[spa] Egipto, cuando el Islam no basta

Artículo publicado el 8 de Julio de 2013
Artículo publicado el 8 de Julio de 2013

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El Presidente de Egipto, Mohamed Morsi, ha sido destituido por el ejército. Su sucesor, el juez constitucional Adly Mansour, ya ha jurado el cargo. El pueblo se ha vuelto a reunir en la plaza. Todo esto ocurrió entre la noche del miércoles y el jueves por la mañana. ¿Por qué un golpe de Estado justo ahora? Analicemos el contexto.

La actual situación económica en Egipto sigue siendo complicada. La elevada tasa de desempleo, sobre todo entre los jóvenes y los licenciados, y los bajos salarios sumados al peso de la corrupción, constituyeron los factores desencadenantes de la revuelta contra el régimen de Husni Mubarak en 2011. En este contexto, en el mes de junio del año pasado los Hermanos Musulmanes ganaron las elecciones liderados por Mohamed Morsi.

Durante este año de gobierno han insistido en la reforma moral y jurídica del país, bajo una nueva constitución y basándose en los principios de la sharia. Pero los islamistas no han hecho lo suficiente por la economía y han dado una imagen de debilidad en lo que respecta al desarrollo de políticas económicas claras y eficaces. Su prioridad política ha sido, y sigue siendo, la moralización de la esfera pública y, solo en parte, la disminución del papel del Estado en la vida de los ciudadanos. Todo esto, en un país como Egipto, donde el propio Estado está muy desarrollado y aún sigue dirigiendo varios sectores de la economía, principalmente a través del ejército.

Visto por los demás

Las tentativas por parte de Morsi de recuperar inversores y credibilidad económica en el extranjero han tenido un éxito menor que el esperado. Los acuerdos con el FMI aún siguen abiertos y las visitas del ahora expresidente a  Europa, concretamente a Alemania en enero, han sido poco productivas. Incluso los jeques del Golfo parecen haber perdido el interés en invertir en el nuevo Egipto.

Morsi era un buen candidato, pero hace un año: cuando se demostró capaz de aunar el espíritu urbano de la revolución de 2011 con la población agrícola de Egipto, mucho más tradicional. En efecto, la sociedad egipcia se encuentra profundamente dividida. Hay muchos estratos donde las tradiciones siguen profundamente arraigadas, sobre todo fuera de los grandes centros urbanos y en los barrios pobres de las grandes ciudades. Las demás fuerzas sociales se dividen en nacionalistas árabes (una mezcla de socialismo y nacionalismo con una pizca de religión) y fuerzas liberales con ideologías más occidentales. Los grupos nacionalistas árabes son los que han dirigido el país durante los últimos cuarenta años, desde la llegada al poder del joven oficial Nasser hasta el faraón Mubarak. Las fuerzas liberales de corte occidental prácticamente solo existen en los grandes centros urbanos, así como los movimientos sindicales y de cariz comunista. Los movimientos sindicales desempeñaron un papel decisivo en la revolución de 2011. Según diversos corresponsales occidentales, fueron mucho más determinantes que las redes sociales.

Otra vez en la Plaza Tahrir

Estas son las fuerzas que se enfrentan en este conflicto. La vieja guardia de militares nacionalistas árabes ha decidido retomar la iniciativa política frente a la escisión definitiva entre las fuerzas liberales e islámicas que, en un equilibrio demasiado precario, guiaban la fase de transición que siguió a la revolución. Probablemente quieran defender sus propios intereses económicos y su posición de poder relativo, aunque la apertura de la economía que piden los organismos internacionales no sea necesariamente la panacea para los problemas de Egipto, pues las privatizaciones se han conducido de forma muy opaca y ventajosa para una élite reducida, en detrimento de las fuerzas laborales y la distribución de los ingresos. Según algunos observadores, estas privatizaciones habrían impulsado los mecanismos que han exaltado las diferencias y llevado a la gente a la Plaza Tahrir.

Así, el pueblo ha vuelto una vez más a la plaza y los militares han aprovechado la ocasión para declarar el fin del experimento islámico moderado de Egipto. El futuro que seguirá a esta revolución aún es incierto. Dependerá de las alianzas y de los encuentros entre las fuerzas económicas y políticas. El mundo, mientras tanto, sigue observando.