[spa] Berlín: talleres de teatro gratuitos para los refugiados.

Artículo publicado el 18 de Marzo de 2017
Artículo publicado el 18 de Marzo de 2017

Atención, este artículo no ha sido revisado ni publicado en ningún grupo

Acogida de refugiados: las Wilkommensklassen berlineses están invitadas cada semana a participar en talleres gratuitos organizados en el prestigioso Staatsoper de la capital alemana. Reportaje. 

Desde enero 10.200 refugiados han llegado a Berlin. Al final de año serán 24.000, uniéndose de este modo a los 54.325 inmigrantes que se instalaron el año pasado en la capital alemana. (fuente RBB).

Desde 2015 numerosas iniciativas se multiplican en toda Alemania y, de manera particular, en Berlin, a dos pasos del Reichstag. Hay asociaciones que organizan picnics y otras salidas “refugees welcome”; particulares que ofrecen una habitación en su apartamento  en sitios de internet dedicados al alojamiento; teatros, museos e incluso restaurantes instalan huchas de donativos en sus locales. Dar, en especie o dinero, o simplemente dedicar tiempo, los Berlineses tienen múltiples posibilidades para comprometerse si lo desean.

La Staatsoper de Berlin no ha quedado al margen de esta regla y el año pasado consiguió  varios millares de euros donados al final de cada representación, según nos cuenta Rainer O. Brickmann, el director del Jungen Staatsoper (el espacio dedicado a los niños y a los jóvenes). Pero en 2016, el personal de la ópera desea ir más lejos. Por ello, Rainer Brickmann encarga a Ronan Favereau, comediante y Theaterpädagoge, montar un taller dirigido a los Wilkommenskassen, esas clases creadas especialmente en las escuelas alemanas para acoger a los jóvenes inmigrantes. 

Hoy es la clase de Shröder la que tiene una cita a las 10 delante de la entrada del Staatsoper. El taller estará animado por Ronan y Jeruscha, estudiante de Musikpädagogik en la UDK, la universidad de las artes de Berlín, y futura profesora de música. “Era importante inscribir este programa tanto en la música como en el teatro, dos artes que la ópera combina a diario. Es por ello por lo que he contactado con Musikpädagoge para animar estos talleres conmigo”, nos explica Ronan. 

16 alumnos con edades comprendidas entre los 13 y los 16 años, 6 chicas y 10 chicos, forman un círculo a petición de Ronan. Primer ejercicio, presentarse asociando un gesto a su nombre, y primera dificultad, explicar la palabra “gesto” que nadie parece conocer. Segunda dificultad, contener la excitación de cada uno de ellos que quieren repetir el nombre y el gesto todos a la vez. Difícil. Durante estas tres horas de taller, van a bailar, andar, hacer mímica, escuchar. Van a hablar en alemán, árabe y albanés, van a cantar en farsi, en inglés, en kurdo y, como broche de oro de la jornada, van a improvisar pequeñas escenas de teatro, en alemán por favor. Se olvida muy rápido que estos alumnos llegaron a Alemania hace muy poco tiempo (tan solo algunos meses para la mayoría de ellos) dada la gran similitud con sus camaradas europeos. En este grupo de 16 alumnos encontramos las amigas charlatanas, los chicos tímidos, los cantores, los que llegan tarde con las gorras enroscadas en la cabeza y sin disculparse, que murmuran cuando los otros cantan a voz en grito. Encontramos al bromista, al que no se queda en el sitio, a la que se pega a los adultos y sólo habla a la profesora. Desconcertante al mismo tiempo que divertido. Lo que diferencia a estos jóvenes adolescentes, es su gran motivación y su participación, especialmente dinámica. Incluso los que protestaban al principio ante la idea de cantar, participan de manera activa en las otras actividades. ¿Sus preferidos? El alfabeto, “vamos andando por la habitación, yo digo una letra, y se debe encontrar un nombre común que comienza por esa letra. Enseguida se debe dar el determinante y su plural (en alemán, el nombre puede cambiar en plural, nda). Las respuestas salen disparadas en todas direcciones, las manos se alzan al mismo tiempo que los gritos resuenan: frutas, verduras, animales, instrumentos de música, el vocabulario se aprende, ¡qué gusto da poder utilizarlo! Otro momento cumbre del taller tiene lugar alrededor del piano. Jeruscha toca a Beethoven, Yann Tiersen, Mozart. Silencio religioso, aplausos, y Ronan que pregunta tras cada pieza, ¿cómo ha sido? ¿Triste, alegre? ¿Habéis escuchado a los animales? Muchas manos alzadas para ofrecer una sensación, se ven tigres, elefantes, pájaros, ratas. La imaginación no se ha perdido en el viaje. Emocionante. 

