“Stadtlichh”: el hijo deseado de la prensa hamburguesa

Artículo publicado el 28 de Noviembre de 2012
Artículo publicado el 28 de Noviembre de 2012
¿Las publicaciones en papel han muerto? ¡Venga ya! Martin, Valerie, Ulrike y Anne han fundado en Hamburgo una revista local llena de reportajes con todo lujo de detalles, arte fotográfico y espacio para otros contenidos. Todo el material se puede leer sin coste alguno, aunque ojalá se pudiera vivir de ello...

¿Cómo demonios se puede llegar tarde a una cita que se encuentra a tan solo cinco minutos de tu propia puerta? Eso es por lo menos lo que pensaba. Después tardé otro cuarto de hora desde mi parada de Königstraße hasta el umbral de la cafetería Glöe. En el cómodo café situado en el sótano de un edificio cerca de Reeperbahn me encuentro —un poco sudado y sin aliento— con Martin Petersen y Valerie Schäfers, quien ya sorbía un café con leche. Ambos treintañeros me han traído el último número de su creación: Stadtlichh. Bien hecho porque en Glöe la revista gratuita “sobre todo lo que pasa en Hamburgo” ya se ha agotado. Ahora mismo Martin se hace una nota mental: “¡Hay que volver y dejar otros ejemplares!”.

A finales de 2009, Martin y Valerie también sorbían café; sin embargo, entonces sorbían y cavilaban. Ella acababa de dejar su trabajo en una agencia de diseño, él no estaba contento con su puesto en una revista de videojuegos. Mientras la cafeína recorría sus gargantas, la gran vil pregunta existencial se les pasó por la cabeza: “¿Qué quiero hacer realmente con mi vida? ¿Qué dirección va a tomar?”.

Han sabido ver lo que faltaba en el panorama periodístico hamburgués.

La respuesta de Martin fue una revista propia. La respuesta de Valerie fue una revista propia. Trato hecho. “A menudo en el transcurso de nuestra vida vamos de un punto a otro. Vivimos y estamos tan ocupados que no nos planteamos esta pregunta importante”, dice Martin. Escribir textos y diseñar páginas. Ya lo habían hecho antes. Ella, diseñadora de comunicación, la persona idónea para diseñar. Él, licenciatura de Filología Inglesa y Filosofía, la persona perfecta para escribir.

¿Qué más se necesita?

Pues por ejemplo a Ulrike y Anne. Dos amigas, del mismo ramo, con tantas ganas como ellos de hacer algo propio. Ya eran cuatro. Equipo Stadtlichh al completo. En aquel momento el ambiente en Hamburgo estaba en plena ebullición. Un montón de artistas y ciudadanos con mentalidad de izquierda habían ocupado el barrio Gängeviertel en el centro de la ciudad. Las casas viejas construidas en la fundación de la ciudad debían hacer sitio a las oficinas de cristal. Entonces ocurrió lo que ni tan siquiera los ocupantes esperaban: los hamburgueses de todas las clases sociales, en otras ocasiones irreconciliables, se solidarizaron con la protesta.

Sus nombres: Martin, Valerie, Ulrike y Anne. El orden de los factores no altera el producto.

A un par de kilómetros de distancia, otros intentaron algo semejante: se ocupó el edificio Frappant, un Karstadt víctima de la crisis. Todo en vano. No obstante, los artistas tenían otras instalaciones temporales. En la prensa local poco se podía leer al respecto y se explicaban escasamente las razones subyacentes. Obtener información era su codicia: el aburguesamiento, el desarrollo urbanístico, el ascenso astronómico de los alquileres, el pijismo, la exposición IBA, la feria alemana de horticultura y jardinería, la línea 4 del metro... ¿Había algo más? “Tenía claro que faltaba algo”, dice Martin. Da un sorbo. Está bien que no quedara dinero para hacer un estudio de mercado.

