Tallin 2011: en liza por la capitalidad cultural

Artículo publicado el 12 de Septiembre de 2007
Artículo publicado el 12 de Septiembre de 2007
Estonia se muestra orgullosa de sí misma y hace todo lo posible por el éxito de Tallin 2011 Capital Cultural Europea. Los funcionarios de la Comision que tienen aún no las tienen todas consigo.

“Estonia es un país maravilloso”. Son palabras llenas de orgullo patrio en boca de Katri Ristal, la directora del Centro de Innovación y Diseño de Bellas Artes de Estonia. Rün Kranna-Rõõs y Eve Arpo, do estudiantes, asienten sonriendo, entusiasmadas ante tanta confianza. Cuando Katri Ristal decribe su país, sus términos se corresponden con los elegidos por la capital estonia para su candidatura a Capital Europea de la Cultura en 2011: “Tallin, un eterno cuento de hadas”.

Con sus tejaditos de madera en entramado, sus torres de defensa medievales de la antigua ciudad anseática y los campanarios de bulbo de la catedral Alexander Nevski, emblema ruso-ortodoxo no muy lejos del Parlamento estonio, hay que reconocer que el centro histórico de Tallin es de ensueño. Un grupo de escolares en traje tradicional canta en la Raekoja Plats –un vestigio de la Edad Media- y los adoquines se enroscan dibujando formas fantasiosas hacia lo alto de la colina Toompea.

Esta es la imagen que Tallinn muestra de sí misma como capital cultural. El logotipo de la candidatura, de aires medievales, se alza, esplendoroso, sobre una lona que recubre toda la fachada del célebre Café Moscú. Es la tercera vez que Tallin opta a esta nominación: esta vez, por fin, Bruselas ha dado su visto bueno. Ante el anuncio de los resultados, el entusiasmo brillaba, en cambio, por su ausencia.

La muerte no se mueve

“Todas las puertas están abiertas, todos esperamos la decisión final”, declara Katri Ristal a propósito de la programación cultural a prever. Tiina Lokk fue una de las que abrió una puerta en 1997, al lanzar un importante festival de cine: el Black Night Film Festival (PÖFF, en sus siglas estonias), que toma su nombre del misticismo de las noches invernales estonias, particularmente largas.

“Estonia es una tierra de leyenda”, explica Lokk, cuya oficina se sitúa en la vieja sede de la televisión y la radio soviéticas, una mole gris sobre la que impera una paloma blanca. “Al llegar a Tallin en avión, se avista de lejos el lago Ülemiste. El Anciano vive en ese lago y se acerca cada jueves a las puertas de la ciudad para preguntar: '¿Ha sido por fin Tallin acabada?'. A cada vez, sus habitantes deben responder: 'No, Tallin aún no está concluida'. La leyenda quiere que cuando Tallin alcance su perfección, el lago la inundará.”

Para 2011, el Ayuntamiento ha decidido apropiarse de esta leyenda. “La ciudad eternamente inconclusa” se ha convertido en el segundo eslogan de esta aspirante. Tras más de 300 años de dominio extranjero –después de ser miembro de la liga anseática fue anexionada por Suecia en el siglo XV, por Rusia más tarde, y por los nazis antes de ser miembro de la Unión Soviética hasta 1991–, Tallin es una ciudad de cintura flexible, algo indispensable para lograr ser Capital Cultural Europea. La capacidad de Tallin de mudar de piel es su ventaja.

Una Europa exigente

Junto a su bagaje de leyendas y tradiciones, Kaia Jäppinen (primera teniente de alcalde de la ciudad) y Lennart Sundja (responsable del proyecto en la delegación de cultura), se desplazaron a Bruselas para que la Dirección General de cultura de la Comisión europea les ayude llevar su iniciativa a buen puerto. Ahora bien, los funcionarios de la Comisión han preferido templar el entusiasmo.

El programa de Tallin para 2011 sufre de forma flagrante una carencia de actividades dedicadas al arte contemporáneo que acompañen la lista de eventos folclóricos ya previstos. Su error ha sido concentrarse demasiado en su herencia cultural y en afirmar su identidad a través de las tradiciones.

Según las conclusiones del informe de la Comisión, falta “esa necesaria excelencia que el portador del título de ‘Capital europea de la Cultura’ debe favorecer. Además, los tecnócratas comunitarios han insistido en que la población multicultural, y en particular la minoría rusófona, se vea completamente integrada en el programa.

“Estos comentarios tienen relación con los excesos de los incidentes acaecidos en abril de 2007 cuando se retiró de la vía pública la estatua del soldado de bronce”, lamenta Sundja, sentado en su sillón de madera de roble macizo en la sede de Herencia Cultural dando a la plaza del Ayuntamiento de Tallin. “¿Sabe?, Bruselas nos ha pedido que integremos el concierto de un grupo de San Petersburgo en nuestro programa: una cosa ridícula. ¡Si eso ya lo hacemos todos los días!”.

Trina Lokk, del PÖFF, considera también al cine como un “vector democrático”. Muchas de las cntas proyectadas en el festival son de autores rusófonos, y las demás están subtituladas siempre. “En una sala de cine todos estamos en el mismo plano”.

En uno de los capítulos -presupuestado en 1,5 millones de euros sobre un total de 17 millones- el informe de la UE se muestra más bien severo, pero hay que subrayar que estas exigencias permiten a quienes optan a ser Capital de la Cultura progresar y desarrollarse.

Uno de los proyectos pensados para 2011 pretende “mostrar el lado histórico que emana del soldado de bronce como monumento”. Un libro y un seminario han sido previstos. “Buscamos modos interesantes de presentar este tema. En Lituania, los antiguios monumentos han sido recolocados en un parque de tema artístico llamado el StalinWorld”, explica Sunja sonriente.

Además del proyecto común Bordering Memories (Memorias Fronterizas), montado en asociación con la ciudad finlandesa de Turku, la otra ciudad que compartirá con Tallin la capitalidad cultural en 2011, y con San Petersburgo, el país debe renovar el Centro Cultural ruso de Tallin. “El año de la cultura nos permite demostrar que Estonia es un mosaico de rostros y lenguas”, dice Marek Demjanov, director del Teatro Ruso.

Arrogancia en positivo

“El folklore no posee el mismo significado en Estonia que en Europa Occidental”, añade Sundja. “Estamos dejando que las tradiciones renazcan de sus cenizas”, explica Mistal, que acaba de iniciar un plan para poner al descubierto las instalaciones de diseño en Tallinn en el marco del año 2006 del diseño.

Para 2011 se prevé una segunda versión. “La mayoría de los puntos de salida del Design-Map se situan en la ciudad vieja”, aclara Eve. “Están desarrollados de un modo original: lo que se pretende es construir lo nuevo junto a lo viejo.”

La modernidad es la pasión de los países báticos. Esta región costera de Tallin en su conjunto, una zona industrial inaccesible durante el periodo soviético, se transformará en circuito cultural durante la capitalidad cultural de 2011; una lúgubre central térmica, que constituyó el decorado de la película de Andrei Tarkovsky, Stalker, en 1979, se convertirá en un centro de cultura moderna.

“Tallin no deja de moverse. Si vuelve usted en cinco años no la reconocerá”, exclama Ristal, exagerando un poco. “Somos pequeños pero dinámicos. Cuando tenemos una idea, ponemos todo en el asador para materializarla. Es un tipo de arrogancia en sentido positivo”.

Agradecimientos a Zeidy y Taivo Metsa

Fotos, Katharina Kloss