Streetwork: ayuda para los niños de Cracovia

Artículo publicado el 5 de Mayo de 2014
Artículo publicado el 5 de Mayo de 2014

Cre­cer es algo com­ple­jo en cual­quier parte del mundo. Así que ¿qué les pasa a los niños de fa­mi­lias con­flic­ti­vas? Niños que no pue­den apo­yar­se en su fa­mi­lia y cuya única guía viene de las ca­lles. En Cra­co­via un grupo de tra­ba­ja­do­res pro­fe­sio­na­les está en­se­ñan­do a los jó­ve­nes que hay al­ter­na­ti­vas a la vida ca­lle­je­ra.

Un ado­les­cen­te alto y rubio entra a la sala son­rien­do tí­mi­da­men­te. Les da la mano a todos, se quita la cha­que­ta, el gorro y la mo­chi­la, y los deja en el sofá. Cuan­do le pre­gun­tan cómo le ha ido el día en la es­cue­la res­pon­de como lo haría cual­quier es­tu­dian­te: "Bien".

Es­ta­mos a 14 ki­ló­me­tros del cen­tro de Cra­co­via, en las ofi­ci­nas de Street­work, al lado del mer­ca­do Bien­czy­cki y en el ba­rrio Nowa Huta, el peor de la ciu­dad. Su nom­bre sig­ni­fi­ca "Nueva si­de­rur­gia" y se cons­tru­yó en 1949 como una ciu­dad mo­de­lo según el go­bierno co­mu­nis­ta de en­ton­ces. Pero hoy en día el enor­me edi­fi­cio al­ber­ga a más de 200.000 per­so­nas, por lo que esta área es una de las más den­sa­men­te po­bla­das de la ciu­dad. Fuera, los ár­bo­les están des­nu­dos y los edi­fi­cios de diez pisos do­mi­nan la calle. La puer­ta de la ofi­ci­na está llena de pós­te­res donde apa­re­cen jó­ve­nes, re­si­den­tes de la zona a los que Street­work quie­re ayu­dar. El in­te­rior es lu­mi­no­so y es­pa­cio­so, pin­ta­do de un cá­li­do verde, un oasis de aten­ción y com­pa­sión en medio de este com­pli­ca­do ba­rrio.

Este pro­yec­to co­men­zó en enero de 2012 y abre todos los días entre se­ma­na, ade­más de al­gu­nos sá­ba­dos, para ayu­dar y acon­se­jar a jó­ve­nes de entre 15 y 25 años con el ob­je­ti­vo de mo­ti­var­les para tener éxito en la es­cue­la, gra­duar­se y pla­near su fu­tu­ro. El pro­yec­to se di­vi­de en cua­tro uni­da­des y este, el Equi­po B, mues­tra con or­gu­llo las fo­to­gra­fías de las mu­chas ac­ti­vi­da­des que ofre­cen a los jó­ve­nes, in­clu­yen­do par­ti­dos de fút­bol, ex­cur­sio­nes y se­sio­nes de gra­fi­ti.

TONOS DE ES­PE­RAN­ZA ENTRE LAS SOM­BRAS DE LOS BLO­QUES

"Esto no es un patio", ex­pli­ca Lu­kasz Ki­siel, uno de los tra­ba­ja­do­res del pro­yec­to Nowa Huta. "Te­ne­mos que ir a la calle a bus­car­les. Pue­den venir aquí a hacer los de­be­res, apren­der, con­se­guir ayuda para es­cri­bir su CV, beber té o re­la­jar­se ju­gan­do a los dar­dos o al fut­bo­lín". Tam­bién hay un psi­có­lo­go que es­cu­cha sus pro­ble­mas y les da con­se­jos pro­fe­sio­na­les.

Tres pares de tra­ba­ja­do­res, com­pues­tos por un hom­bre y una mujer cada uno, re­co­rren la zona, con­cen­trán­do­se en los lu­ga­res más pro­ble­má­ti­cos: par­ques, pa­tios y áreas cer­ca­nas a su­per­mer­ca­dos.

"Al prin­ci­pio nadie sabía dónde bus­car, así que tu­vi­mos que es­tu­diar el dis­tri­to", dice Lu­kacz. "Nues­tro ob­je­ti­vo no son siem­pre los jó­ve­nes de fa­mi­lias po­bres por­que a veces los niños más ricos tie­nen pro­ble­mas in­clu­so ma­yo­res. Aún no son cri­mi­na­les, pero po­drían con­ver­tir­se en ellos", añade.

CUAL­QUIE­RA PUEDE VERSE EX­CLUI­DO

El pro­yec­to em­pe­zó en 2001 con vo­lun­ta­rios que bus­ca­ban y ayu­da­ban a in­di­gen­tes du­ran­te los meses de in­vierno. Cinco años más tarde, des­pués de in­ves­ti­gar se­ria­men­te el pro­ble­ma y ba­sán­do­se en ex­pe­rien­cias ale­ma­nas, em­pe­za­ron a tra­ba­jar tam­bién con jó­ve­nes. Lu­kasz Hobot fue uno de los pri­me­ros seis tra­ba­ja­do­res de Cra­co­via y ahora es coor­di­na­dor de los equi­pos del pro­yec­to. Com­pren­de el pro­ble­ma en pro­fun­di­dad.

"No te­nía­mos datos exac­tos, así que em­pe­za­mos a tra­ba­jar en los ba­rrios", co­men­ta, re­cor­dan­do los prin­ci­pios de Street­work. "Por su­pues­to, los mé­to­dos están cam­bian­do y la gente con la que tra­ba­ja­mos tam­bién, pero la idea prin­ci­pal es la misma", pro­si­gue.

