Stefan Zweig, un enamorado de Europa que muere por ella

Artículo publicado el 19 de Enero de 2016
Artículo publicado el 19 de Enero de 2016

El mundo orgulloso de su progreso y con fe en el futuro se desvanece bajo la constatada amenaza de la conquista nazi que avanza sin piedad. El Festival de Artes Escénicas de Sevilla trae a Andalucía el recuerdo y la reflexión sobre la vida y obra de Stefan Zweig, uno de los más célebres escritores del siglo XX cuya devoción por la vida, Europa y la libertad le llevó al suicidio.

La dulce resaca de la embriaguez por las ciencias y las artes de finales del siglo XIX y principios del XX se ve interrupida por la imposición de la causa del nacional socialismo de Hitler con súbditos en todo el planeta. La catedral de la cultura en Europa, Viena, ya no alberga a intelectuales libres en sus cafés. Éste es el mundo del que se despide voluntariamente el reconocidísimo escritor austríaco Stefan Zweig en su exilio el 22 de febrero de 1942 en Brasil, pues lo único que aún posee es el poder de decisión sobre el final de su vida.

‘Una hora en la vida de Stefan Zweig’ es una obra de teatro dirigida por Sergi Belbel cuyo argumento se basa precisamente en esas últimas y meticulosas horas perfectamente orquestadas de la vida del estimado escritor. Unas serenas y decididas horas que se verán sacudidas por la inesperada visita de un compatriota, no se sabe si judío o espía, cuya obsesión coleccionista provocará dudas de forma momentánea sobre el suicidio al señor Zweig y a su joven esposa, Charlotte E. Altman, 25 años más joven que él.

Historia y libreto

Ficción y realidad se combinan de manera magistral para introducir al público en ese salón de Petrópolis en el que se ejecuta el plan que Zweig, cansado de viajar y huir, en una situación privilegiada de erudito, ejecuta prisionero de sus propios pensamientos que lo convencieron de que su mundo, el mundo de ayer, desaparecería para siempre en manos del Tercer Reich.

Una escenografía sencilla pero eficiente en la que el escritorio del protagonista junto a su ajedrez y a las luces indirectas confieren al escenario la intimidad necesaria para acompañar a los personajes en toda la obra.

William Blake, Rilke, Balzac o Montaigne serán filósofos y escritores de los cuales Zweig realizará biografías e interpretaciones, pero es de este último, de Montaigne, de quien el autor del texto de la obra, Antonio Tabares, hace uso para reforzar el concepto de la muerte como parte de la vida sobre la que el sujeto experimenta el máximo ejercicio de libertad.

Coloquio con actores

Tanto Roberto Quintana (Zweig), como Celia Vioque (Charlotte E. Altman) y Gregor Acuña (el dudoso compatriota) coinciden al explicar que el trabajo de interpretación de contención ha sido el común denominador de todos sus personajes.

Zweig, escritor cuyo poder de convocatoria podríamos comparar con las puestas en escena de Steve Jobs, no podría permitirse el lujo de perder los estribos en ningún momento. Charlotte, mujer de época enamorada de la materia gris de su esposo es servicial y acompañante con todas las consecuencias, y el misterioso recomendado por el amigo Strauss de Zweig debe mantener en secreto su obsesión compulsiva por el coleccionismo de las reliquias de una época que parece decir adiós para siempre.

Los tres, sin excepción, extraordinarios actores que sin duda han traído al público sevillano la memoria de un autor no muy conocido por el sur de Europa para jóvenes generaciones pero que, tras su descubrimiento, han instado a estudiar como uno de los mayores testimonios del siglo XX.

Roberto Quintana hace especial hincapié en el contexto histórico en el que sucede la acción. Los nazis se expanden sin pausa alguna, acaba de caer Shangai y el terror inunda los corazones de los enamorados de su tiempo. Un Brasil en pleno carnaval sepulta del todo el alma del escritor, pues ve alegría y euforia en el mismo mundo en el que existen campos de concentración y exterminio que, a su juicio, llegarán a Latinoamérica antes de lo esperado.

Refugiados

Casi 80 años después de aquel revulsivo en el que la humanidad perdió su propia condición, en Europa seguimos viviendo situaciones extremas incomprensibles para el raciocinio. Miles de personas vienen a Europa, al continente por el que murió Zweig, buscando su tierra prometida de democracia, paz e igualdad. No olvidemos nuestros principios fundacionales.