[spa] Warsaw Hussars: Críquet a la polaca

Artículo publicado el 4 de Junio de 2016
Artículo publicado el 4 de Junio de 2016

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Varsovia. Una callejuela estrecha lleva entre los árboles del Bosque Bielański (pl. Las Bielański) hasta el terreno del Club Deportivo Hutnik (pl. Klub Sportowy Hutnik). Es aquí, donde entrenan los miembros de Warsaw Hussars Cricket Club (WHCC) – el primer y, por ahora, el único club de críquet en Polonia – en el que juegan, principalmente, los polacos.

Cada fin de semana se entremezclan aquí: el murmullo de los árboles, rugido de los camiones que transitan el Puente de Maria Skłodowska-Curie, chillido de los niños que vienen a pasear con sus padres, gritos de los hinchas que animan a los futbolistas de Hutnik, disparos provenientes del campo de tiro de al lado y, por fin, el seco chasquido emitido por la pelota de corcho al chocar con un palo de sauce.

"Las reacciones de la gente son, más bien, positivas" – dice Jakub (Kuba) Błażejczyk, el presidente y cofundador del club WHCC – pregutado por si, de casualidad, a los miembros no se les trata como a un pandilla de locos. "Aunque, a veces, ocurre que la gente se ríe y grita: <<o, baseball!>>. Es algo entendible, porque el críquet, simplemente, no existe en la conciencia de los polacos."

Asiento, volviendo mis pensamientos hacia mis propios amigos que preguntaban: "¿Críquet? ¿Es aquello con caballo o con martillos?"

"No me desanimo, cuando la gente pregunta: ¿dónde están nuestros caballos?" – se ríe Kuba. "Aunque hay en esto una paradoja. Al fin y al cabo, es un deporte más conservador que existe – las reglas no han cambiado desde hace 250 años. Debería gustarles a los polacos."

El deporte más conservador del mundo

Si ya tenemos claro, que en el críquet no se montan los caballos (polo) y que tampoco es el deporte al que juagaba Alicia en el País de las maravillas (croquet), ¿de qué se trata, entonces? Palos que se parecen a remos, partidos de cinco días, campo ovalado de 120-40 metros de diámetro (sic!) - y, para rematar: unas reglas de juego increíblemente complicadas y un sistema de puntuación que requiere la asistencia de dos jueces independientes durante todo el encuentro. ¿Simple? Claro, que no. No mencionado ya, de dónde sacar en Polonia el equipamiento para el juego y cómo promover una disciplina que carece de nomenclatura en el idioma local.

Kuba sonríe con un optimismo impecable. "Estamos elaborando una traducción de las reglas del juego al polaco – es una de las condiciones para crear una asociación nacional de críquet en nuestro país. En cuanto al equipamiento y los trajes – estos se pueden comprar por Internet."

Empiezo a sumar. Cuota de socio, alquiler del campo de juego, equipamiento, salidas a los torneos (el último a Viena). Allí, en un lugar recóndito de mi cabeza regresa una imagen estereotípica de un chico graduado en Oxford, vestido de arriba abajo de un traje perfectamente blanco. Tiene el palo de críquet provocativamente echado al hombro, bebe solamente whisky puro de malta y es asquerosamente rico. ¿Es críquet un deporte para pijos y lores?

"Practicar críquet como un aficionado no es caro, para nada." - explica Kuba. "El equipamiento se puede conseguir por unos 200 PLN (50 EUR) – lo cual se equivale al precio de una mala raqueta de tenis."

"Además, hoy en día, un jugador de críquet típico es, más bien, un hindú. En la India críquet es, en este momento, mucho más popular que en Gran Bretaña. Para los hindúes es un deporte nacional, no mencionando ya su dimensión poscolonial. Más de un 90% de la sociedad se interesada por el críquet al corriente – ve partidos, juega en la calle. Busca <<street cricket>> en el Google – verás cómo juegan en todas partes y con todo con que se puede: rebotan la pelota con una zapatilla o una tabla".

Busco a través del Google. Doy con un vídeo en el que un turista americano se junta al partido, que se está jugando en los escombros de un bloque de pisos arruinado de algún barrio en Dehli. En otro veo a un jugador que está apuntando con la pelota hacia el wicket (la portera) hecho de un taburete de tres patas. Estoy viendo a los críos (de ambos sexos) jugando en los patios y en las calles estrechas y a los hombres de mendiana edad jugando una tarde de domingo en el medio de una calle concurrida de varios carriles.

No es, entonces, un juego sólo para lores.

