[spa] Esculturas hechas de libros en edimburgo, 1º parte: libre para volar

Artículo publicado el 18 de Octubre de 2013
Artículo publicado el 18 de Octubre de 2013

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El 17 de agosto a las 2 y media una multitud se reunió en una librería en la Feria Internacional del Libro de Edimburgo. Estaban admirando una colección de pájaros de papel que habían aparecido de entre el gentío como por arte de magia. Los pájaros eran tanto un regalo de cumpleaños como el último paso del desarrollo de una larga saga en Edimburgo

Todo empezó una fría mañana verde en marzo de 2011, cuando un bibliotecario de la Biblioteca de Poesía Escocesa de Edimburgo descubrió en una de las mesas de la biblioteca un árbol en miniatura, exquisitamente trabajado en papel y montado sobre un libro. Esta flora de papel fue dejada de manera anónima, con una nota dirigida a @byleaveswelive (de las hojas vivimos), la cuenta de twitter de la biblioteca:

Empezó con tu nombre @byleaveswelive y se ha convertido en un árbol… Sabemos que una biblioteca es mucho más que un edificio lleno de libros… un libro es mucho más que páginas repletas de palabras… Esto es para vosotros como muestra de apoyo a las bibliotecas, los libros, las palabras, las ideas… un gesto (¿poético, quizás?).

A lo largo del año siguiente, aparecieron nueve regalos esculpidos más en lugares inesperados, ahora con números de edición hasta el 10. Un dragón de papel abriéndose paso para salir del cascarón de un huevo turquesa en el Centro Escocés de Cuentacuentos, acompañado de las maravillosas palabras: “Érase una vez un libro, y en el libro había un nido, y en el nido había un huevo, y en el huevo había un dragón y en el dragón había una historia…”. En la sección de ficción de la Biblioteca Central de Edimburgo se encontró una lupa de papel que rezaba "Las bibliotecas expanden". 

Incluso después de que apareciera la escultura 10/10 ("guantes de pelo de abeja, gorra de alas de carrizo", inspirada en el poema Regalos de Norman MacCaig), una vez más en la Biblioteca de Poesía Escocesa, continuaron apareciendo inesperados regalos de papel para el deleite del público escocés. Los visitantes de la Feria Internacional del Libro de Edimburgo en 2012 se encontraron rosas de papel diseminadas por el recinto ferial y en otoño, en la Semana del Libro en Escocia, se vivió una búsqueda del tesoro a nivel nacional en pos de los extraordinarios artículos durante toda la semana. Más recientemente, en la primavera de 2013, la Biblioteca de Poesía Escocesa recibió como obsequio tres huevos de papel y cuando subieron las temperaturas, llegó un camión ambulante a la Ciudad de la Literatura.

La maleta llegó con un mensaje: que cualquiera interesado en ver el desarrollo de la saga debía seguir a @_freetofly_ en Twitter. Durante las siguientes semanas, en una maravillosa demostración de cómo las nuevas tecnologías pueden unir a las personas, lectores de Escocia y otros lugares se reunieron a través de @_freetofly_ e intercambiaron sus libros favoritos, construyendo una biblioteca virtual y proclamando a voz en grito por qué la alfabetización es sinónimo de libertad. Cuando comenzaron las ferias en Edimburgo en agosto, hubo una oleada de actividad, insinuaciones de plumas y susurros de palabras. Finalmente, el 16 de agosto, el todavía anónimo @_freetofly_ anunció que los pájaros se posarían en la Feria del Libro al día siguiente a las 2.30 y estarían esperando a ser liberados.

Lo que nos lleva a la tarde del 17 de agosto, cuando blogueros, fotógrafos y ratones de biblioteca acechaban en la librería de la feria, atraídos no tanto por la idea de una primicia, sino emocionados como niños ante este Papá Noel literario, esta entrega secreta de hermosos objetos. Y efectivamente, cuando las manillas de nuestros relojes se aproximaban a y media, algunos de los empleados de la Feria del Libro se sumieron en un bullicioso ajetreo, transportando lo que parecían bolsas de basura azules. Y, en cuestión de segundos, treinta pájaros de papel enjaulados adornaban el centro de la librería.

Tres de los pájaros más grandes eran un regalo para la misma Feria del Libro, incluida una escultura de un cuervo en memoria de Iain Banks, un autor escocés muy querido, que falleció repentinamente en mayo de 2013. Otra de las esculturas estaba dedicada al periódico The Guardian, el cual patrocina gran parte de la feria del libro.

Sin embargo, los 26 restantes eran más pequeños: petirrojos, mirlos, tordos y zancudas.

Todos ellos llevaban una cita de uno de los muchos lectores que habían ayudado a @_freetofly_ a construir su biblioteca virtual, recordándonos por qué los libros importan.

Estas aves de jardín estaban allí para llevarselas, siempre y cuando sus nuevos dueños siguiesen las instrucciones de las etiquetas. Los pájaros habrían de ser liberados de sus jaulas y dejados, dependiendo de las instrucciones, en la cafetería, biblioteca o librería preferida.

Por eso es por lo que esa soleada tarde dejé la plaza Charlotte Square aferrando una jaula de pájaro firmemente contra el pecho y cavilando acerca de cuál era el último lugar donde había tomado una buena taza de café. Ese pájaro todavía tenía una odisea ante sí, antes de poder meter la cabeza cómodamente bajo el ala. Pero esa, amigos míos, es una historia para otra ocasión.