[spa] GEORGIA: ENAMORARSE DE UN GOLPE DE CABEZA

Artículo publicado el 29 de Octubre de 2013
Artículo publicado el 29 de Octubre de 2013

Atención, este artículo no ha sido revisado ni publicado en ningún grupo

El Cáucaso está lleno de tradiciones a cual más originales. Una de ellas requiere que el joven enamorado rapte a su media naranja. Su detención tiene como objetivo hacerla considerar, con serenidad, una boda con su secuestrador. Georgia tampoco se salva. 

« En mi vida, he participado en una quincena de secuestros », asegura entre dos copas de vino kajetiano Guiorgui, un georgiano de unos cincuenta años. Además de mi mujer, he secuestrado a mujeres para amigos. Generalmente, la cosa andaba bien. Ponemos a la mujer en el maletero y arrancamos a toda velocidad. Solo a veces, estamos obligado de dejarla medio inconsciente.  Secuestrar a su media naranja es una tradición ancestral en las recónditas regiones del Cáucaso. Con la ayuda de amigos, los jóvenes caucásicos raptan a una mujer, y después la secuestran  durante un periodo de tiempo que de manera general no suele exceder tres o cuatro días. Al cabo de ese intervalo de tiempo, el hombre le pide a la mujer si se quiere casar con él, o no. En caso de respuesta negativa,  la secuestrada es habitualmente devuelta a su familia en el más breve plazo posible.

ANTE TODO, EL AMOR ES UN GRAN GOLPE EN LA CABEZA

« He sido secuestrada durante cuatro o cinco días hace ya unos veinte años, declara Elena, una magnifica mujer de unos cuarenta años.  Volvía de la universidad. Una vez delante de mi casa, me golpearon la cabeza. Me tiraron en el asiento trasero. Cuando recupere la consciencia, me di cuenta que el hombre que me secuestraba era un chico de mi escuela que no soportaba. Me llevo a su familia, en el campo. Me dijo que no podía irme, que yo necesitaba un par de días para meditar sobre el matrimonio. A pesar del golpe en la cabeza, no me toco.”

“Mi familia me buscaba, continua Elena. Finalmente, llamaron a la policía, quien me encontró. No presenté ninguna denuncia, no quería que fuese a la cárcel. No volvió a molestarme. El segundo hombre que me secuestro lo hizo sin violencia. Me case con él y le di una hija.”

4 bodas y muchos secuestros

El origen de esa práctica poco común es bastante vago. Algunos invocan el episodio bíblico del secuestro de las hijas de Silo. Desde entonces, ¿cómo explicar que las poblaciones musulmanas, tanto del Cáucaso como las de Asia central, secuestran a su media naranja? Otra teoría acusa al puritanismo, propio a las poblaciones montañesas del Cáucaso. Las mujeres estaban muy vigiladas, disponían de muy pocas ocasiones para ligar ante un género masculino con mal de amor. En Georgia, cada chica tenía un “patroni”, un hombre de la familia encargado de vigilar todos sus movimientos. Al pretendiente desesperado, solo le quedaba una solución: el secuestro. “Es probablemente por culpa de los patroni que empezó esta práctica, afirma Guiorgui, nuestro secuestrador en serie. Después, le hemos tomado gusto”.

Por desgracia, la universalización afecta también al Cáucaso. Antiguas tradiciones desaparecen, diluidas en el puré esterilizado de los nuevos valores mundiales. Golpear a una mujer con una maza ya no está considerado como una prueba de amor. Encerrarla en un maletero tampoco. La policía georgiana esta alerta. 

PD: A pesar de toda mi buena voluntad, no he podido participar yo mismo en un secuestro. Hasta mi nacionalidad belga, no obstante una prueba de experiencia en este campo, no me resulto útil. Tengo que decir que los secuestros se organizan en el mayor secreto, por miedo a la policía. En el caso de que se me presente una oportunidad, evidentemente os comunicaré mis impresiones (y las de la mujer secuestrada).

Este artículo ha sido previamente publicado en le blog de l'au­teur