Teatropellados y teatropillados en Praga

Artículo publicado el 15 de Mayo de 2007
Artículo publicado el 15 de Mayo de 2007
Liberado del yugo comunista, el teatro checo ha encontrado su identidad, entre cultura pop y experimental. Retratos de esta nueva generación.

Desde hace 150 años, los teatros checos muestran su repertorio. La independencia de Checoslovaquia en 1918 correspondió al apogeo de su creación dramatúrgica con las obras de autores como Frantisek Langer, Karel o Josef Capek. Sin embargo, el régimen comunista se valió enseguida del arte como medio de propaganda. La creación se situó bajo la corriente llamada “realismo socialista”: nacía así el drama edificador.

En los años setenta, la crítica al sistema comunista aumentó gracias a la aparición de un tipo de teatro de “arte y ensayo” y los Estudios Ypsilon, HaDivadlo, etc. Algunos autores excepcionales abrieron las puertas a un teatro libre: Vlasta Chramostova, Daniela Fiserová, Ctibor Turba, o Karel Steigerwald.

Hoy, las salas de teatro de Praga están organizadas por compañías teatrales a las que están ligadas, y que se sirven de uno o varios dramaturgos, personas encargadas de seleccionar las obras o redactarlas, teniendo en cuenta las especificidades del lugar para el que trabajan pero, también, de su propia concepción del teatro. A la vez popular y social, el teatro parece haber encontrado su vía en Praga. Con su carácter híbrido, ha sabido replantearse su papel en el seno de una nueva sociedad, fidelizando a un público atraído por nuevas distracciones.

Lucka Kosova, crítica teatral

Como toda joven, soñaba con ser una actriz universalmente conocida. En cambio, la realidad ha sido otra. Tras asistir a numerosas piezas del repertorio checo y ruso, encuentra su camino en el universo escenográfico. Descifrar los juegos de colores, interpretar la puesta en escena o transmitir un mensaje al público, ahí estaba su vocación verdadera. Su visión del teatro actual es sobre todo crítica: “Hay dos tipos de teatro: uno, popular, que no busca otra cosa que divertir sin reflexionar, y el otro, más exigente, 'de autor', que busca transmitir un mensaje oculto”.

En la actualidad, Kosova estudia en la prestigiosa escuela teatral DAMU de Praga: la institución que forma a los futuros actores, dramaturgos, críticos y escenógrafos del país, propone un teatro híbrido que mezcla la danza, el cine y la música. Una aproximación que conduce a romper la frontera simbólica entre el público y la escena. Lucka quiere perfilar una especie de “Nueva Ola” checa, una nueva élite. Definiendo su objetivo de esta manera: “El teatro, para mí, es cuando las dos líneas, formas y colores, público y escena, textos y decorados se juntan en una sola”.

Petr Kolecko, dramaturgo en boga

Este joven, formado también en la DAMU, encarna el símbolo de este nuevo impulso que se perfila en Praga. Como joven todo atípico, Petr acaba de conseguir un enorme éxito gracias a su obra Britney goes to heaven (“Britney sube al cielo”), que relata con ironía los sinsabores de la diosa del pop americano Britney Spears. Aunque ha sido acribillado por la crítica, el texto se traducirá en breve al inglés. Kolecko no tiene complejos al revindicar la cultura pop, dirigida a un público sin educación teatral particular. “Mi único objetivo es contar historias”, explica.

“No hay nada que explicar con palabras. El teatro es tan simple como un programa de televisión: o nos gusta o hacemos zapping.” La originalidad de su estilo proviene de la mezcla de géneros populares que también encontramos en su teatro: el fútbol, la televisión, o el cine. Petr Kolecko representa una tercera vía, entre el repertorio clásico y la tradición popular. “Mi objetivo es que cada espectador salga del teatro pensando que se ha divertido”, remacha. Hoy por hoy, este joven dramaturgo no da abasto para tratar las propuestas que recibe para adaptaciones al teatro de producciones televisivas.

Nina Chromeckova, actriz (sur) realista

Recién cumplidos sus 30 años, Chromeckova destaca en el teatro experimental. Después sus cursos en la Universidad, se une al anochecer a una compañía llamada Mamá y Papá, compuesta por 7 músicos y 10 actores. Una revelación. “Me he divertido como nunca. He podido trabajar con textos totalmente diferentes entre sí. Ha sido mi primer gran viaje.” Atraída por “las obras rusas y japonesas”, constata la aparición de una nueva generación escénica más bien heterogénea.

“Hay muchas compañías de jóvenes que hacen giras por todo el país y que consiguen cosechar éxito. Después de nuestra independencia con respecto del poder soviético, la gente ya no tiene miedo a la censura política. Es interesante, por cierto, actuar en el escenario aprovechándose del miedo del público. Es una manera de hacer terapia de grupo.” Apasionada por la danza, el flamenco, y el ballet, la joven se propone practicar en el futuro el teatro en el seno de la compañía Ztracena (“Existencia”), caldeando las pequeñas salas y los café-teatros. En estos momentos, representa Dentalni Rapsodie, una pieza de Alexandr Guha. El surrealismo y el dadaísmo influenciaban antes todas sus elecciones. La hiperactiva Chromeckova encuentra incluso tiempo para trabajar en una ONG en favor de los más necesitados. “Comunicar para los otros: ese es mi lema”, se justifica.