SOS: Fuga de cerebros en el este

Artículo publicado el 19 de Septiembre de 2005
Artículo publicado el 19 de Septiembre de 2005

Atención, este artículo no ha sido revisado ni publicado en ningún grupo

¿Por qué los nuevos valores de la nueva Europa sienten una atracción fatal hacia los países de la vieja Europa, convirtiéndose de este modo en los protagonistas de un éxodo cada vez más visible?

Huyen hacia los bastiones occidentales de conocimientos culturales, científicos e industriales. Los nuevos Ulises son sobre todo polacos, checos, eslovacos y húngaros. La diáspora está en marcha; cada vez se notan más sus efectos en los perfiles de la sociedad que cambia de señas, de idiomas y de rasgos culturales: pintas de cerveza en vez de zumo de melocotón y zubrowka.

Sin embargo, los Estados miembro no desean que sus jóvenes instruidos abandonen su tierra, tal y como pone en evidencia Mateusz Tomala del partido Ley y Justicia. Temen las fuerzas centrífugas que están provocando una hemorragia de cerebros sin precedentes. Se muestran escépticos ante el hecho de que lo que en verdad los empuje al marcharse sean las ganas de aprender los viejos y consolidados modelos sociales, políticos y económicos de Occidente para luego importarlos. En resumen, no creen en esta nueva forma de colonialismo opuesta al modelo tradicional de “el pez más grande se come al más pequeño”. ¿Y si luego no vuelven?.

El algoritmo del miedo

Los temores de la nueva Europa tienen algoritmos difíciles. Café babel busca motivos y hechos para proponer soluciones eficaces. Que los “cerebros fugados” se acomoden en torno a nuestras mesas virtuales: sólo dialogando y conociendo historias reales se encontrarán soluciones.

Primera pregunta: ¿por qué tantas ganas de huir hacia la vieja Europa? En calidad de nuevos miembros deberían querer ofrecer una imagen de “juventud y vigor” ante los demás. ¿O quizás no? “¿Jóvenes y fuertes? Verdad a medias. La República Checa sólo es un pequeño Estado capaz de ayudar al resto de países a resolver los problemas, pero no de imponer sus reglas”, dice la checa Andrea.

“Durante los más de cuarenta años de dictadura comunista, la Europa occidental ha sido para los checos como la “tierra de las oportunidades”: nada de colas para conseguir naranjas; uno imaginaba poder hacerse rico, pero no podíamos dejar el país y, en parte, hoy hemos fracasado al imitar la democracia occidental mirándola desde fuera. Los jóvenes checos queremos aprender, hablamos bien inglés, viajamos mucho y sentimos que somos el motor del renacimiento del país. Por eso debemos empaparnos de la verdadera democracia”, suelta Filip de un tirón. Tiene 24 años.

“Sueldos más altos, más posibilidades, experiencias y un ambiente internacionales: todo ello nos empuja hacia la vieja Europa”, resume Judit, de 23 años y procedente de Budapest.

Se ofrecen bilingües

Ewa y Magdalena, de 24 y 27 años respectivamente y, como buenas polacas, rubias y con ojos “azules de un azul de vajilla”, tal y como diría el poeta italiano Gozzano, estudian literatura general y comparada en la Sorbona de París. Se sientan a la mesa de café babel y nos explican: “hay ganas de estudiar en el extranjero para encontrar más fácilmente un trabajo en Europa y no sólo en Polonia; de tener una vida cultural gracias a un ambiente cosmopolita. Así conoceremos el savoir vivre (el arte de vivir) de otras culturas. Se es como mínimo bilingüe”. “En Polonia el futuro no es de color de rosa; las perspectivas de futuro son pocas y tristes”, subraya Magdalena, que continúa diciendo que “en Polonia hay universidades antiguas, pero es sabido por todos que las universidades francesas y británicas ofrecen salidas profesionales más interesantes”. Otros motivos son el vivir un periodo que, aunque breve, resulta muy gratificante: “estudio lenguas modernas y empresariales en la Sorbona, tengo 22 años, hablo bien inglés y francés y he venido a Londres a través de la universidad para hacer prácticas en una gran empresa”, dice la también polaca Ewelina. La guinda la pone Piotr, polaco y analista financiero en la City (barrio financiero de Londres): “Londres ofrece muchas oportunidades para los que estén dispuestos a trabajar. Es difícil, pero si se trabaja duro, aquí se pueden cumplir los sueños de cualquiera”.

Se buscan enfermeras polacas

Segunda pregunta que surge en las mesas de café babel: ¿cuáles son los sectores en estos países que más se resienten de la fuga de cerebros? Las mayores inversiones en Polonia provienen del Reino Unido: “en Varsovia se ha creado una escuela de formación profesional para dentistas polacos que luego se “mandan” al servicio sanitario británico, donde hay falta de profesionales”, prosigue Magdalena, “todos saben que los polacos son grandes trabajadores y muy competentes, por lo que el dinero invertido en su formación no es en balde”.

En cambio, la República Checa sufre sobre todo por sus estudiantes, que se van de Erasmus y muy a menudo no vuelven. “No podemos comparar nuestras infraestructuras y nuestras inversiones en el terreno educativo y científico con las de otros países europeos”, nos cuenta Andrea. Sin embargo, los estudiantes de hoy podrían ser los científicos de mañana, por lo que se otorgan importantes premios a científicos jóvenes por parte de la Academia Checa de las Ciencias, la Sociedad de Eruditos de Chequia, más los premios Otto Wichterle, que el año pasado fueron a parar a veinticuatro jóvenes científicos.

El ámbito de la investigación y el desarrollo también es el más crítico en Hungría, confirma Judit. Por eso muchas empresas que operan en el sector de las telecomunicaciones, como la Pannon GSM, empresa líder en el sector de la telefonía móvil, ofrecen becas de estudio a jóvenes investigadores y doctorados en materias científicas.

Un poco de Café Terapia y se evaporan los temores

¿Y si luego no vuelven? “Después de tres años entre Francia e Inglaterra no pienso volver a Polonia. Después de mi estancia en la Sorbona, regreso a Londres”, asegura Ewelina. “Vista la situación actual en Polonia, prefiero quedarme aquí y ver qué pasa”, dice entre sonrisas Piotr. “Sí, volveré, cuando haya puestos de trabajo que den más satisfacción personal y profesional”, declara Ewa a modo de desafío. La secunda Magdalena, aunque con un tono más optimista: “Si encontrase un trabajo interesante y bien pagado volvería a casa, pero también puedo quedarme aquí en París o bien irme a otro lugar en Europa”.

Se cierra el telón de café babel: Andrea, Filip, Judit, Ewa, Magdalena, Piotr y Ewelina se han expresado como representantes de los nuevos Ulises colonizadores del este. Cita: el 1 de octubre en Varsovia; después del Gran Café, algo de Café Terapia sienta bien para quitarse los miedos.

En el presente artículo han colaborado Andrea Fialková y Judit Járadi, nuestros corresponsales en Praga y Budapest, respectivamente.