[spa] Renzi SUSTITUYE A lETTA COMO PRIMER MINISTRO ITALIANO

Artículo publicado el 22 de Febrero de 2014
Artículo publicado el 22 de Febrero de 2014

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Tras apenas diez meses como primer ministro, Enrico Letta ya está fuera de la escena. Es el turno de Matteo Renzi, quien ha infundido cierto optimismo, que sin embargo esconde la incómoda realidad, y es que, como sus dos predecesores, Renzi tampoco ha pasado por las urnas. ¿Quién es exactamente el nuevo líder de Italia al que los italianos no han elegido?

El juramento de los boy scouts americanos es entusiasta, y quizás un poco ingenuo: "daré lo mejor de mí mismo para cumplir con mi deber, con Dios y con mi patria y para ayudar a los demás en todo momento, para mantenerme físicamente fuerte, mentalmente despierto y moralmente justo". En uno de los primeros capítulos de Días Felices, Fonzie, con un entusiasmo parecido y con una retórica determinada, afirma: "no eres nadie hasta que no haces lo que quieres". En ambos casos, el optimismo es tangible. La energía es casi contagiosa. A la seguridad en uno mismo y al espíritu de iniciativa se une una cierta chulería que podríamos considerar o bien adorable o por el contrario insufrible. Sin duda la persona que reúna estas características provocará opiniones divididas y levantará polémica.

Los italianos -cuya afición por quejarse es bien conocida- tienen ahora, muy oportunamente, al hombre que encaja a la perfección con la anterior descripción. Este híbrido entre boy scout y Fonzie se llama Matteo Renzi, y el pasado sábado 22 de febrero se convirtió en el nuevo Primer Ministro italiano. Aunque es un logro considerable para el joven alcalde de Florencia -una ciudad relativamente pequeña- cabe recordar el hecho de que Italia últimamente es conocida por su racha de primeros ministros no elegidos por los ciudadanos, cuya misión es siempre la de intentar mantener el país a flote hasta una coyuntura económica más favorable. Berlusconi dejó su cargo durante su cuarto consejo de ministros en noviembre del 2011, y desde entonces el país ha sido testigo de un ir y venir de Jefes de Estado: Mario Monti, el tecnócrata; Pierluigi Bersani, el líder del Partido Democrático que acabó en el ojo del huracán tras las inconclusas elecciones de febrero del 2013, y Enrico Letta, a quién se le encargó liderar un gobierno de coalición tambaleante después de que Bersani tirara la toalla. Y ahora Renzi sustituye a Letta: el tercer Primer Ministro en dos años y medio que no ha sido elegido por los ciudadanos.

Hay varias cosas que distinguen a Renzi de sus predecesores. Los medios de comunicación se han encargado de mencionar dos de ellas hasta la saciedad: sí, es "joven" y sí, es "ambicioso". Con 39 años, puede presumir de una trayectoria brillante como presidente de la provincia de Florencia, alcalde de Florencia, y secretario del Partido Democrático -por no mencionar su rotunda escalada desde una posición provincial a la del político del que más se habla en Italia. Su nombre ya se asocia a la exasperación del electorado italiano tras décadas de dominación política por los habituales políticos ancianos. Y es que en el 2012, Renzi no parecía muy interesado en escalar posiciones en política, y se ocupó más bien de la lucha por renovar la clase dirigente. Desde entonces, atrajo todas las miradas, y como era de esperar, perdió las elecciones primarias de centro-izquierda en diciembre del 2012. Eso sí, a toro pasado, su fracaso en las urnas fue más bien una bendición: Renzi recibió numerosos elogios por la elegancia con la que admitió su derrota en un país en el que la objeción y el criticismo hacia prácticamente cualquier cosa son la norma. Durante un tiempo, volvió a su amada Florencia, y retomó su frecuente actividad en Facebook y Twitter.

Saltémonos unos cuantos capítulos hasta llegar a la actualidad. El torrente de noticias sobre Renzi en las redes sociales había decaído en las últimas semanas, pero los italianos se desmelenaron en todo tipo de plataformas cuando este hizo pública su intención de destronar a Letta. Muchos hacían comentarios sarcásticos mostrando trozos de viejas entrevistas en las que Renzi declaraba su apoyo incondicional al Primer Ministro; la gente desenterró algunas de sus declaraciones pasadas en las que afirmaba que nunca sería Jefe de Estado. Para algunos, Renzi ahora está mostrando su verdadera cara como buitre ávido de poder; para otros, por el contrario, ha demostrado con creces que tiene ambición e iniciativa en un momento crítico. Muchos otros simplemente aguardan con resignación, esperando comprobar si Renzi dura más que sus predecesores, o si el asiento de Primer Ministro en Italia está maldito.

Probablemente Renzi pone el corazón donde toca. Tiene determinación, energía, y sin duda seguridad en triunfar donde otros han fracasado, es decir, en la tarea de preservar una débil mayoría en el Parlamento, que tendrá que compartir con el sucesor forzoso de Berlusconi, mientras se encarga de cambiar diversas leyes repletas de fallos y mantener la economía italiana a flote. De lo que más se le acusa es que su retórica cursi y sus eslóganes fáciles no le ayudarán a gobernar un país que, en este momento se está superando a sí mismo en términos de alboroto y caos.

Renzi tendrá que demostrar que es algo más que un Fonzie pretencioso que logra sus objetivos y que gobernar Italia no acabará con su salud y con sus valores morales (un riesgo muy real para los aspirantes a primer ministro). Basta pensar en Berlusconi y sus fiestas Bunga Bunga o en sus sórdidos juicios, o en Letta, que en los últimos seis meses ha envejecido a una velocidad récord.

Curiosamente, tanto sus detractores como sus defensores coinciden en afirmar que Renzi es un producto perfecto de su tiempo. Su naturaleza joven, fresca y determinada puede volverse tan endeble como sus edificantes declaraciones y hashtags sobre "cambiar Italia juntos". Sin embargo, hasta ahora, es precisamente su fugaz entusiasmo el que ha atraido la atención de aquellos que, como muchos de nosotros, tienen un periodo de atención preocupantemente corto y se acontentan con acontentamos con leer por encima los titulares de cada día, prefiriendo cualquier declaración sensacionalista y superficial en lugar de hechos reales y con sustancia. A nadie le va a sorprendr que Renzi termine por preferir la superficie en lugar del contenido. Eso sí, a muchos sorprenderá gratamente si Renzi es capaz de hacer que sus promesas suenen mejor que las de sus predecedores, y si además logra transformar en acciones reales el entusiasmo y vivacidad que le han llevado al lugar que ocupa hoy.