablar de «economía social y solidaria», incluyendo al sector dedicado a las obras de caridad, si bien el término “economía social” hace referencia de modo general a la economía solidaria.

Dentro del sistema capitalista

En efecto, la economía social es, por naturaleza, solidaria: son sociedades personalistas y no capitalistas, creadas para la consecución de un fin común, organizadas de manera democrática y, para alguna de ellas, desarrollando una función de utilidad pública. Podemos encontrar asociaciones (que ejercen una actividad económica, y por tanto tienen asalariados), mutuas (con las que se afronta solidariamente el riesgo), o cooperativas (de consumidores o de productores, y que en España pueden adquirir muy diversos estatutos). Para referirse a estas tres formas jurídicas distintas se suele emplear el término «tercer sector», lo que significa que no se incardinan ni en el sector público ni en el privado, sino entre los dos. El Estado suele jugar un papel importante a través de subvenciones, de exenciones de impuestos y de legislaciones especiales. De todos modos las estructuras de la economía social no se encuentran aisladas en una burbuja y concurren en el mercado con las empresas privadas como cualquier otra, lo que prueba que se pueden defender, aunque no se batan con las mismas armas. A menudo, es el marco que mejor se adapta a los jóvenes que desean lanzarse a la actividad económica con la seguridad de controlar la situación a largo plazo. A veces actúan como asociaciones de inserción ofreciendo un marco adaptado a los que han sufrido el paro y pueden, tras esta fase transitoria, reintegrarse al mercado laboral.

¿Porqué la economía social es una solución de futuro?

Olvídense de que lo despidan a uno porque el precio de la acción tenga que subir en bolsa: los objetivos de una asociación o de una cooperativa no son los de aumentar el beneficio sino el de mantener de manera estable una actividad económica. Tomemos el ejemplo de una cooperativa de trabajo asociado o el de una sociedad laboral: estas sociedades «anónimas» cuyo capital pertenece a los socios asalariados y con el que no pueden especular, en la cual ellos eligen la dirección. Son empresas virtuosas por más de un motivo. Los asalariados están mejor pagados que en ningún otro sitio ya que una parte de los beneficios les es revertida por su participación. La diferencia entre el salario más cuantioso y el menos cuantioso es mucho más reducida que en la mayoría de las empresas, razón por la cual sus efectivos han aumentado en Francia un 15% en los últimos 5 años. Frente al prejuicio popular, no todas las cooperativas de trabajo asociado son pequeñas empresas incapaces de desarrollarse: en España y en Italia, algunas cuentan con decenas de miles de asalariados. Están presentes en sectores muy dinámicos, y de modo especial en el terciario, sobretodo si se trata de actividades intelectuales. Los asalariados no se ven sometidos a una lógica únicamente capitalista ya que controlan el futuro de la sociedad detentando derechos de voto: es un espacio único de reconciliación de capital y trabajo. Por encima de todo, son empresas duraderas puesto que no pueden ser compradas por un valor superior al del capital de inicio: no pueden ser sujeto de OPA.

El horizonte de la economía social en Europa

Esta figura cargada de futuro y adaptada a la economía de mercado se encuentra desigualmente presente en Europa, en donde los trabajos de harmonización de estatutos están en marcha. Un estatuto de sociedad cooperativa europea ha sido adoptado en julio de 2003, pero hará falta esperar hasta 2006 para que entre en vigor. Esto permitirá la configuración de proyectos cooperativos transnacionales, sin tener que reemplazar los estatutos existentes en cada país miembro. La UE considera ya la economía social un yacimiento de empleo para el futuro. Ya sólo queda encontrar los medios para fomentarlo.