Sonidos de la infancia: las sintonías de los helados en Europa

Artículo publicado el 10 de Mayo de 2017
Artículo publicado el 10 de Mayo de 2017

Así como Marcel Proust tenía sus tartas y café, el sonido de la furgoneta de los helados acercándose puede traer consigo olas de nostalgia a una generación entera.

Imagina una tarde soleada de finales de los noventa en alguna parte del distrito Ochota, en Varsovia. El aire en los complejos de viviendas sociales arde, a pesar del aislamiento de amianto de las paredes. De repente, se escucha el sonido en la distancia. Una melodía distorsionada, inconfundible, taladra los oídos de los adultos, pero parece tener un efecto muy distinto en los niños. De hecho, su reacción es completamente Pavloviana. Con los ojos abiertos de par en par y las lenguas colgando, les suplican a sus padres que suelten algo de dinero y salen corriendo detrás de la furgoneta de los helados. 

La sintonía de Family Frost, la mayor compañía en Europa del Este dedicada a vender productos congelados directamente en las calles, está grabada en la memoria colectiva de una generación entera que creció en Polonia en los 90 y principios de los 2000. Sin embargo, este no es un fenómeno exclusivamente polaco. De hecho, existe en todas partes en Europa. Bueno, quizá no en todos lados, hay lugares en los que simplemente no existe suficiente demanda. En Italia, por ejemplo: ¿por qué molestarse con una furgoneta de helados cuando puedes conseguir un delicioso gelato a la vuelta de la esquina?

Las furgonetas de helados tienen una larga historia en Reino Unido, donde, ya en el siglo XIX, el hielo de sabores [a modo de polo, ndlr] era distribuido en carruajes de caballos. En los cincuenta, se motorizó el negocio. Fue entonces también cuando las primeras sintonías empezaron, al mismo tiempo, a irritar a padres y alegrar a niños. En los ochenta, las furgonetas de los helados se vieron enredadas con el crimen durante la Guerra de Furgonetas de los Helados de Glasgow. Los vehículos llamativos vendiendo drogas y armas en vez de delicias heladas se convirtieron en una referencia cultural, y provocaron que la unidad de policía local se ganase un apodo: el "Serious Chimes Squad.”

Dada su rica tradición, no es una sorpresa que la melodía más popular en Reino Unido sea Greensleeves: una composición atribuida a Enrique VIII que se remonta al siglo XVI, y garantiza que cada niño reciba una lección de historia con su helado. 

La tradiciones de furgonetas de helados en el sur de Europa, si existen, son más locales. En la Isla de Noirmoutier, en la costa atlántica de Francia, Marco Abregel lleva recorriendo la misma ruta más de cuarenta años. Sin embargo, la mayoría de los franceses con los que hablamos decían no tener ningún recuerdo de los "vendeurs de glace".

Escandinavia, no obstante, es otra historia. Los escandinavos comparten un recuerdo de infancia: una característica furgoneta de helados de color azul. Esta pertenece a una compañía sueca llamada Hemglass, que ha estado repartiendo helados desde 1960 y ha ido sistemáticamente conquistando los mercados de sus vecinos. Mientras que en Suecia, Glassbil puede todavía ser vista ocasionalmente en días soleados, en Finlandia la compañía dejó de ser rentable hace tiempo, y el último Jäätelöauto entonó su melodía final en 2013. 

Todo esto nos lleva a una conclusión sombría. Las furgonetas de helados son cada vez más y más escasas en Europa. Tanto si culpamos a la expansión de los supermercados, o a las regulaciones de emisiones de los coches, pronto tendremos que aceptar que estas sintonías no serán más que un recuerdo nostálgico. ¡Escúchalas mientras puedas! (haz click en un cono para hacer sonar la melodía)