"El deporte al que se juega en vaqueros no echará raíces en Polonia"

La responsabilidad por la promoción y organización del críquet en el mundo recae sobre el Consejo Internacional de Críquet (International Cricket Council, ICC), que reúne a 106 países. Solamente 10 de ellos cuentan con llamado test status. Inglaterra, Australia, RPA, India, Nueva Zelanda, Pakistánun vistazo a la lista de los países da una imagen sobre esto, quién gobierna en el mundo de críquet. La mayoría de los equipos, entre ellos, representaciones nacionales, están compuestos por los miembros de la diáspora hindú y británica. Son ellos, los que traen consigo el críquet a los países a los que emigran; también son ellos, los que, de manera natural, crean los primeros equipos. El ICC se limita a respaldar las estructuras ya existentes. El concepto del Hussars varsoviano es algo diferente.

"Nuestra prioridad es la promoción del críquet entre los polacos como una disciplina deportiva." – explica Kuba. El primer equipo de críquet en Polonia fue Warsaw Cricket Club, fundado en los años 90 por los miembros de la diáspora hindú. De hecho, fue allí, dónde empezaban los fundadores de Warsaw Hussars. En este instante, 13 de los 15 miembos del WHCC son polacos, lo cual puede verse como una excepción. En toda Europa, el críquet de los nativos está gateando. En realidad, somos nosotros los que indicamos el camino a otros equipos. Hay que subrayar que sólo un desarrollo de la disciplina a largo plazo en un país en cuestión tiene sentido solamente a través de promoverla entre los habitantes locales." Sería difícil no estar de acuerdo con esta opinión – en otras condiciones un deporte no podría asentarse en la cultura de un país. Aparece y desaparece junto con las olas migratorias de la sociedad en cuestión.

Kuba habla de la existencia dos variedades de críquet: la hindú y la británica. Lo que cuenta en la primera de ellas es la rivaldad, en cuanto a la otra, esta pone hincapié en la dimensión social del juego – en Gran Bretaña, el críquet es una forma de entretenimiento familiar. ¿Cuál de las dos variedades del juego va adaptarse en Polonia?

"Ninguna. Los polacos no se tomarían en serio a un deporte en el que se sale al campo llevando vaqueros, pero tampoco se aceptaría la visión británica de un campo perfectamente cortado, en provincia, en el que se pasa un día entero o cinco incluso días seguidos. Tenemos que trabajar sobre una híbrida polaca."

Tras un instante, Kuba añade: "Queremos convencer a los polacos que vale la pena entender este juego. Basta con observar 5 minutos del partido con alguien quien conoce las reglas – esto, de verdad, no es difícil, sino distinto."

 ¿Y para qué hacer todo esto?

Es fácil de entender el por qué en Polonia juegan a críquet las personas provenientes de los países, en los que este juego es un deporte nacioal. Pero, ¿quién y por qué, de repente, decide dedicarse a practicar una disciplina desconocida en su país?

Yo misma participé en un primer entrenamiento hace ya casi un año. A veces, hacía de árbitro. Conozco en persona a los miembros del equipo y sigo sin encontrar un elemento en común que compartan todos ellos. El miembro más joven de WHCC tiene 13 años y el más mayor 42. Al club pertenecen, entre otros, un indólogo, un estudiante de instituto, un locutor de radio, un trabajador de una corporación, estudiantes de administración y de bellas artes y un guardaespaldas. Una parte de ellos es de derechas, otra de izquierdas. Algunos llevan a diario un traje y otros un chandal. "De hecho, ni siquiera todos de nosotros hablan inglés." - reconoce Kuba.

Intento por otro camino. Pregunto por cómo se habían enterado del juego – tal vez se me haya escapado algo. ¿Tal vez, exista algo que transforma a los polacos en apasionados jugadores de críquet? Resulta que hay múltiples y diversos caminos que llevan hacia el críquet. "Estaba viendo transmisiones deportivas de otros países y vi un partído de críquet". "Fui a la India y me interesé a qué se jugaba allí". El mismo presidente del club, por primera vez, escuchó hablar de críquet en las clases de inglés. Su profesor oriundo de Australia comprobaba los resultados de un partido durante la clase.

Sigo sin dar en el clavo. Me quedo solamente con una pregunta ingénua: ¿por qué te gusta el críquet? "Es totalmente distinto a todos los demás deportes de Europa". "Mola practicar un deporte diferente". "Me pareció interesante, atípico".

¿Es, pues el hipsterismo? Tal vez, sin embargo, cuando yo misma entro en el rol de árbitro, me doy otra respuesta. Después de tres semanas de asarme a un sol inaguantable y de observar, como un grupo de tíos persigue a una pequeña pelota roja, aparece la explicación: el críquet no acepta compromisos. De la misma manera, que el ajedrez, go y mecánica cuántica – este deporte les promete una muerte de aburrimiento a todos los observadores casuales y unas emociones que llegan al límite, a todos aquellos que hagan el esfuerzo por ententer sus reglas.

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Cada año, WHCC organiza CEE Native 6c Cricket Cup – el único torneo en Europa para los equipos fundados por los jugadores nacidos en los países del Viejo Continente.

Los Húsares hablan de críquet con muchas ganas – podéis contactar con ellos a través del correo: warsawhussarscc@gmail.com