Sydney Corbett, componiendo para la belleza

Artículo publicado el 16 de Enero de 2006
Artículo publicado el 16 de Enero de 2006
Renombrado compositor de la Ópera de Berlín y apasionado guitarrista, Sidney Corbett (45 años), charla con café babel sobre su carrera, comenzada al abandonar su Estados Unidos natal para vivir en Europa, y sobre las creaciones musicales europeas contemporáneas.

Eva, la esposa alemana de Corbett, y Chiara, su pequeña hija de dos años, ya están sentadas en la cafetería y disfrutando del aperitivo cuando Corbett y yo aparecemos enfundados en nuestros abrigos invernales. Corbett viste de manera informal pero arreglado. De negro de pies a cabeza, escucha cómo su hija le llama "papá" y esboza una sonrisa que ilumina su rostro mientras se quita un gorro de lana para descubrir su encrespada melena de rizos grises.

Del rock a la clásica

Echándole un vistazo a este delgado hombre de aspecto desaliñado, no se imagina uno que sea un gran compositor de música clásica galardonado internacionalmente con melodías radiadas desde Japón hasta Alemania. Corbett, tímido y de conversación pausada, también es doctor en música clásica por la Universidad de Yale y ha sido pupilo de uno de los compositores vivos de música clásica más ilustres, el húngaro Györgi Ligeti, conocido por sus varias composiciones utilizadas en el cine como las de las películas de Stanley Kubrick2001: Odisea en el espacio, El resplandor y Eyes Wide Shut. Además, entre otras cosas, también ha sido profesor invitado en algunas de las facultades de música más prestigiosas del planeta, incluyendo Yale, Berkeley, la universidad de Hamburgo, la Casa de los Compositores de Moscú o el Conservatorio Real de Aarhus (Dinamarca), y ahora está aquí, junto a mí, en una cafetería con buffet de desayuno a seis euros y café barato.

Caminando hacia el buffet cogemos un plato, nos servimos patatas gratinadas y me cuenta, para mi sorpresa, que procede de una familia sin vínculos con la música: "He sido el primer músico de la familia, pero al menos mis padres me criaron con Bach y Duke Ellington". Mientras se sirve una porción de bizcocho me explica que comenzó a tocar la guitarra a los 12 años, para empezar a tocar en clubs de Hollywood a los 16, imitando la estética afro de Jimmy Hendrix.

"Me encantaba tocar la guitarra, pero la escuela me importaba un bledo; con lo único con lo que disfruté en el instituto fue con la música, así que cuando solicité mi ingreso en la Universidad de San Diego para estudiar música y filosofía tenía unas notas de pena. Sin embargo, conseguí superar el examen de acceso: supongo que pensarían que tenía algo de talento.” Corbett se detiene ante las bandejas de humeante brócoli y coliflores y se sirve uno de cada con las pinzas.

Trabajando con dios

Mientras nos sentamos para comer comienza a contarme su transición de guitarrista autodidacta e iletrado musical de 17 años a su doctorado en filosofía y composición por Yale a los 25 años. A pesar de que siempre dudó de sus cualidades musicales, los exámenes le resultaron pan comido e incluso le concedieron la beca Fulbright para ir a estudiar a la Universidad de Hamburgo. "Cuando me comunicaron que me habían concedido la beca me quede sobrecogido, quiero decir, eso representaba la oportunidad para recibir clases de Dios". Por Dios Corbett se refiere al húngaro Györgi Ligeti, uno de los mejores compositores vivo de música clásica. De todas maneras, estudiar con su Dios personal resultó mucho más duro de lo que Corbbet había pensado."Era realmente cruel y honesto con la música, gracias a sus instruidos oídos diseccionaba tu música totalmente. Al principio tuvimos nuestros problemas", comenta Corbbet mientras termina su plato.

El norteamericano y el húngaro terminaron aprendiendo a trabajar juntos, no como otros muchos estudiantes. "Estaba mucho más curtido que los otros estudiantes cuando llegué a Hamburgo, tenía 25 años y había padecido a un padre alcohólico y a la escena musical hippy de California".

Corbett comprueba cómo la educación musical europea produce grandes maestros pero se lamenta de cómo muchos jóvenes estudiantes en Hamburgo recibían "todo el conocimiento teórico cuando tan sólo eran críos", demasiado jóvenes y débiles para soportar las torturas de Ligeti.

A pesar de todo, Corbett superó esas torturas y se convirtió en un gran compositor. "Las composiciones europeas son mucho más experimentales que las norteamericanas. En los EE UU todo se reduce en complacer al público, todo se reduce al dinero. La música europea no viene dictada por el mercado, en parte porque las instituciones culturales reciben financiación pública. Gozas de mucha más libertad". Así, Corbett ha tenido la oportunidad en Europa de explorar algo que había tenido agazapado en su interior durante años: sus inclinaciones experimentales.

Permiso para lo bello

Sin renunciar a sus raíces norteamericanas ha empezado a crear su propio estilo musical; una fusión de los estilos americano y europeo perceptible en sus composiciones orquestales, sus solos, su ópera Noach y en la gran cantidad de música vocal que ha escrito. Se trata de un músico que suele experimentar con los sonidos, intercalando silencios o complejas tramas vocales impulsivas, tomándole el pulso a los ritmos.

Su música es sutil, introspectiva y pesar de todo minimalista, pero nunca deja indiferente a su público. Su obra ha traspasado las fronteras tanto de su antiguo continente como del que ha elegido para vivir. "Siempre he pensado que mi música está escrita para la ciudad perdida de la Atlántida, es demasiado experimental para los norteamericanos y demasiado melosa para los europeos", sentencia mientras nos levantamos a por los postres. La pequeña Chiara ya le ha hincado el diente a su postre con los morros llenos de chocolate, mientras sigue comiéndose más trozos de pera bañados en Nocilla.

Le pregunto qué quiere decir con lo de "demasiado melosa para los europeos", ¿acaso los europeos sólo disfrutan con una música triste y gris? Según Corbett, tras la segunda Guerra Mundial, la composición musical dio un giro completo. Como si a la música, especialmente en Alemania, no le estuviera permitido ser bella nunca más después de las atrocidades acontecidas. Los compositores alemanes se habían quedado atascados en algo que Corbett llama "el ghetto de la música", donde la música era oscura y trágica. Durante años los compositores no se atrevieron a componer algo agradable. Pero ahora hay algunos que están tratando de salir del ghetto. Corbett es uno de ellos, y parece haber convencido a muchos con su música. Críticos tanto de periódicos internacionales como alemanes (Die Welt o Stuttgarter Zeitung) se derriten en halagos ante su obra.

Finalizamos la conversación café en mano y nos preparamos para el frío colocándonos de nuevo nuestros gruesos abrigos y bufandas y los cuatro abandonamos esta cafetería en Kreuzberg (Berlín) tomando la misma dirección. Llegados al cruce en el que nuestros caminos se separan, suelto a la pequeña Chiara de mis brazos y nos despedimos hasta otra ocasión.