Subirse al tren de la galaxia eurócrata en Bruselas... o perderlo

Artículo publicado el 18 de Noviembre de 2009
Artículo publicado el 18 de Noviembre de 2009
'Eternal traineeship of the Eurojobless mind': El camino que conduce al empleo soñado es largo, y Bruselas no tienen piedad ni de los impacientes ni de los endebles. Entre el desánimo, el estrés a cada oferta de trabajo y las noches al estilo Erasmus, el camino del joven europeo es más bien escabroso

En el planeta bruselense, las instituciones europeas son las primeras en atraer a los jóvenes europeos. Obtener un trabajo fijo en la Comisión es encontrar el Santo Grial. Para llegar, una sola puerta: Oposiciones. Para llevarse el premio gordo, los caminos son variados pero comparten algunas características. Primero la formación académica: licenciatura en Comunicación, Máster en Relaciones Internacionales o Máster Complementario en Asuntos Europeos son los más habituales. Un modelo típico adornado, normalmente, con una estancia en el extranjero con el programa Erasmus. Para Ana Vork, joven jurista estonia, hacer un Máster Complementario de Derecho Europeo en Bruselas “ha sido muy importante: me ha permitido hacer prácticas en la Comisión Europea, y esto es una prerrogativa esencial para las oposiciones como funcionaria pública de la UE”.

"Hacer prácticas en la Comisión Europea es una prerrogativa esencial para las oposiciones como funcionaria pública de la UE”

Según Paolo Sergio, joven italiano-checo diplomado en el Instituto de Estudios Europeos en la Universidad Libre de Bruselas, hay que sopesar todo: “El colegio de Brujas comparte ciertas características con las grandes universidades americanas (Ivy League): el estudiante paga para conseguir contactos, para establecer relaciones. Los contactos son útiles pero, a fin de cuentas, cuando eres un joven diplomado sin experiencia los contactos no sirven para nada. Excepto si apruebas las oposiciones. Pero hay que aprobarlas”.

Las prácticas: Paso obligado

El segundo punto es el 'gancho', que permitirá incorporarse al primer vagón en marcha y entrar en el entorno europeo. Nada mejor que unas prácticas, el paso obligado. Que se hagan en la esfera institucional o en un lobby, think tank, en una oenegé, las traineeships e intersnships son una etapa indispensable para hacerse un hueco en la galaxia 'bruselense-europea'.

Pesadilla o experiencia memorable, las prácticas permiten forjar una primera experiencia y establecer los primeros contactos. “Puede ser genial o insoportable, depende del responsable con el que trabajas”, dice Ana. “En principio, si mostramos un comportamiento proactivo, nos pueden mandar faenas muy interesantes”, añade Paolo. El becario ya se preparara, más o menos rápido, para el “después de las prácticas”. Y es en ese momento que llega la hora de la verdad: o volver al país de origen o convertirse en un “eterno becario”: “Una de mis compañeras de piso se ha vuelto a matricular a un Máster Complementario, la otra está haciendo sus terceras prácticas”, explica desencantado Cédric, un francés cursando el Máster en el Instituto de Estudios Europeos de Bruselas. Otros como Paolo y Ana preparan a conciencia las tan esperadas oposiciones.

Espíritu competitivo

La adhesión progresiva de nuevos países miembros ha acentuado la competencia entre los jóvenes europeos en Bruselas. El hecho de privilegiar, en las instituciones, los funcionarios de los nuevos Estados miembro ha tenido un impacto en la contratación de 'jóvenes promesas'. En los gabinetes es normal que solo acepten becarios que tengan la nacionalidad del comisario. Para las dobles nacionalidades es indispensable destacar la más 'atrayente' en una selección o en las candidaturas.

¿Existe pues una diferencia entre los jóvenes diplomados de los nuevos miembros y de los antiguos? No, pero “ser francés, belga o alemán es menos vendible”, ironiza Cédric. Para los jóvenes de los países del este, las perspectivas en Bruselas son incomparables a las que tendrían en su país: “Si hay que elegir entre Bruselas y Talín no hay duda, es toda una oportunidad para un joven”, considera Ana. Y Paolo recuerda el abismo que aún separa el nivel de vida de los antiguos países comunistas de la Europa occidental.

Fiesta para los expatriados

La vida social juega un papel importante en la vida de estos jóvenes, sobre todo para los que vienen de lejos: “El comité de becarios de la Comisión está bien organizado. Hay muchos eventos reservados para ellos, muchas ocasiones para encontrarse, para discutir. De hecho, hay los que incluso han encontrado a su alma gemela”, se sincera Paolo. “Una verdadera segunda familia”, sonríe Ana. “Encontrarse por la noche alrededor de una birra entre expatriados o jóvenes diplomados de todo el mundo es necesario para relajarse”, opina Cédric, ahora un habitual de los pubs del barrio europeo.