SOS Mediterranée, un año de rescates y solidaridad en el mar  

Artículo publicado el 1 de Marzo de 2017
Artículo publicado el 1 de Marzo de 2017

La organización franco-italo-alemana SOS Mediterranée lleva salvando vidas en el Mediterráneo desde 2015. El escritor Daniel Pennac la define como "el honor de Europa y de Francia", gracias al trabajo de sus voluntarios, los doctores de Médicos Sin Fronteras. Con motivo del primer cumpleaños de la asociación, Cafébabel subió a bordo del Aquarius. 

Trece mil personas rescatadas y 8755 vidas arrancadas de la crueldad del mar en 64 operaciones de rescate desde febrero del año pasado. Si fuera cuestión de números, el trabajo de SOS Mediterranée  organización franco-italo-alemana que a diario desafía el peligro de las aguas internacionales a pocas millas marinas de las costas libias para robarle al mar tantas almas como sea posible – podría considerarse una misión plenamente cumplida y superada con sobresaliente.

Pero detrás de los rescates y los muchos – demasiados – muertos (cinco mil tan solo en 2016, según ACNUR) hay una gran historia de amor y humanidad, la cual se puede palpar al subir a bordo, al hablar con los jóvenes voluntarios o con quienes desempeñan su parte en tierra firme, o bien deteniéndose algunos minutos para observar las fotos de la vida diaria en la gran frontera del mar. 

El 19 de febrero de 2016, en Palermo, nació SOS Mediterranée Italia, extensión italiana de la sociedad civil fundada en mayo de 2015 en Alemania. Su objetivo era claro: salvar tantas vidas como fuera posible en el Mediterráneo y mostrar al mundo entero una de las tragedias más grandes de la historia de la humanidad. Un año después, el sol brilla en el muelle del puerto de Palermo, donde tantas veces en estos años desembarcó la esperanza y el dolor, y SOS Mediterranée festeja su primer cumpleaños a bordo del Aquarius, un antiguo barco pesquero de unos 77 metros de largo que actualmente se utiliza para las misiones de rescate. 

"Los inmigrantes son el chivo expiatorio de Europa"

A bordo, junto al presidente de SOS Mediterranée, Klaus Vogel, y otros representantes de Francia, se encuentra el alcalde de Palermo Leoluca Orlando: “Hace poco fui entrevistado por un periodista de Der Spiegel que me preguntó cuántos inmigrantes había en Palermo y yo le contesté que no había ninguno, quien llega a Palermo para nosotros es palermitano”, dijo el alcalde.

El escritor Daniel Pennac, por su parte, muestra su lado más crítico: “Los inmigrantes son el chivo expiatorio de Europa. SOS Mediterranée es el honor de Europa y de Francia, en un momento de completa regresión moral”, dice el padre de la saga Malaussene. Su afirmación suena como si se tratara de una respuesta a los vientos populistas que soplan en Europa, comenzando por la propia Francia donde Marine Le Pen está cobrando fuerza. También puede ir en línea a las noticias de una investigación llevada a cabo por la fiscalía de Catania sobre las organizaciones que ayudan a los refugiados en el canal de Sicilia, por supuestas "conspiraciones con traficantes".

“Rechazamos estas acusaciones absurdas – afirma la presidente de SOS Mediterranée Italia, Valeria Calandra. Colaboramos con las autoridades y nuestro objetivo es completamente opuesto al de los traficantes. Es más, nuestra fuente de financiación son las donaciones privadas, jamás podríamos estar del lado de quienes trafican la vida humana”. Carlotta Sami, portavoz de ACNUR, defiende la misma opinión: “Las ONG son una expresión de la sociedad civil y el hecho de que exista este compromiso por salvar la vida humana es esencial. En los últimos dos años se ha salvado al 25% de las personas encontradas en el mar entre Libia e Italia. Su papel es de suma importancia”.  

Sin embargo, los protagonistas son los jóvenes voluntarios, "siempre alegres", como destaca Calandra. Trabajan a diario, sin horarios y a menudo de noche, en el área SAR (búsqueda y rescate, por sus siglas en inglés). Entre ellos hay un psicólogo de la ciudad de Livorno que ha trabajado en los centros de acogida en tierra firma, y ahora está listo para embarcarse y ayudar en el mar. También está Pablo, un buzo de Ecuador que vive en Italia hace un año que se embarcó hace tres semanas: “He participado en algunos rescates en barco y he aprendido que la necesidad puede surgir a cualquier hora, incluso durante la noche". Por norma general, las maniobras comienzan tras localizar un objetivo. Primero nos acercamos en un bote con un intérprete que habla inglés, francés y árabe. Luego analizamos la situación, repartimos chalecos salvavidas y comenzamos el rescate dividiéndolos en grupos de 20 personas”.

En el Aquarius, también hay un equipo de Médicos Sin Fronteras (MSF) listo para prestar asistencia. A principios del pasado febrero, Pablo estuvo con ellos cuando el Aquarius rescató 786 inmigrantes con 7 operaciones de rescate que llevaron más de 24 horas. “Cuando te encuentras allí, te choca verlos empapados, a menudo descalzos y asustados. Sobre todo durante la noche, y eso que yo estoy aquí hace poco y todavía no he experimentado escenas 'fuertes'”, dice Pablo. Quienes más conmueven a los rescatadores son los niños. “Fuimos uno de los pocos barcos que permanecieron en el mar durante todo el invierno, y el 24% de los migrantes que salvamos son niños de los cuales el 84% son menores de edad no acompañados”, explica Calandra. Algunos niños, incluso, nacieron en pleno trayecto. Estos son los casos del pequeño Dentiné Alex, nacido el 25 de mayo de 2016 a las 17 horas, Newman Otas, nacido el 2 de septiembre a las 7 de la mañana, y, el más reciente, Emeka Lska Favour, que nació el 11 de diciembre. También están los doce casos médicos graves tratados con gran profesionalismo por el equipo médico de MSF, que, desafortunadamente, no pudo hacer nada contra la muerte de al menos cuarenta personas.

En Palermo, a su vez, están los jóvenes voluntarios de SOS Mediterranée Italia, que con su pasión se ponen manos a la obra. "Soy voluntaria en el área de logística y coordinación y estoy comprometida con esta causa porque ofrece la única respuesta posible al fenómeno migratorio", dice Irene, psicóloga de 25 años. Nos encontramos con ella en las instalaciones de la Marina Real de Palermo, la cual albergó la vídeo exposición 'Aquarius' de los productores Amelia Giordano  Stefano Ferri, así como las fotografías de Marco Panzetti y Andrea Kunkl.

Precisamente son ellos los dos únicos fotógrafos italianos que han subido a bordo del barco para describir las emociones y la humanidad que se vive en el Aquarius. En sus instantáneas se pueden ver plegarias musulmanas, cantos de mujeres nigerianas, y la sonrisa o el miedo de quien es rescatado. También los dibujos de los menores rescatados. Algunos de los motivos son el mapa de África Subsahariana, sus aldeas de origen, el bote de rescate o los mensajes de esperanza y de amor escritos en francés: "Dios bendiga a la Cruz Roja y a SOS Mediterranée".