Tras la vuelta de la pausa, pasamos por la gran sala de la ópera. Resuenan los suspiros de admiración mientras que los chicos se instalan en el palco. Algunos ya han ido al teatro en su pais de origen, en el Líbano por ejemplo. Otros ya han visto piezas u óperas en la tele. Asel, de 14 años, presta mucha atención cuando Ronan menciona el coro de chicos de la ópera al que podrían unirse este año si lo desean. 

El taller termina con la improvisación de pequeñas escenificaciones. “¿Qué os parece divertido en Alemania? ¿Qué es diferente con respecto a vuestro país y qué os hace reir? Todos pasan por alto la pregunta, es difícil distinguir “pequeñas cosas” cuando se habla de dos mundos diferentes…Citan más bien momentos divertidos que han vivido aquí: “una señora salió del metro con sus bolsas de la compra y se cayó, ¡todas las frutas rodaron por el suelo!, “un hombre bailaba en la calle, tenía un botella de alcohol en la mano y estaba desnudo”. Una vez más, las anécdotas se encadenan, en un alemán aproximado pero perfectamente comprensible. Impresionante. Ronan divide entonces la clase en tres grupos. Cada uno debe realizar una escenografía que debe incluir una expresión típicamente alemana. En esta ocasión los alumnos comprenden enseguida, esas expresiones las conocen ya de memoria: “wie bitte?” o bien “Ach so!”. Las ideas llegan muy rápido, sólo se habla alemán, a veces uno de ellos traduce al árabe al que no ha entendido ni una palabra. Ahmed, hasta este momento muy implicado, se quejará de que sus colegas hayan hablado árabe durante la representación…” ¡Hay que volver a hacerla!”.

De nuevo se forma un círculo para finalizar. Es la hora de hacer balance, “¿qué es lo que os ha gustado más, y menos?” “El alfabeto”, “las escenas de teatro” son las respuestas más entusiastas. Muchos jóvenes se toman entonces tiempo para agradecer a los dos animadores, conscientes de la suerte que tienen de haber sido acogidos en este lugar. Todos manifiestan que les ha gustado todo sin excepción alguna. Jilo, sin embargo, osará hacer una pequeña crítica: puede ser que algunos ejercicios eran difíciles debido al idioma. Es cierto, Jeruscha reconoce por su parte haber hablado mucho, sin utilizar sus manos para describir las piezas que ha interpretado al piano. No se le echará en cara. Durante un tiempo, nosotros también habíamos olvidado que estos niños ¡hace sólo algunos meses que están aprendiendo alemán! 

Encuentro con Asel, de 14 años, oriundo de Bagdad en Irak:

¿Desde hace cuánto tiempo estás en Alemania? 

Estoy en Alemania desde hace 1 año y en la escuela en Berlín desde hace 1 mes. Antes de llegar aquí estuvimos en Hamburgo y Schwerin. Estoy con mi madre y mis dos hermanas. Mi padre murió en Irak. Mi madre habla un poco francés, pero ha olvidado mucho, yo también. En cambio, ella también habla muy bien el inglés. Yo aprendo inglés por internet, en el ordenador. Tengo una amiga en internet que vive en Estados Unidos, se llama Deborah. Me ha dado esta pulsera.

¿Tus hermanas van también a la escuela? 

Si, ellas son más pequeñas y han aprendido muy rápido el alemán, así que ahora están en clases normales con alemanes, ¡estoy un poco celoso! 

¿Ya habías hecho teatro en Irak?

No. Conocía el teatro, ya había visto en la televisión pero nunca había hecho (ella habría interpretado durante el taller My Heart Will Go on, música original de la película Titanic). He preguntado a mi profesora si podía inscribirme en el coro de la ópera, me gustaría mucho cantar aquí.

¿Te gustaría quedarte en Alemania o deseas volver a Irak?

No, quiero quedarme aquí. Quiero estudiar y convertirme en médico. 

Frau Schröder, profesor en la Friedensburg-Oberschule de Berlin

¿Cómo escuchó hablar de este taller?

