Sudán, entre amnesia y esnobismo

Artículo publicado el 28 de Julio de 2004
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Artículo publicado el 28 de Julio de 2004

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En la región de Darfur la limpieza étnica alcanza su mayor cota. Pero Europa prefiere distraerse con Irak: queda mejor… Bruselas debe asumir su responsabilidad.

Sudán, el país más grande de África, tras 20 años de guerra civil ha llegado a rozar la posibilidad concreta de conocer la paz entre Norte y Sur. Ahora se enfrenta a una de las peores crisis humanitarias en la región occidental de Darfur. Como de costumbre, los medios han solapado regularmente dicha crisis, más pendientes del último secuestro en Irak que de otra cosa. Por su parte, Italia, uno de los países «frontera» de la Unión Europea, se niega a conceder estatuto de refugiado a un grupo de 37 personas pretendidamente sudanesas y huidas de la limpieza étnica que Mukesh Kapila, ex coordinador humanitario de la ONU en Sudán, ha comparado con la de Ruanda. En efecto, se ha descubierto que los refugiados no eran sudaneses, pero nada impide comprobar el cinismo de Roma.

Occidente habla, Jartum promete

Mientras tanto, el antiguo «alto Egipto» -patria de faraones negros y refugio, hasta antes del 11 de septiembre, del patriarca del terrorismo mundial, Osama Bin Laden- vive uno de los capítulos más tristes de su Historia. Un alto-el-fuego fantoche entre milicias a sueldo del gobierno de Jartum y combatientes rebeldes organizados en mini-ejércitos de resistencia acusados de dar el pistoletazo de salida a una insurrección a principios de 2003, no ha detenido la masacre de miles de personas y la huida de más de un millón de refugiados cuyo torrente desemboca en el Chad y en regiones sudanesas orientales. Las infructuosas visitas de Colin Powell y Kofi Annan, las recomendaciones de la Unión Africana y de Naciones Unidas sólo han logrado arrancar del gobierno promesas imposibles sobre una situación fuera del control de los «responsables de las tareas». Las milicias árabes enroladas por el gobierno, los Diandjawids, hombres a caballo con espadas y picas armados hasta los dientes, no atienden ya órdenes de nadie. Llegan a los pueblos, se hacen con todos los víveres y se avituallan en agua, dejando tras de ellos un reguero de sangre del que no escapan ni tan siquiera las mezquitas.

La paz del desierto

Hay por parte de la UE algo de insolente oscurantismo hacia esta crisis: su actitud frente al gobierno de Omar el-Beshir ni siquiera ha hecho mella en el muro de silencio levantado por Jartum alrededor de la cuestión de los derechos humanos en una región en donde la Sharia es objeto de la interpretación más brutal. Entretanto, las visitas guiadas para occidentales, cuidadosamente preparadas por el gobierno para demostrar hasta qué punto se halla tranquilo el desierto, prueban que las acusaciones de países extranjeros sólo son invenciones para desestabilizar al gobierno.

En verdad que las poblaciones de Darfur viven hoy una de las escenas más atroces de la Historia de la Humanidad sin que por ello intervenga con decisión la Comunidad internacional. La firma del acuerdo de paz en Naivasha (Kenia) –pensado para poner fin a un conflicto entre Norte y Sur que ha empujado al exilio durante más de 20 años a más de 4 millones de refugiados sin contar los 2 millones de muertes- volvió a abrir, como se hubo prometido, el grifo de las ayudas económicas al gobierno de Jartum. Pero, aunque gran parte de estas ayudas se destina a proyectos de desarrollo, nadie excluye que se estén empleando para alimentar el «nuevo» frente abierto en el oeste, en la región de Darfur. El rol de la UE en esta situación de urgencia, como en muchas otras en el continente africano, sigue siendo de segundo orden y no siempre se asocia a las soluciones prometidas por sus Estados miembro presentes en el territorio.

Límites para la integración regional

¿Logrará Europa en esta ocasión intervenir antes de que toda la población negra de Darfur sea literalmente borrada del mapa por las milicias árabes apoyadas por el gobierno de el-Beshir? Sudán es una bomba lista para estallar y condenar a sus 38 millones de habitantes a la trashumancia humana en dirección del Viejo Mundo. ¿Logrará la nueva Europa de los 25 acabar con el modelo de geopolítica made in USA y poner en pie nuevos métodos y estructuras para consagrarse al continente más olvidado del planeta? La integración regional recogida por la Unión Africana, que debería parecerse al modelo UE, no parece capaz de actuar sin ayuda de actores externos. La AIGD (Autoridad Intergubernamental para el Desarrollo), que reúne a 7 países del Cuerno de África, es la prueba: sin la intervención de Italia, Noruega, Reino Unido y Estados Unidos, jamás se hubiera alcanzado el acuerdo de paz de Naivasha.

Es cierto que la UA se ha mostrado más alerta que otros organismos internacionales en la puesta en evidencia del problema de Darfur, pero se encuentra aún a años luz del éxito que la UE lleva obtenido en materia de paz y prosperidad.