“No queríamos que la revista estuviera llena de publicidad. Su apariencia debía ser de alta calidad. El diseño cobra tanta importancia como el contenido”, dice Valerie. Si el entusiasmo pudiese brillar, lo haría en sus ojos. No quiere convertirse en una especie de directora que lo único que hace todo el día es mover bloques de texto de un lugar a otro. Valerie quiere acudir a las entrevistas, promover la comunicación entre aquellos que participan en un artículo. ¿Falta algo más? Pues sí, la pasta. Si hilamos más fino: 4.500 euros para seis números y 10.000 ejemplares. ¿Pero de dónde se saca el dinero? Cuentan con ocho patrocinadores, cinco respuestas negativas y dos ni tan siquiera les contestaron. Entonces llegó su salvación.

No tomarle el pelo a lector

Detrás del nacimiento de una revista se necesita una buena historia. Y mejor que sea cierta. “Una fundación para los medios de comunicación era nuestra última esperanza. En realidad, no patrocinan ninguna revista impresa”, recuerda Martin. El último día echó la solicitud. Correo nocturno. Cuando ya había transcurrido mucho tiempo, Anne le llamó: “Estamos abriendo una botella de cava”.

En agosto editaron su primera maqueta: 100 unidades, una idea que posteriormente se asemejaría a su creación. “En el primer número ya teníamos publicidad pagada”, dice Martin. A la derecha y a la izquierda de la página se encuentran los anuncios. Separados del contenido de la revista. Este es un dato digno de mención. “No publicamos publirreportajes. No queremos tomarles el pelo a nuestros lectores”. El segundo número funcionó una vez más gracias al micromecenazgo. A partir de ese momento, todo fue sobre ruedas. Tras publicar el quinto número la ayuda económica se acabó, pero el niño ya no necesitaba ayuda. Esto no significa que los cuatro pudieran vivir de la revista. Todos tienen otros trabajos. Stadtlichh es fruto del amor, no del comercio.

“Stadtlichh” celebra cada lanzamiento de un número. En la foto, festejando el séptimo.

¿Qué pasa con los autores, fotógrafos, redactores, ilustradores y demás colaboradores? “Lo único que podemos pagar es lo que percibimos por anuncios. Por ello, se recibe un porcentaje. Más ganancias no se pueden obtener”, dice Martin. No está contento con esa situación. No obstante está convencido de su creación: “Pese a no obtener ganancias de la revista, ha cultivado sus éxitos”. ¿Y si la revista costara algo? En ocasiones, a Martin se le pasa esta pregunta por la cabeza. Después aparecen los problemas: “¿Cómo les explico a mis lectores que de repente tienen que pagar? La tirada se desplomaría, sería más difícil que nos contrataran anunciantes”. Además, la editorial se quedaría con el 50% del precio de venta. El 25% se destinaría a la venta al por mayor. El quiosco se quedaría con el 25%. El único formato posible sería este. Poco convencional y difícil de manejar. Demasiado grande para una revista local.

¿Qué les depara el futuro? Sí, el futuro. “Algunos ya dicen: '¡Haceos mayores!' Creen que no podemos continuar así. Afirman que tenemos que cambiar. Pero yo no he perdido la esperanza y creo que podemos seguir funcionando así, con esta revista que es exactamente como nosotros queríamos”, dice Martin. “Sí, por favor”, contesto. Mi café con leche se ha enfriado.

La revista Stadtlichh se publica cada trimestre desde diciembre de 2010 con una tirada de 20.000 ejemplares. En Hamburgo está a disposición de los lectores de manera gratuita. También es posible suscribirse para que te la envíen a tu casa. Pero entonces ya no es gratuito.

Este artículo forma parte de Orient Express Reporter Tripled, una serie de reportajes desarrollada por cafebabel.com y elaborada por periodistas procedentes de los Balcanes, Turquía, Francia y Alemania. Con la colaboración de OFAJ - DFJW

Imágenes: © stadtlichh-magazin.de.