Es el centro de coordinación el que centraliza todas las ofertas dirigidas a los refugiados y el que las envía a las direcciones de las escuelas. Se reciben muchas propuestas de parte de los teatros, de museos que proponen visitas gratuitas, y también de instituciones políticas. Es bastante increíble, y verdaderamente interesante para nosotros participar en todas estas actividades.

¿Cual es el objetivo de las Willkomensklassen? 

Queremos enseñarles el vocabulario y la gramática necesaria para que puedan desenvolverse rápidamente y se integren más facilmente. Lo que me parece bien, e importante, es que todos somos profesores diplomados. Se trata así de enseñarles igualmente lo que se aprende en las otras clases: el respeto del otro, la dinámica del grupo, etc. El problema, en cambio, es que tienen tendencia a estar mucho tiempo entre ellos y por tanto, a hablar poco alemán fuera de la clase. Muchos viven todavía en las estructuras de acogida de urgencia. Otros establecimientos hacen lo posible para que los alumnos se mezclen lo más posible.

¿Qué es lo que caracteriza a estos alumnos? 

Su motivación. Tienen muchas ganas de aprender la lengua y la cultura de este pais que los acoge. El problema es que su asistencia a clase es bastante irregular. (Durante el día, a menudo deben acudir a citas administrativas o médicas; de hecho, muchos han estado enfermos este invierno, ndlr.) Este año tengo tres alumnos que no han vuelto a venir, fue muy dificil para mi que intento construir un grupo, ver que a estos tres alumnos se les abandona de alguna manera. 

Ronan Favereau, actor y Theaterpädagoge, y Jeruscha Strelow, Musikpädagogin.

Al principio de cada taller usted pregunta cuáles son las lenguas que habla el grupo. ¿Cuáles son las  más frecuentes?

R. Diría que el árabe, el rumano, el farsi y el kurdo. 

J: ¡Una vez tuvimos un grupo en el que se hablaban 16 lenguas! Muchos de estos jóvenes hablan varios idiomas, de hecho. 

Ustedes proponen también hacer algunos ejercicios en su lengua, enseñando al grupo cómo se dice “izquierda” y “derecha” en árabe o en kurdo por ejemplo, ¿es importante poner en valor la cultura de cada uno en estos talleres?

R: Pienso que cuando se pertenece a una cultura minoritaria en un país como Alemania, muy europea, se puede desarrollar rápido un complejo de inferioridad. Para mí era muy importante actuar de manera que al entrar en una institución como la Staatsoper, que la frecuenta cierta élite europea, estos jóvenes sientan que pueden hablar en su lengua materna, sin incomodarse. 

J: Hay un momento en el transcurso del taller en el que proponemos a los alumnos cantar en su lengua. Una vez tuvimos un joven que venía de Afganistán que quería cantar una canción pero no se acordaba de la letra, porque la canción estaba prohibida en su país. Veinte minutos más tarde se ha levantado y nos ha preguntado si podía cantarla.

R: Fue muy emocionante para él, para nosotros, y creo que era una de las canciones más hermosas que jamás he escuchado en mi vida.

Hemos hablado mucho de las diferencias de cultura, de creencias,  de hábitos entre los inmigrantes que llegan a Alemania, pero yo mismo me he sorprendido al constatar, en estos talleres, que no había una diferencia notable con una clase digamos “normal”.

La ópera tiene más bien la imagen de ser una institución cerrada, reservada a una élite ¿cómo han sido percibidos estos talleres por parte de la gente que pertenece a ella?

R: El intendente de la ópera, Jürgen Flimm, se ha comprometido enseguida en la ayuda a los refugiados. Ha organizado un concierto gratuito en la Filarmónica para los refugiados y los socios. Es alguien que verdaderamente tiene la voluntad de abrir las puertas de la ópera a todos, independientemente de sus orígenes sociales y culturales. Esta filosofía está muy impregnada por la personalidad de Daniel Barenboim quien encarna en si mismo un compendio de culturas. (Daniel Barenboim es el director de orquesta de la Staatsoper en Berlin). Nacido en Argentina, posee también las nacionalidades israelí y española, así como pasaporte palestino, nda)

Encuentro con Rainer O. Birman, director de la Jungen Staatsoper. 

 ¿Qué acciones ha puesto en marcha la Jungen Staatosoper?

La Staatsoper propone representaciones en forma de ópera y de conciertos para adultos. La Jungen Staatsoper tiene como misión establecer un programa especialmente dedicado a los niños y a los adolescentes. Acoge también numerosos proyectos y clubs. De igual modo, trabajamos en colaboración con asociaciones como SOS Kinderdorf o la Fundación Dimicare Annelise Langner. 

