Stanislaw Mucha: rodar contra Bruselas

Artículo publicado el 28 de Mayo de 2005
Artículo publicado el 28 de Mayo de 2005

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Sus experimentos cinematográficos han llevado al director de documentales germano-polaco Stanislaw Mucha a recorrer todo el continente. Hoy nos habla, cigarro en mano y sorbiendo café, de su proyecto de película y de las dificultades de la ampliación de la Unión.

“¿Eres feliz? Para ti, ¿qué es lo más importante en la vida? ¿Y lo menos importante?” Así me saluda Stanislaw Mucha, café en mano y zumo de naranja recién exprimido. La verdad es que le pega. Quién haya visto su primer documental, El centro, sabe ya de la capacidad de este director polaco residente en Alemania a la hora de encarar así, de modo incidental, las cosas esenciales. Retomando mi papel de entrevistador, descubro que sus respuestas son las que él mismo propone a la gente en sus viajes. “Siempre pensé que para encontrar el centro debíamos conocer nuestras fronteras, nuestros límites”, nos explica con ojos encendidos de alegría y gesto aún somnoliento. Son las 10.30h de la mañana. Miércoles en Berlín. Stanislaw Mucha hubiera deseado quedarse un rato más entre las sábanas. Pero se muestra cordial, cordial como quien ha encontrado el centro –aunque no sea el centro geográfico europeo-.

Los centros en los pueblos del este

En El Centro es lo que ha buscado. Durante dos años ha viajado por Europa central y oriental, y recuerda muchos lugares, “casi siempre lugares perdidos de la mano de dios” que pretendían ser el centro del continente. Desvela anécdotas, como la de ese alcalde polaco ebrio que aseguraba que se estaba meando encima y que no encontraba el centro. Guiñándome el ojo me da a entender que la película confirma al menos la mitad de esa frase. En su película muestra el rostro humanizado de la ampliación europea al este. Desde entonces se le viene considerando como el Michael Moore de Europa oriental.

Pero la comparación con el director de Fahreneit 9/11 le incomoda: “desde que me comparan he perdido 10 kilos”. Por qué se ha dedicado a esto no lo sabe muy bien: “la cosa surgió así”. Vive en Alemania desde hace diez años. Aquí ha estudiado dirección en la Escuela superior de artes audiovisuales Konrad Wolf de Potsdam-Babelsberg. Antes tuvo que abandonar Cracovia, en donde trabajaba como indefinido en el Teatro Viejo. “Fue una decisión difícil”, explica Mucha. Ahora tiene sobre sus espaldas varios galardones de Alemania, como el premio Adolf Grimme por su película Absolut Warhola.

Hace películas para si mismo y contra Bruselas. “Para mí, Die Mitte es un ataque contra la Europa institucional”. Aunque no sobreestima su capacidad de influir en burocracia continental. Al lado de esto, y gracias a sus trabajos, hizo en su día una aparición por el Parlamento Europeo para presentar Absolut Warhola. “estaba hasta la bandera: la ZDF la segunda cadena televisiva alemana en audiencia estaba entre los organizadores. Pero vamos, que ya no he vuelto. Me resultó estomagante”. El café hace sus efectos y nos vamos animando.

En la jungla polaca

En la tercera entrega (casi culminada) de su trilogía sobre Europa, Reality Shock, Mucha aborda, a su manera, el tema de la ampliación al este. “El primero de mayo de 2004, día de la entrada de los diez nuevos miembros, proyectamos la película en un lugar perdido en los bosques salvajes de Polonia. En la película, de pronto, un ovni se posa en tierra: hermosa parábola sobre la adhesión”. Aunque considere la ampliación como la única posibilidad para Europa de encontrar un cierto equilibrio y algo que apasione a sus ciudadanos, Mucha lamenta la ausencia de acercamiento mutuo entre pueblos: “estamos aplastando a la gente con esto de la ampliación al este. Es algo que me pone enfermo”. Pero Stanislaw Mucha ni está furioso ni nada que lo parezca. Empieza a alejarse del tema europeo.

Harto de Europa

“Ya voy cansándome de tanta Europa, ahora que he concluido mi trilogía”, confiesa Mucha. “Veo que poco a poco me quieren convertir en un especialista en cuestiones europeas”. Hasta el debate sobre el derecho a la risa le altera la sangre. Para él, lo más importante, en definitiva, es estar cerca de la gente. “Lo que me interesa es la esfera más íntima de las personas, y en un documental esto se hace difícil”.

Por eso Mucha va a empezar pronto a rodar su primer largometraje, Hoffnung (Esperanza). “Me siento maduro, ahora sí tengo algo que decir.” En cambio no nos quiere desvelar su contenido. Lo que es seguro es que rodará en Polonia, en Varsovia, donde hoy es difícil tener esperanza. “El guión es apasionante, tiene algo de sensacionalista sin llegar a serlo”. A Stanislaw Mucha no lograrán encasillarlo; le gusta el cambio. A lo mejor es por lo del centro en Europa, pero también se sabe al observarle hablar con entusiasmo de una camarera por la que podría perder los papeles. Varsovia es su ciudad preferida, “una ciudad de contrastes”. Varsovia se ha convertido en lo que él había ido a buscar a Berlín hace ya unos años: une ciudad multicultural. Pero, en contrapartida, Berlín tiene lo que a Europa entera le falta: un centro.