Temporeras licenciadas del este

Artículo publicado el 19 de Agosto de 2005
Artículo publicado el 19 de Agosto de 2005

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Trabajadores temporales sudan de sol a sol por un sueldo por el que los autóctonos no moverían ni un dedo. No obstante, se suele responsabilizar a los trabajadores temporales de la miseria en el mercado de trabajo. Visita a una granja alemana en el marco de la globalización.

Jörg Buschmann tiene el cuello como un toro, la cara redonda y enrojecida por el calor, está sentado conmigo en su todo-terreno y conduce por sus parcelas en el suroeste de Berlín. Mientras damos botes por caminos pedregosos, me cuenta que antes la "granja del este" se llamaba "granja silesia". "La gente venía de Silesia a Berlín para ayudar en las cosechas. Eran un factor económico fundamental y se les recibía con flores". Los trabajadores siguen viniendo, pero nadie tira flores a sus pies.

Fuerte y sabroso

Los espárragos son la principal fuente de ingresos de la granja "Buschmann und Winkelmann". Estamos ya casi fuera de temporada y por lo tanto la actividad de la granja es mínima. Sólo diez mujeres polacas se mueven en medio de los arbustos de "reka", un tipo de arándano. "Fuertes, sabrosos y aromáticos", según reza su publicidad. Las mujeres van en grupos de dos, hablan y se ríen, mientras recogen, de arbusto en arbusto, los frutos. Llevan una carretilla con la que transportan los frutos a una especie de preparador. Éste, equipado con una balanza, espera junto a su camioneta, pesa lo que le traen y anota exactamente lo que ha aportado cada trabajadora. Porque cobran -además de por horas- por su rendimiento.

Sueños que se cumplen

30 kilos de cosecha de arándanos el primer día es normal. Al final serán hasta 100 kilos. "eso sí que cuesta con el tiempo”, dice Dominica Swobocz a mitad de jornada. Agacharse, recolectar, seguir andando, siempre el mismo movimiento. Junto con las demás mujeres, Dominica, de veinte años, vive a ocho kilómetros, en un cuartel. Cada mañana, un autobus les deja a las siete en punto en los campos. Su trabajo sólo es interrumpido por un recreo para comer; a las seis de la tarde han terminado la jornada, aunque a veces se prolonga. Con un inglés bastante rudimentario, Dominica Swobocz explica por qué trabaja tan duro: "El sueldo es muy bueno". En realidad la chica estudia Marketing y Administración en Rzeszow. Los 650 euros obtenidos -que para parámetros polacos es un sueldo bastante alto- lo invertirá en sus estudios. Con ello responde al cliché de Buschmann: "Los polacos que vienen aquí son gente que quiere aumentar sus ingresos. Tienen metas, aunque sea sólo comprarse un televisor nuevo". A los trabajadores de los nuevos Estados miembro de la UE no se les pone ningún obstáculo para cumplir sus sueños. Pueden trabajar cuatro meses como trabajadores temporales en Alemania, no necesitan permiso de residencia aunque sí permiso de trabajo. Si bien esto último es sólo un formalismo, ya que en el fondo sólo cuenta la mayoría de edad.

Un alemán no llega

"Pongamos a un polaco que vienen aquí y que trabaja en Polonia en otra granja. Imagíne después a un alemán en el paro. Mientras el polaco se pone manos a la obra el alemán no llega", dice Buschmann defendiendo a los trabajadores polacos. Y eso que hubo intentos de colaborar con una agencia de trabajo. "Me enviaban a gente con problemas de espalda. Una mujer fue el caso más extremo: apenas podía ver y caminaba con bastón por los campos". El intento de colaboración no se repitió. Los resultados del trabajo de los jornaleros polacos es para Buschmann positivo. "La granja no existiría sin ellos. Ellos no le quitan trabajo a nadie, sino que crean puestos de trabajo". 70 puestos han sido creados así. Pero aun cuando la ampliación de la UE ha tenido consecuencias positivas para Buschmann, también le causa "dolor de cabeza": "Hemos superado bien la ampliación al sur. Pero la ampliación al este es otro cantar que no sé si superaremos".