Soñábamos con otro mundo

Artículo publicado el 10 de Julio de 2006
Artículo publicado el 10 de Julio de 2006

Atención, este artículo no ha sido revisado ni publicado en ningún grupo

A pesar de que activistas franceses pertenecientes al movimiento antiglobalización tratan de boicotear el G8 en San Petersburgo, algunos medios de comunicación aseguran que dicho movimiento ya no existe.

El principio era prometedor: en 1999 las protestas estallaron en la reunión ministerial de la Organización Mundial del Comercio en Seattle. Diez años después de la caída del comunismo, la izquierda encontró un nuevo rostro muy diferente al anterior.

Aquel comunismo, que fue inflexiblemente jerárquico y no aceptaba cualquier discrepancia de la línea del partido, fue sustituido por la postura de los protestantes de Seattle integrados en grupos interconectados –una forma descentralizada de protesta para la economía global también descentralizada que pretenden- y que pueden resultar a veces caóticos. Grupos que nacieron en Porto Alegre (Brasil) y se extendieron por todo el mundo.

En una de las últimas manifestaciones acaecidas en Seattle, campesinos franceses y activistas africanos, apoyados por antiguos comunistas y autonomistas españoles, se reunieron para luchar por el proteccionismo y una política agrícola común; la última, sin embargo, se convocó para acabar con estas protestas. Lo único en lo que los protestantes estaban de acuerdo durante la década 1989-1999 era en oponerse al “neo-liberalismo” o capitalismo salvaje. Entretanto, los medios de comunicación, con cierta estrechez de miras, denominaban el movimiento como “antiglobalizador”. Tras seis años, los mismos medios aseguran ahora que el movimiento se ha extinguido, si bien la desgracia del 11-S recordó a la ciudadanía los problemas reales a los que el mundo se enfrenta volviendo a darle protagonismo al movimiento antiglobalización. Ahora, de nuevo, han desaparecido de nuestras pantallas, aunque aún así, la fuerza de los activistas sigue presente.

Movimiento underground

“Siempre ocurre lo mismo con los medios de comunicación: crean una imagen y esperan una realidad que encaje en ella; nos convirtieron en una pandilla de reaccionarios a ojos de los demás, cuando en realidad somos un puro producto de la mundialización”. Eric, un firme activista francés que lucha por los derechos de los inmigrantes, añade: “Yo hago activismo todos los días, llevando a cabo campañas y protestas, gracias a las cuales despierto conciencias. Esto es lo que de verdad importa y lo que los medios tratan de obviar. Por eso se piensa que estamos acabados. Las grandes protestas, los foros sociales tienen un poder simbólico. Yo contacté con gente de todo el mundo pero no están donde nosotros hacemos el verdadero trabajo.” Según Eric, los antiglobalizadores continúan su lucha a pesar del silencio mediático, fuera del alcance de las cámaras. En realidad, el movimiento no desapareció de los medios, sino que nunca existió en ellos.

Desde el principio, hubo profundas divisiones, empezando por los que querían trabajar con el Estado y los que no; incluso sin grupos hay división: concretamente, en el francés ATTAC (Asociación por la Tasación de las Transacciones y por la Ayuda a los Ciudadanos), el liderazgo se acerca a políticos como el populista francés de centro Jean Pierre Chevènement cuando los cimientos son mucho más radicales. Estas divisiones explican las fracturas en la multitud de corrientes, unificadas sólo por la hostilidad hacia el capitalismo.

¿Si no puedes vencerlos…

“Creo que hemos ganado: echa la vista atrás a Seattle y por lo que en aquel momento hacíamos campaña: ayuda con la deuda de los países pobres y políticas de comercio justo. Tras seis años, hemos alcanzado el pacto de la deuda de Gleneagles y se han puesto en marcha compañías de comercio justo. Logramos que este asunto cobrara importancia. Cuando vi que había empresas que comenzaban a invertir en políticas medioambientales, pensé que realmente algo estaba cambiando.”

Sophie trabaja en Bruselas para una ONG que apoya cuestiones en defensa del medioambiente. “Creo que muchos hemos evolucionado y nos hemos dado cuenta de que en realidad podemos hacer buenas obras dentro del sistema”. Para Sophie, “el movimiento se difuminó entre lo dominante”. Quizás sea éste el modo en que se deben entender los movimientos sociales: debemos apreciar cómo repercuten sobre la forma de pensar de la sociedad, del mismo modo que el legado de 1968 debe ser juzgado no por la violencia callejera en París sino por el feminismo y el multiculturalismo que ha dado forma a nuestra cultura; quizás también tenemos que juzgar el movimiento antiglobalización no por la no-revolución sino por los posos de la ideología que han quedado en la corriente principal.

… únete a ellos?

“¡Basura!”, fue la contestación de Benjamín cuando le expliqué lo que Sophie había dicho, quien prosiguió diciendo “ayuda a la deuda, comercio justo de café –es capitalismo de rostro humano, pero el motor es el mismo; la gente sigue en los mismos trabajos, no han hecho nada serio para mejorar el comercio mundial. En mi opinión, las cosas acaban de empeorar”.

Benjamín -miembro de un grupo de anarquistas franceses que seguían creyendo en el poder de las protestas violentas-, a la sugerencia de que la violencia deja al margen a estos grupos, replicó: “chorradas de los medios. Nadie considera que la violencia esté oculta en las mercancías que destruimos: la explotación requerida para producirlas. Ésa es la violencia de la que se debería hablar”. Para Benjamín nunca hubo un movimiento antiglobalización, pero sí un movimiento de técnicas de protesta callejera. “Puedes ver continuidad en las protestas del CPE en Francia (Contrato de Primer Empleo) –y usamos Internet, una organización descentralizada-. Lo que ocurrió en Seattle explicitó una nueva forma de organizarse; la gente lo llamó un ‘movimiento’ porque aún no habían entendido la diferencia.”

Benjamín tiene intención de ir a la cumbre del G-8 para protestar. Sophie sigue apoyando discretamente estos movimientos que, si algún día existieron, se han transformado en otra cosa.

La identidad de algunos de los entrevistados se ha cambiado en el presente artículo por petición de los mismos.