Steffen Möller, el vecino simpático

Artículo publicado el 25 de Abril de 2006
Artículo publicado el 25 de Abril de 2006
En Alemania un perfecto desconocido, en Polonia una estrella. Hace diez años Steffen Möller abandonó Wuppertal por Varsovia para enseñar alemán. Hoy es conocido por todos en Polonia como el alemán gracioso de la tele.

“Este es mi restaurante preferido”, comenta Steffen Möller abriendo la puerta de un elegante local italiano.”Me gusta venir aquí, ahí está mi mesa”. Con esta sentencia, Steffen Möller me acerca a su recóndita esquina.

Fuera, junto al cruce entre la esquina Juan Pablo II y la calle Solidarnosc la neblina se cierne como una lengua mucosa sobre el grato telón de acero eternamente gris de la capital polaca. Dentro aguarda el paraíso occidental: bajo cenefas estucadas, bellas damas y caballeros elegantemente ataviados recostados sobre bancos de cuero indecentemente confortables. En negras mesas de madera se conversa durante la comida, unas veces en inglés, otras en polaco. Para acompañar se toma té en tetera y pizza rucola con espaguetis a la marinera. Bievenidos a la nueva Polonia.

Siempre deseé vivir en Italia

Sentado en el medio, Steffen Möller, con pantalones vaqueros y jersey , es un tipo más bien discreto, de cabello milimetradamente corto. Lleva bajo el brazo un ejemplar de Gazeta Wyborcza su periódico favorito, como después me revelará. El treintañero se muestra sin duda a gusto y se regocija con la visión del servicio que busca interpretar con esmero sus movimientos.”En realidad siempre deseé vivir en Italia, en Florencia”, confiesa el en otro tiempo estudiante de teología. “Pero no me gustó la experiencia in situ.”

Un curso de idioma de dos semanas en Cracovia durante la carrera le libró de su complejo italiano. “Me di cuenta de que simplemente mi mentalidad se asemejaba más a la de los polacos.” A los 25, Steffen Möller dio el gran salto –como único equipaje sus estudios de teología y filosofía-.Y paupérrimos conocimientos de polaco.

El simpático vecino alemán

Al principio, su fuente de ingresos provenía de enseñar alemán en un instituto polaco, después se conviertió en lector de conversación de la Universidad de Varsovia. Tras 6 años, no quería oir hablar más de alborotos escolares y alumnos poco dotados para los idiomas. “En aquel momento sufrí una especie de crisis y me marché a Cracovia” . El recuerdo de sus primeros pinitos como cabaretista en el nuevo destino y sus apariciones en el programa radiofónico de Artur Andrus, el Pablo Motos de Polonia, le devuelve el brillo a los ojos. Un segundo puesto en una audición de cabaret le abrió las puertas para conseguir un papel en la serie más vista de Polonia: Mjal Milosc (A de amor), que le catapultó a la fama.

“La serie se ha convertido en un fenómeno social en Polonia, un éxito absoluto”, afirma seguro de sí mismo”. La ven 10 millones de telespectadores y se proyecta en primetime”. Steffen Möller es el orgullo alemán de Polonia. El “vecino simpático” que en su época de campesino criaba patatas para freir, que ahora regenta un pub y la mala suerte en el amor continúa cebándose con él. “Para muchos polacos en el campo, soy el único alemán que han conocido”, comenta Möller de su papel en la serie. “Por regla general hay más polacos en Alemania, así que yo represento la excepción a la regla.” De este modo su personaje influye de forma determinante en la imagen de lo alemán en Polonia. Lo que él hace o dice se convierte por ende en “típico alemán”.

Europa puede gustar

Jamás se aprovecharía de la situación este evasor político. “Me resulta positivo poder mantenerme al margen de cuestiones políticas”, opina el polaco de adopción. “¡Cuando pienso en el tiempo que hubiera perdido con las elecciones alemanas discutiendo con amigos …!”

El tiempo que se ahorró lo invirtió en otras actividades. Hace tres años fundó su propio programa televisivo: Europa da die lubic (Europa puede gustar), una especie de programa de debate en el que trata su tema favorito junto a invitados europeos “polonicistas”: las bases de las diferentes mentalidades europeas. Lo que cuenta: se busca subjetividad paternalista. Además actuó de presentador de la primera emisión polaca de ¿Qué apostamos? y ha comenzado un libro sobre el carácter polaco. “Mi libro carece de importancia, lo que verdaderamente la tiene es la mentalidad polaca”.

La cruz federal al mérito en la solapa

Este bardo exitoso se cuida muy mucho de polemizar sobre temas espinosos en su espectáculo. Bromea con los polacos pero no toca temas políticos ni al Papa. Ha aprendido a respetar la mentalidad polaca y a ser prundente. “Los alemanes, por lo general son muy directos, y esto no se ve con buenos ojos por aquí”, explica. “Aquí nada de críticas claras. Nada de nada, a parte de comentarios anodinos en casos extremos.”

Aun así, a pesar de la ausencia de crítica –o quizás gracias a esto– esta estrella mediática collecciona premios. A parte del premio Télécaméra, muy codiciado por las celebridades de la pequeña pantalla polaca, ha obtenido la Cruz federal alemana al Mérito. En confianza, señor Möller, ¿por qué diablos se ha quedado en Polonia? “Por la mentalidad, la lengua y la gente. Y por las mujeres, claro.” Aunque nuestro interlocutor no se haya topado aún con la mujer de su vida, goza al menos del amor de 40 millones de polacos.