Špidla: “La liberalización de los servicios es un derecho”

Artículo publicado el 24 de Octubre de 2005
Artículo publicado el 24 de Octubre de 2005

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Vladimír Špidla es Comisario de Empleo y Asuntos sociales. En una entrevista exclusiva con café babel examina el futuro de la Europa social desde la "Agenda Social 2005-2010" a la liberalización de los servicios.

Antiguo Primer Ministro checo, líder del partido socialdemócrata CSDP entre 2001 y 2004, nacido en Praga, Vladimír Špidla forma parte de la Comisión Barroso desde el pasado mes de noviembre. Figura emblemática de la élite política de la "nueva Europa", evoca "sin tabúes" la necesidad de reformas sin sacrificar la identidad social del continente.

Cinco años después de la puesta en marcha del Proceso de Lisboa, ¿se han alcanzado los "objetivos 2010"?

El balance de los cinco primeros años de la Estrategia de Lisboa es moderado y debería evaluarse teniendo en cuenta el contexto económico poco favorable. A modo de ejemplo, nuestra tasa anual de crecimiento económico se ha dividido casi por dos, pasando de cerca del 3% entre 1998 y 2000 al 1,5% de media desde 2001. Estos resultados se explican en parte por una serie de choques externos a nivel mundial, pero también por razones internas, en especial por la debilidad de la demanda interior en varios países de la Unión, así como por nuestra incapacidad relativa para promover y poner en marcha reformas que favorezcan el crecimiento y el empleo. Aunque el crecimiento del empleo se ha mantenido ligeramente positivo y la tasa de empleo (especialmente la de mujeres y trabajadores mayores) ha seguido aumentando, los objetivos fijados para el horizonte de 2010 están aún muy lejos. La aceleración de los cambios económicos y el envejecimiento demográfico hacen que la acción sea aún más urgente.

¿Cuáles son sus planes para que la Agenda Social 2005-2010 decidida la primavera pasada relance la Estrategia de Lisboa y dé resultados rápidamente?

Es necesario salir del círculo vicioso en el que un crecimiento escaso y reformas estructurales inconclusas lastran los resultados de la Unión. Para ello, hay que maximizar las sinergias, en especial en el campo de la innovación y las políticas de empleo. Del mismo modo, hay que fijar un rumbo y fortalecer la confianza de los actores económicos. La segunda condición es apropiarse mejor de la Estrategia de Lisboa. Para ello, hace falta una nueva asociación a todos los niveles, sobre todo entre la Unión y los Estados miembro. Sin duda, la estrategia precedente ha sufrido a causa de una gran confusión sobre el papel y las competencias de cada administración. Debemos ser claros sobre las responsabilidades de cada uno. Los Estados miembro se han comprometido a presentar este otoño "programas nacionales de reformas" que respondan a las líneas directrices para el crecimiento y el empleo. La Comisión, por su parte, ha presentado un "programa comunitario de Lisboa" que proporciona una serie de iniciativas proyectadas a nivel europeo en los campos del empleo, los asuntos sociales y la igualdad de oportunidades.

¿Qué hay de la famosa directiva de servicios -denominada Bolkenstein- que fue objeto de vivas críticas y constituyó incluso uno de los argumentos de los partidarios del "No" en el referéndum francés?

La liberalización de los servicios es el complemento perfecto de la libre circulación de trabajadores, algo que nos hemos esforzado en promover en toda Europa. Esta liberalización no sólo contribuirá al objetivo europeo de más empleos y empleos de mayor calidad, sino que es también un derecho. Es una de las libertades fundamentales de la Unión. Por desgracia, la votación sobre la directiva de servicios en el Parlamento Europeo acaba de aplazarse hasta el próximo año. Espero que este periodo de espera permita a las distintas partes llegar a un acuerdo sobre la forma que podría tomar la directiva para beneficiar a todos nuestros conciudadanos, tanto en su calidad de consumidores como de trabajadores.

A finales de octubre, la Presidencia británica celebrará una cumbre informal para reflexionar sobre la "viabilidad del modelo social europeo". ¿Existe este modelo social europeo?

El "modelo social europeo" no es una norma general a imitar, y es evidente que la Unión no puede jugar el papel de un Estado social nacional. El debate debería partir, por tanto, de los valores que compartimos, empezando por la preocupación de los europeos de conciliar buenos resultados económicos y justicia social. Éste es un proyecto de futuro. Nuestro objetivo es hacer todo lo posible para preservar esta identidad común, incluyendo poner en marcha reformas profundas de nuestras políticas e instituciones. No debe haber tabúes.

¿Piensa que como resultado de esta reflexión sobre el modelo social europeo la Unión Europea y los Estados miembro estarán en condiciones de proponer un nuevo contrato social a sus ciudadanos?

Europa debe hacer frente en la actualidad a importantes desafíos: su capacidad, demasiado débil, para crear crecimiento y empleo; su diversidad creciente, tras la ampliación; finalmente, conseguir su adaptación a transformaciones de gran calado. La Cumbre debería responder a tres cuestiones clave para el futuro del "modelo social europeo". Nuestras economías necesitan más flexibilidad. Es ahí donde la experiencia nórdica es capital, ya que estos países han sabido "reinventar" su especialización, su protección social, sus políticas sociales y su administración pública gracias a nuevas seguridades. Los países con mejores resultados también han llevado a cabo conjuntamente reformas económicas y sociales. Esta aproximación global a un modelo europeo que combina buenos resultados económicos y solidaridad debería ser un mensaje fuerte de la Cumbre. por último está el buen gobierno. Los actores sociales deben implicarse y hacer frente a sus responsabilidades, mientras la administración pública debe ser eficaz y eficiente.