[spa] Jan-Ole Gerster: "Soy el Frankenstein de todos mis héroes"

Artículo publicado el 4 de Diciembre de 2013
Artículo publicado el 4 de Diciembre de 2013

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El director de cine, joven promesa de Alemania, cuya película debut Oh Boy (2013) ha acumulado elogios y premios, nos cuenta de sus inspiraciones, del apocamiento alemán y de por qué no quiere ser comparado con Guy Ritchie.

Jan-Ole, ¿en qué ra­di­ca la vi­gen­cia uni­ver­sal de tu pri­me­ra pe­lí­cu­la?

Creo que se ve que la pe­lí­cu­la no fue hecha para ir de­trás del éxito. Es en blan­co y negro, tiene un pro­ta­go­nis­ta pa­si­vo. En cier­ta ma­ne­ra po­dría­mos decir que la pe­lí­cu­la re­to­ma un sen­ti­mien­to con el que puede iden­ti­fi­car­se mucha gente que se mueve en un mundo que con fre­cuen­cia les re­sul­ta ex­tra­ño. Y esto aun­que en reali­dad uno tiene a su dis­po­si­ción todas las opor­tu­ni­da­des y sin em­bar­go no sabe exac­ta­men­te si eso que sa­tis­fa­ce es una vida feliz. ¿Por qué una so­cie­dad, a la que teo­ré­ti­ca­men­te cada vez le va mejor, es cada vez más in­fe­liz?

¿Esto es así? ¿Cada vez somos más in­fe­li­ces?

¿Por qué es­ta­mos tan que­ma­dos, tan de­pri­mi­dos? Nues­tra so­cie­dad es cada vez más sana, más libre, ofre­ce más igual­dad de opor­tu­ni­da­des, nues­tras pro­pias vi­vien­das, los niños se hacen ma­yo­res, pue­den ir a la uni­ver­si­dad y hacer prác­ti­cas en un des­pa­cho de di­se­ño de pá­gi­nas web hasta que tie­nen 31 años. Estas opor­tu­ni­da­des ili­mi­ta­das pue­den con­ver­tir­se tam­bién en una pri­sión. Mi pro­ta­go­nis­ta tie­ne en cual­quier caso pro­ble­mas con ese mundo de ahí fuera.

¿Qué co­no­ci­mien­tos ne­ce­si­ta un joven di­rec­tor en este mundo des­gra­cia­do hoy en día?

El único con­se­jo que puedo dar: No tiene nin­gún sen­ti­do do­ble­gar­se. Creo que uno ve en mi pe­lí­cu­la que la hice con poco pre­su­pues­to y mucha di­ver­sión. Puede ser que mu­chos se sien­tan in­ti­mi­da­dos para rea­li­zar un de­ter­mi­na­do ma­te­rial que no siga las ten­den­cias ac­tua­les. ¿Qué quie­re ver la gente ahora mismo? ¿Algo como Re­sa­cón en Las Vegas? Yo siem­pre es­ta­ría a favor de que uno se li­be­re de se­me­jan­tes ideas. Es una pena si las pri­me­ras pe­lí­cu­las ya son tan pla­nas y poco pro­ble­má­ti­cas.

¿Cómo de­fi­nes buen cine?

En Broke Back Moun­tain es­tu­ve sen­ta­do al lado de hom­bres su­per­he­te­ros que llo­ra­ron. Va de lo uni­ver­sal de esa his­to­ria de amor. Ang Lee, que es de China y en reali­dad hace ta­qui­lla­zos su­per­ame­ri­ca­nos, lo con­si­gue. Es algo más que sólo un cow­boy en Mon­ta­na. O Xa­vier Dolan. Tiene ahora mismo 25, es joven y atrac­ti­vo... lo odio. Lau­ren­ce Any­ways me tuvo pen­sa­ti­vo du­ran­te se­ma­nas. Pero el cine tiene que pe­lear más hoy en día. En los años 60 y 70 eran las me­jo­res pe­lí­cu­las al mismo tiem­po tam­bién las que más éxito te­nían, hoy eso ya no es así.

A tí te ins­pi­ra la Nou­ve­lle Vague (Nueva Ola). ¿Hay una ola ac­tual en el cine ale­mán?