Cra­co­via tiene una po­bla­ción re­la­ti­va­men­te joven, con casi un 13 % de ella entre 15 y 25 años, pero no es esta la razón prin­ci­pal de los pro­ble­mas, ya que el pro­yec­to se cen­tra en solo 5 de los 18 dis­tri­tos de la ciu­dad. Du­ran­te los años que lleva ac­ti­vo, el pro­yec­to ha re­ci­bi­do ayuda eco­nó­mi­ca de los fon­dos mu­ni­ci­pa­les, do­na­cio­nes y ONG, pero la mayor ayuda ha ve­ni­do de los fon­dos de la Unión Eu­ro­pea, es­pe­cial­men­te del Fondo So­cial Eu­ro­peo.

"El pro­ble­ma es dar al­gu­na mo­ti­va­ción a estos cha­va­les, por­que pasan mucho tiem­po en la calle", ex­pli­ca Hobot. "Tie­nen pro­ble­mas, pero esto no sig­ni­fi­ca que sean malos. Crean su pro­pio mundo y tie­nen miedo de salir de él. Los tra­ba­ja­do­res de Street­work son los úni­cos que pue­den abrir­les los ojos. Ne­ce­si­tan en­con­trar un equi­li­brio. Cual­quie­ra puede verse ex­clui­do, no hace falta ser parte de una mi­no­ría ét­ni­ca o cul­tu­ral".

ES­TI­MU­LAR LA CREA­TI­VI­DAD Y DESA­RRO­LLAR SUS HA­BI­LI­DA­DES

Los tra­ba­ja­do­res de Street­work ne­ce­si­tan ha­bi­li­da­des so­cia­les ex­cep­cio­na­les por­que el pri­mer con­tac­to con los cha­va­les es di­fí­cil. El boca a boca suele ser la mejor pu­bli­ci­dad para el pro­yec­to. In­clu­so si los jó­ve­nes sien­ten cu­rio­si­dad, no es fácil acer­car­se a ellos y es im­por­tan­te que los tra­ba­ja­do­res se ganen su con­fian­za. La ma­yo­ría de los cha­va­les están atra­pa­dos en el ba­rrio por­que no co­no­cen nada más o no saben qué más hacer. Su día a día es di­fí­cil y pier­den con­tac­to con la vida fuera de la calle. En Street­work les ani­man a pen­sar en ideas para las ac­ti­vi­da­des gru­pa­les como una ma­ne­ra de com­ba­tir esto. La idea es es­ti­mu­lar su crea­ti­vi­dad y desa­rro­llar sus ha­bi­li­da­des, mos­trán­do­les así que hay más for­mas de vivir que per­dien­do el tiem­po en los par­ques lo­ca­les.

Una de las úl­ti­mas ac­ti­vi­da­des fue una com­pe­ti­ción de es­ca­la­da. Los jó­ve­nes tu­vie­ron que or­ga­ni­zar equi­pos pe­que­ños en vez de los gru­pos de 10 o 15 miem­bros que son co­mu­nes en la calle. Street­work tam­bién in­clu­ye a los pa­dres en estos pro­yec­tos por­que apo­yar a la fa­mi­lia al com­ple­to con­si­gue me­jo­res re­sul­ta­dos para los jó­ve­nes.

PE­QUE­ÑAS VIC­TO­RIAS A GRAN­DES PRO­BLE­MAS

Según un es­tu­dio de la or­ga­ni­za­ción, los jó­ve­nes que par­ti­ci­pan en el pro­yec­to se en­fren­tan a di­ver­sos pro­ble­mas en su día a día. El 92,5 % de ellos tiene pro­ble­mas de con­duc­ta, mien­tras que el 85,7 % tiene di­fi­cul­ta­des en la es­cue­la y casi el mismo por­cen­ta­je sufre tam­bién pro­ble­mas fa­mi­lia­res. 8 de cada 10 de ellos creen que ne­ce­si­tan ha­blar con un psi­có­lo­go, 7 de cada 10 han te­ni­do pro­ble­mas con las dro­gas y más de la mitad ad­mi­te tener di­fi­cul­ta­des al in­ter­ac­tuar con gru­pos de per­so­nas.

Street­work ya ha ayu­da­do a más de 600 jó­ve­nes a me­jo­rar sus vidas. Les han mos­tra­do que hay al­ter­na­ti­vas a me­ro­dear por los par­ques du­ran­te el día en­te­ro, a em­bo­rra­char­se, a tener un com­por­ta­mien­to an­ti­so­cial y a in­vo­lu­crar­se en ac­ti­vi­da­des cri­mi­na­les. De hecho, es di­fí­cil saber cuán­tos jó­ve­nes cra­co­via­nos han cam­bia­do sus vidas gra­cias al con­se­jo de los tra­ba­ja­do­res de Street­work. Para esta or­ga­ni­za­ción, todos los cam­bios po­si­ti­vos son un éxito del que sen­tir­se or­gu­llo­so.

Este re­por­ta­je forma parte de la edi­ción cra­co­via­na del pro­yec­to de EU­to­pia: Time to Vote. El pro­yec­to está co­fi­nan­cia­do por la Co­mi­sión Eu­ro­pea, el Mi­nis­te­rio de Asun­tos Ex­te­rio­res de Fran­cia, la Fun­da­ción Hip­pocrène y la Fun­da­ción de Char­les Leo­pold Mayer.