Tenemos la voluntad de dirigirnos a todos los sectores. A menudo, la ópera está reservada a una élite, las entradas son caras, las obras son de dificil acceso, por ello es importante multiplicar las formas de entrar, y por tanto, los proyectos.

¿Cómo llega la idea de estos talleres para las wilkommensklassen?

El año pasado, cuando se produjo la gran ola de refugiados a Berlín, todos estábamos predispuestos a comprometernos. Recaudamos fondos de mil maneras. Pero deseábamos comprometernos de manera más directa. Queríamos proponer, con nuestras herramientas, la música y el teatro, un medio para dominar, mediante el ocio, a este pays extranjero, aprender elementos de la lengua, de comunicación, y también un cierto “german way of life”.

Exactamente ¿estos talleres dejan espacio al pasado, a la historia de cada uno o más bien, se enfocan hacia el futuro europeo o alemán que espera a estos jóvenes? 

Este taller no conoce estas problemáticas. Se sitúa en el aquí y el ahora. Con el grupo que está presente ese día. Sobre todo buscamos la diversión. Cierto, las cosas que aprenderán durante algunas horas podrán serles útiles en el futuro. Proponemos además a estos jóvenes ejercicios que los niños alemanes han aprendido en el colegio: dar palmadas en círculo, a escucharse, a estar cómodos en un grupo.

Usted trabaja y ha publicado numerosas obras y artículos de investigación sobre el tema de la interpretación escénica, musical y teatral. ¿Contribuyen estos talleres a sus investigaciones?

Este proyecto está incluido en un programa titulado “Learning by opering” financiado en cooperación con la Fundación de la Deutsche Bank y la Akademie Musik und Theater. Les hemos pedido financiar diez talleres ya que estos nos permiten acumular experiencia sobre este tema y alimentan y desarrollan nuestro trabajo de investigación. Tras cada taller ponemos por escrito lo que hemos aprendido, retenido en esas horas, lo que ha funcionado y que podríamos volver a utilizar, lo que no ha funcionado. Estamos en una investigación de calidad y de desarrollo constante.

Frente a iniciativas de particulares y de instituciones, sobre todo culturales, alemanas y en particular de Belín,  Francia no hace un buen papel. ¿Cómo nos explica este compromiso sincero y profundo por parte de un buen número de alemanes hacia los refugiados que han llegado estos últimos años?

Pienso que se trata de una reacción a las horribles imágenes que vemos en los medios de comunicación. Muchos alemanes tienen ganas de ayudar a esta gente que llega, es el aspecto positivo de la situación actual. El aspecto negativo es la formación de movimiento de extrema derecha, Pegida a la cabeza que nos recuerdan mucho el nazismo mientras que pensábamos que esta época ya estaba superada. También, muchas personas sienten que tienen que mostrar al mundo que Alemania no es la imagen que dan ciertos movimientos.

Todas estas acciones solidarias me han dado mucha fuerza y energía. Es un sentimiento formidable el constatar que muchas personas piensan lo mismo que yo y actúan. 

En alemán tenemos un adagio que dice “es gibt nichos gutes, außer man tut es” (no hay nada mejor, que lo que uno hace por sí solo”. Es muy de los 70, pero muchos alemanes siguen este precepto. “Learning by doing”, “learning by opering”, la gente es muy creativa. Muchas ideas se van abandonando pero otras prosperan, lo esencial es hacer, aprender haciendo. Y si una institución puede ayudar, todo el mundo puede ayudar. 

Además de estos talleres, el Junge Staatsoper pone en marcha otra acción para los hijos de inmigrantes que llegan a Alemania. 1.000 erste Wörter (“las 1.000 primeras palabras” ¿en qué consiste?

Vamos a los centros de refugiados y trabajamos con los niños en el aprendizaje del alemán mediante las canciones. La música es perfecta para aprender palabras, pero a menudo, son canciones difíciles, con gramática antigua o adaptada para que pegue con la melodía. Transformamos los textos para que sean más accesibles, al mismo tiempo que siguen siendo válidos.  Nuestro mejor ejemplo es “Bruder Jakob, Bruder Jakob, Schlafen Sie? ( Fray Santiago, ¿duermes tú?  se convierte en « Ich bin Jakob, ich bin Jakob, wer bist du ? » (« Yo soy Santiago, y tú ¿quién eres? »)