Yo tenía claro que de esta ma­ne­ra mis pro­ta­go­nis­tas son vi­si­bles en la pe­lí­cu­la. Adoro a Truf­faut, Allen, Go­dard, Jar­musch y todos los demás. Soy el Fran­kens­tein de todos mis hé­roes. Por su­pues­to que me ale­gra que se me com­pa­re con todos esos gran­des pues sólo soy un mal­di­to alumno. No sé lo que hago. Sin em­bar­go estoy con­ten­to de que nadie me haya com­pa­ra­do con Guy Rit­chie. Cuan­do pien­so en el cine ale­mán veo una di­ver­si­dad real sin una di­rec­ción clara. No tengo la im­pre­sión de que ten­ga­mos en Ale­ma­nia un mo­vi­mien­to ci­ne­ma­to­grá­fi­co. Es­ta­ba por su­pues­to la Ber­li­ner Schu­le (Es­cue­la Ber­li­ne­sa), pero yo no per­te­nez­co a ella. Tam­bién pien­so que ni si­quie­ra me acep­ta­rían como miem­bro. Uno de los ma­yo­res di­rec­to­res del grupo es Ch­ris­tian Pet­zold [Bar­ba­ra (2012)]. Pero si una pe­lí­cu­la como Goodb­ye, Lenin o La vida de los otros per­te­ne­ce a la Ber­li­ner Schu­le, ¿a quién le im­por­ta?

¿Por qué te son tan im­por­tan­tes las reali­da­des ale­ma­nas?

Una pe­lí­cu­la que se desa­rro­lle en el día a día ber­li­nés sin abor­dar estos temas sería para mí ale­jar­se de la reali­dad. Si vives en Ale­ma­nia te ves con­ti­nua­men­te en­fren­ta­do con ese fan­tas­ma del pa­sa­do. Y Oh Boy no es más que la bús­que­da de lo co­ti­diano y la iden­ti­dad. A me­nu­do pien­so sobre la repu­tación ale­ma­na, sobre nues­tra iden­ti­dad, es­pe­cial­men­te cuan­do viajo. Fuera no soy Jan-Ole Gers­ter el di­rec­tor, sino Jan-Ole Gers­ter el di­rec­tor ale­mán. E in­clu­so cuan­do yo no tengo nada que ver con el pa­sa­do ale­mán sigo te­nien­do esa sen­sa­ción de arras­trar con­mi­go un peso por el que soy res­pon­sa­ble. Hoy lee­mos los pe­rió­di­cos, ha­blan de Gre­cia y An­ge­la Mer­kel lleva un uni­for­me nazi. Sigue es­tan­do ahí fuera.

La ca­pi­tal ale­ma­na juega uno de los pa­pe­les clave en tu pe­lí­cu­la.

Vine en el año 2000 a Ber­lín y la gente pen­sa­ba que era de­ma­sia­do tarde, que hacía tiem­po que la fies­ta se había aca­ba­do. Y ahora yo les digo lo mismo a los vein­tea­ñe­ros que vie­nen a es­tu­diar o tra­ba­jar. Ber­lín no es bo­ni­ta como París o Bar­ce­lo­na. Las ciu­da­des deben evo­lu­cio­nar, la pre­gun­ta es sim­ple­men­te en qué di­rec­ción. La Es­ta­ción Cen­tral, Spreeu­fer, Post­da­mer Platz, ¿son estos los sím­bo­los de una na­ción reuni­fi­ca­da? East Side Ga­llery, Ta­che­les, ¿de­ci­sio­nes que van en la di­rec­ción co­rrec­ta? Oh Boy es mi vi­sión per­so­nal de la ciu­dad, nada más. Al prin­ci­pio, cuan­do lle­gué a Ber­lín, me gus­ta­ba ese en­can­to en des­com­po­si­ción de la RDA en com­bi­na­ción con la sub­cul­tu­ra ber­li­ne­sa. En el año 2000 Ber­lín era un gran par­que de jue­gos para gente joven. Amé la ciu­dad. Niko in­ten­ta no hacer nada y yo in­ten­to junto a él de­te­ner el tiem­po. Una vez quise parar el reloj antes de que todo con­ti­nua­se tan rá­pi­do como ahora.