Stanislav Markelov y Anastasia Baburova: “Los asesinatos en Rusia apenas sorprenden a nadie”

Artículo publicado el 27 de Enero de 2009
Artículo publicado el 27 de Enero de 2009
Mientras continúa el luto por nuestros colegas rusos, los bielorrusos no olvidamos a los Baburovas, Politkovskayas y Klebnikovs que aún se encuentran entre nosotros, sin olvidar a los que ya se fueron

Más de setenta periodistas han resultado muertos en la antigua Unión Soviética desde 1992: 49 solo en Rusia. Las cifras son mucho mayores si se cuentan todos los mártires demócratas. Mi país, Bielorrusia, no se ha librado del trágico coste de la lucha por un cambio democrático. Pero debido a que es un país pequeño y aislado, un ‘agujero negro en Europa’, casos similares apenas llegan a figurar en los medios de comunicación internacionales.

(Alexei Kouprianov/ Wikipedia)Anatol Maisenya era otro periodista y temprano miembro de la oposición al presidente Alexander Lukashenko, “el último dictador de Europa”. Murió en un accidente de coche sospechoso en 1996. Dzmitry Zavadzki, el antiguo cámara personal de Lukashenko, fue encarcelado por sus revelaciones a la opinión pública. Desapareció en 2000. Ni su cuerpo ni sus secuestradores fueron nunca encontrados. Otra crítica del presidente, Veranika Charkasava, reportera de investigación con el periódico independiente Salidarnasc, fue muerta a cuchilladas en 2004 y sus asesinos nunca han sido identificados. Vasily Grodnikov colaboraba con Narodnaya Volia, uno de los principales periódicos de la oposición. Murió de una paliza en 2005, nunca se ha encontrado a sus asesinos.

Rusia - Bielorrusia: comparten el silencio oficial

Hay similitudes entre casos así en Rusia y Bielorrusia. Como el presidente Vladimir Putin y el presidente Dimitri Medvedev, nuestro presidente tampoco ofreció ningún comunicado o condena oficiales. Como en el caso de Rusia, nuestras autoridades parecen incapaces de detener o resolver los crímenes cometidos contra activistas demócratas y llevar ante la justicia a los responsables. En ambos países, la indiferencia oficial da la impresión de servir de coartada al uso del asesinato como herramienta política válida para silenciar a los que defienden los derechos humanos y la libertad de prensa.

"No podemos permanecer en silencio. Debemos alzar nuestras voces en defensa de la democracia y la libertad de expresión"

Existía una ligera conexión entre los acontecimientos de Moscú y Bielorrusia. Stanislav Markelov, de 35 años de edad, estaba casado con una bielorrusa, defendía a los bielorrusos detenidos por protestar frente a la embajada bielorrusa en Moscú y participó en seminarios sobre los derechos humanos en Minsk. Pero como joven trabajadora en los ‘nuevos medios’, me impresionó más el valor de Anastasia Baburova, de 25 años de edad. El asesinato de esta joven estudiante de periodismo en la Universidad Estatal de Moscú, ha quedado eclipsado por el del más conocido Markelov. Pero su trágica muerte también nos ofrece esperanza y motivos de inspiración. A pesar de todos los peligros, Anastasia quería estudiar y dedicarse al periodismo de investigación. Comenzó a militar en un partido político de la oposición y trabajaba para un periódico independiente en el que también estaban empleados otros tres reporteros asesinados desde 2000. Eligió escribir artículos y luchar en su blog contra los males llevados a cabo en un Estado autoritario. Murió haciendo frente al asesino de su colega. Es un ejemplo para todos nosotros.

No podemos permanecer en silencio. Debemos alzar nuestras voces en defensa de la democracia y la libertad de expresión. No hay arma que pueda impedir que la gente de bien busque la verdad y luche por la libertad. A pesar de los muertos, de los encarcelados, de las palizas y la represión, los jóvenes periodistas siguen sumándose a los medios de comunicación independientes en Bielorrusia y Rusia. Todos nosotros trabajamos para que se lleven a cabo los cambios que aseguren que no habrá más muertos que buscaban la verdad este rincón del mundo.