¿Soy realmente Charlie?

Artículo publicado el 9 de Enero de 2015
Artículo publicado el 9 de Enero de 2015

Del activismo a golpe de hashtag pasando por la la esquizofrenia que causa y el malestar que late. Una joven alemana expresa sus impresiones tras el atentado al semanario Charlie Hebdo.

El 7 de enero de 2015 será un día del que me acordaré durante diez o veinte años por lo menos. Sabré exactamente, como me pasó con el 11 de septiembre de 2001, lo que estaba haciendo en el momento en el que me enteré de lo que había pasado. Ese día, el 11 de septiembre, quería a toda costa ver una serie en la televisión pero esta había sido monopolizada por mi padre. Entonces no me daba cuenta de realmente de lo que significaba que un avión se hubiera estrellado contra unas torres del World Trade Centre. Pasé el resto del día con mi familia delante de la televisión. El horror se agravaba por momentos en las noticias hasta que nos quedamos alelados mirando el aparato. Fue algo espeluznante, algo que nos dejó helados. 

Ni leer, ni ver, ni escuchar

El 7 de enero de 2015 estaba en la redacción buscando informaciones para un artículo. Un colega murmuró algo de un atentado contra "Charlie..." y en seguida saltaron todas las alarmas. Al principio no quería creerlo. Después no podía concebirlo; doce personas muertas. Simplemente abatidas por  utilizar la sátira para reírse de la religión. He vivido casi tres años, con algunas interrupciones, en Francia. Tengo muchos amigos allí, es el país al que me siento más próxima después de a Alemania. Es mi país de corazón. El atentado contra Charlie Hebdo me afecta más que muchas otras cosas que han pasado en estos últimos años. ¿Quizás porque los ataques se acercan? ¿Qué vendrá ahora: primero Francia y después Alemania?

Desde el 7 de enero, tengo un combate interior. Por un lado, no quiero pensar en lo que ha sucedido. no quiero leer, ver o escuchar ninguna información; no quiero enfrentarme a las manifestaciones de solidaridad en Facebook. Y sin embargo, leo, veo y escucho las noticias porque quiero saber todo lo que ha pasado. Yo misma subo imágenes y enlaces de Charlie Hebdo en Facebook. Es así, aunque queramos abstraernos del flujo de información es simplemente imposible, sobre todo para mi como periodista. Incluso en Instagram, los #JeSuisCharlie se suceden. Cada modelo a la que sigo pone al menos el hashtag entre las fotos de su nuevo modelo o junto a un desayuno ideal. Aparte del hecho de que debería cuestionarme a quien sigo, todo esto me fastidia, o más bien, todo esto me enfada. 

¿Activismo o dejadez?

Mattie Kahn, autor del popular blog Man Rapeller, resume pertinemente mi malestar:

"Las redes sociales han hecho que el mundo se convirtiera en algo tan pequeño que hasta se puede tener en la palma de la mano. (...) La mayor parte del tiempo, se trata de algo positivo. (...) Pero a veces soy menos optimista. Me pregunto sobre nuestras motivaciones y sobre cuántos de nosotros estaríamos dispuestos a sacrificarnos por los ideales que reivindicamos en nuestros estados, tweets y fotos puestas con pasión y que no durarán más que hasta el martes próximo. Nuestra generación ha creado una especie de red que parece sobrenatural. Sospecho que incluso la idealizamos y honestamente, yo la adoro. Verdaderamente, creo que tiene el poder crear un verdadero cambio pero desconozco de qué forma". 

Una pregunta que me hago, o que debería hacerme todos los días y que sin duda a partir del 7 de enero de 2015 me la voy a plantear con mayor frecuencia es: ¿qué estaría dispuesta a sacrificar por mis ideales? Cada vez que escribo #JeSuisCharlie o que lo veo escrito en la pantalla de mi ordenador pienso: "Yo no soy Charlie", porque la valentía que siempre ha demostrado este diario, yo no la he igualado.