Tahar Ben Yelloun, rumbo al sur

Artículo publicado el 4 de Febrero de 2006
Artículo publicado el 4 de Febrero de 2006
Tahar Ben Yelloun, de 62 años, el más francés de los escritores marroquíes vuelve con su última novela, en donde habla de la inmigración a las puertas de la UE, de los "niños mimados europeos" y de su país natal.

Partir, el título del nuevo trabajo de Tahar Ben Yelloun -que vive desde hace décadas entre Tánger y París-, evoca la melancolía, la espera y la esperanza imaginada de otros lugares.

Ben Yelloun me confirmó una cita nada más publicarse el libro el pasado mes de enero. Quedamos en el Café de Flore -el no va más del esnobismo parisino- a la hora en la que los iconos de la literatura y "las vedettes de tres al cuarto" saborean su primer café solo del día con gesto vacilante y los ojos aún hinchados de sueño. Banquetas de cuero rojo y espejos Art Deco por todo el salón bañado por la luz dorada del amanecer y el leve murmullo de los chismorreos mañaneros de la flor y nata parisina. Hechizada por las espirales del poso de mi café a 4,40 euros, levanto la cabeza hacia la entrada del establecimiento justo cuando Tahar Ben Yelloun cruza su umbral: aparece inmenso, luciendo un sombrero de fieltro verde. Sin pestañear, se dirige hacia mi mesa y se sienta. Su mirada es penetrante, su apretón de manos firme y su sonrisa benévola, recortada por una apurada barba blanca. "Nos hemos sentado en la vitrina de los exhibicionistas", me susurra, cómplice. "Yo solía venir mucho al Flore cuando llegué a París. Ahora, casi nunca. Se ha convertido en el escaparate promocional del negocio del espectáculo."

Francoriental

Nacido en Fez (Marruecos) en 1944, Ben Jelloun cursó estudios francófonos, fue profesor de filosofía en Tetuán, marchándose después de Marruecos para instalarse en la capital francesa en 1971 y hacer una tesis de psicología. "Nunca recibí en el instituto formación alguna de pensamiento filosófico arabizado o de pensamiento islámico en lugar de pensamiento universal. Por eso es por lo que me marché. Dicho esto, no me siento un escritor exiliado. Si he pasado por momentos difíciles, nunca he sentido esa imposibilidad de volver, ese cierre de mi país de origen." A sus anchas en el París post 68, empezó a escribir unas líneas de forma regular para la sección de Libros del diario Le Monde y publicó su primera novela, Harrouda en 1973. "No soy un autor árabe, puesto que escribo en francés. Es una alegría para mí el poder expresarme en una lengua extranjera que domino, aunque mi pensamiento quede impregnado de civilización oriental."

Cuesta captar de la mirada de mi interlocutor y sus palabras se impregnan de pudor. Acusado de participar en las revueltas de 1965 en Casablanca, Ben Yelloun -por aquel entonces estudiante-, fue enviado un año más tarde durante 18 meses a un campo disciplinario del ejército marroquí. El autor de La noche sagrada, que obtuvo el premio Goncourt en 1987, ha mantenido desde entonces una relación ambivalente con su país natal. "Digamos que siento un amor vigilante hacia Marruecos. Sigo siendo lúcido y crítico, que es lo propio del escritor. Pero es innegable que el país va mucho mejor que hace 10 años. Los periodistas ya pueden criticar y decir que los progresos no son suficientes. Mohammed VI ha emprendido un trabajo notable de ruptura con la obra de su padre, Hassan II. Una tarea a la que ningún Jefe de Estado árabe se había consagrado jamás: dejar que su pueblo sea testigo de años de represión e injusticias para después hacer borrón sobre ese pasado y cuenta nueva." Una evolución positiva que no enmascara el fuerte deseo de evasión de los jóvenes marroquíes. "Estos últimos 15 años, son cada vez más los jóvenes que al encontrarse en una situación de fracaso a pesar de sus estudios, vuelven su mirada hacia Europa hasta desarrollar una verdadera obsesión: lo que no pueden hacer en Marruecos, lo realizarán en el extranjero."

Sí a Turquía y a Marruecos

La inmigración clandestina es la trama de la nueva obra de Ben Yelloun y sirve de pretexto para un "lento descenso a los infiernos" de su héroe Azel, marroquí exiliado en Barcelona. A pesar de que la muerte mediatizada de los clandestinos africanos en las alambradas de Ceuta y Melilla durante el pasado mes de septiembre le recordó a Bruselas la urgencia de encontrar una verdadera solución al problema de la inmigración, Ben Yelloun deplora "que una verdadera política comunitaria en esta materia no sea definida de otro modo que en términos de exclusión y de represión." Según él, algunos Estados europeos gestionan mejor que otros el tema de la inmigración. "Suecia, por ejemplo, tiene una buena actitud sobre todo porque no ha mantenido relaciones históricas con los países de África." Para Ben Yelloun, que colabora regularmente en el diario italiano La Repubblicca y en el español La Vanguardia, Europa es una "estupenda oportunidad, pero sus ciudadanos no se dan cuenta de la suerte que tienen de vivir en unas naciones donde hay paz, seguridad y riqueza. Son niños mimados que deberían agradecer a sus antepasados, que sufrieron para ofrecerles esta entidad basada en la libertad, la democracia y el respeto al individuo." Un alegato vibrante que no le impide reconocer que existen puntos negros. "Una vida plana sería la muerte", se apresura a añadir.

En cuanto a la perspectiva de ampliación, "si los países del Este forman parte de Europa, entonces tenemos que aceptar a Turquía y a Marruecos. Marruecos tiene una verdadera legitimidad para encontrarse en Europa, además de las afinidades y de una lengua común con este continente", lanza mi invitado. "Además, si Argelia no se hubiese independizado, hoy sería europea. Y los 2 enclaves españoles en territorio marroquí -Ceuta y Melilla- son europeos, así que por qué no Marruecos". Si Ben Yelloun no llega a preconizar una integración idéntica a la de los miembros fundadores de la UE, imagina que esta apertura mediterránea logrará "arreglar el problema de la inmigración clandestina y tomarle la delantera al islamismo y al fanatismo."

Partir de Tahar Ben Yelloun, editorial Gallimard, 270 pg., 17,50 €.

Publicación prevista en septiembre de 2006 en Italia (Bompiani Milan), España (Grupo 62), Alemania (Berlin Verlag) y Suecia (Alphabeta)