« Soufi, mon amour » : Cuando el teatro se nos sube a la cabeza 

Artículo publicado el 24 de Enero de 2017
Artículo publicado el 24 de Enero de 2017

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“Este, Oeste, Sur o Norte, no hay diferencia alguna.  Cuando uno viaja al interior de uno mismo, recorre el mundo entero y aún más”. Las palabras universales de la novelista Eli Shafak, llevada al teatro por Christine Delmotte, nos hablan de amor, de espiritualidad y de unicidad al ritmo de los derviches giradores.

Cafébabel Bruxelles ha acudido al Théâtre des Martyrs a fin de descubrir el mundo espiritual del sufismo en la pieza Soufi, mon amour, sacada de  la novela de Eli Shafak. Ha sido la ocasión de conversar con Christine Delmotte, a cargo de la puesta en escena, de la escenografía y de la adaptación.

Una obra de teatro reconfortante

Soufi, mon amour es, en un primer momento, una novela que cuenta la historia de Ella Rubinstein, un ama de casa corriente de 40 años, que vive en Northampton con su marido, sus tres hijos y su perro. Su vida va a cambiar cuando acepta realizar una relectura de un manuscrito que describe el encuentro entre el gran poeta del siglo XIII, Rûmi, y el derviche girador más célebre del mundo mulsumán, Shams de Tabriz.

Esta amistad entre el poeta y el derviche constituye una revelación para Ella, así como el inicio de una historia de amor con el autor del manuscrito, Aziz Z. Zahara, quien cambiará completamente su vida de la misma manera que Shams  cambió la de Rûmi.

Gira, gira, gira....

El sufismo es una rama espiritual del Islam según la cual  “el conocimiento que no conduce más allá de uno mismo es peor que la ignorancia”. La palabra “derviche” procede del persa y significa “mendigo” ya que los derviches viven de manera austera y buscan estar al ‘unísono” con Dios. Los derviches danzan el semá  girando,  incansables, sobre sí mismos con el objetivo de entrar en un estado de trance. Como bien dice Shams, el semá es una “danza espiritual ejecutada por amor y sólo por amor.”

No es por casualidad si Christina Delmotte  ha elegido esta vez consagrarse al sufismo. Su obra entera está considerablemente impregnada de espiritualidad y muchas de sus obran de teatro están totalmente dedicadas a este tema. En el caso de Soufi, mon amour, ha deseado abordar la espiritualidad a través del ángulo del Islam, en respuesta a todo el odio que éste puede provocar en este momento en Europa. Este espectáculo debe unir toda la población de Bruxelles en el Théâtre des Martyrs.

Una historia universal

Delmotte ha elegido para esta historia una puesta en escena enérgica, visual y estética. Entre el principio y el fin de la pieza, los actores nos transportan sin sobresaltos del siglo XIII al siglo XXI.

No es la primera vez que Christine Delmotte se consagra a adaptar una novela al teatro; a menudo se decide por textos contemporáneos de autores belgas como Amélie Nothomb. “Es un largo proceso  que exige mucha paciencia”, nos explica.

Los actores están vestidos con trajes contemporáneos. “No quería que fuese exótico, para mí se trata de una historia universal que no transcurre en un sitio en particular”, continúa Delmotte. En efecto, que la historia se sitúe en la época de Rûmi o en la de Ella, los trajes no sufren cambios. Sólo la falda azul de Stéphanie Van Vyve es un guiño al traje tradicional de los derviches giradores que añade una nota de magia a las escenas bailadas. Dos de los bailarines conocedores del Samá, Yumma Mudra et Michel Raji, han enseñado a los actores en sólo dos días.

Les

Los actores transmiten la energía  de esta historia de una manera impresionante. Risas, sonrisas y reflexión se suceden en nuestro espíritu durante su prestación.

Hasta ahora la obra está cosechando un gran éxito. “La gente estaba contenta, pienso, respecto al  mensaje de amor. Creo que es algo que tienen ganas de oír, que necesitan oír”, afirma Christine Delmotte.

Las palabras de Ella, cita de la regla 40 del sufismo, son, quizás, las que mejor resumen el espíritu de la obra: “Una vida sin amor no tiene valor. No te preguntes qué tipo de amor debes buscar, espiritual o material, divino o terrestre, oriental u occidental…La división sólo conduce a más división. El amor no acepta etiquetas, ni definición. Es lo que es, puro y simple.” A buen entendedor…