Tensión entre Turquía e Israel: el origen del conflicto

Artículo publicado el 18 de Junio de 2010
Artículo publicado el 18 de Junio de 2010
Tras las duras críticas de Turquía por el asalto israelí de la flotilla con destino a Gaza el pasado 31 de mayo, las relaciones entre ambos países se han venido abajo. Entretanto, aumentan las voces en Europa, que temen que el país de Erdogan se aleje de forma progresiva de Occidente.
Según el politólogo turco Eddy Ekrem Guezeldere, la opinión pública está cambiando poco a poco del antisionismo al antisemitismo

Desde hace tiempo se considera a Turquía e Israel los prototipos democráticos y seculares del Medio Oriente, los estados que resistirán juntos y al pie del cañón la tempestad proveniente de un ambiente no democrático. Sin embargo, las relaciones bilaterales no se han desarrollado precisamente gracias a las fuerzas democráticas, sino más bien a las de la armada turca, que en la década de1990 quería lograr un contrapeso a la política exterior proislamista en la que se basa el líder del Partido de la Justicia y la Desarrollo (AKP), Necmettin Erbakan. Al ejército le sucedería la economía y el turismo. Pero no cabe duda de que la gran mayoría de la población no aprecia demasiado estas relaciones. Aunque también es cierto es que los políticos turcos no han tenido muy en cuenta a la población hasta hace poco tiempo.

Por eso, el deterioro de las relaciones entre Turquía e Israel representa para algunos la 'normalización' de la política exterior turca. El Gobierno turco cada vez toma va más en consideración la opinión de la población y, ahora, ya no sólo procura las buenas relaciones con Israel, sino también con el resto de países del Medio Oriente. En el proceso, Siria y el norte de Irak han pasado de ser enemigos a aliados, e Irán, un socio estratégico en cuestiones de energía. Así que la estrecha relación que mantenía Turquía con Israel era preocupante, por lo que el enfriamiento de Turquía constituye un pre-requisito para un acercamiento hacia los países árabes e Irán.

Tras el sonado “un minuto”, que el Primer Ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, pedía en el Foro de Davos el pasado año, la relación ha tocado fondo provisionalmente tras los últimos acontecimientos. Turquía tiene absolutamente toda la razón al condenar a Israel por la muerte de nueve activistas turcos, que simplemente pretendían transportar ayuda humanitaria a la franja de Gaza. La cólera del lado turco es tal que incluso había planes de enviar buques de guerra hacia la costa de Israel. También se ha comentado bastante sobre el precio que Israel deberá pagar, pues se trata de vidas y de los derechos humanos, de niños y de civiles inocentes.

Y es exactamente ahí donde radica el problema de la reacción turca: si lo importante es preservar los derechos de los ciudadanos, ¿por qué se manifiesta de forma violenta y marcial cuando se dirige a Israel y ante el conflicto sudanés de Darfur no solo guarda silencio, sino que incluso absuelve de todas las responsabilidades a su presidente, Omar al-Bashir, poniendo como excusa que “los musulmanes no pueden cometer genocidios”? Si simplemente se trataba de mejorar las condiciones de vida infantiles, ¿por qué entonces se juzgan de forma simultánea a cientos de niños kurdos en Turquía por haber hecho el signo de la victoria en una protesta o por haber tirado piedras? (Los dos actos se asocian a organizaciones terroristas).Y mientras que la mayoría de los gobiernos exigían la revisión de los resultados electores de Irán en junio de 2009, porque evidentemente estaban manipulados, Turquía daba su enhorabuena al nuevo gobierno la misma tarde de las elecciones, sin hacer referencia alguna a los derechos civiles, en un contexto en el que manifestantes eran apaleados o asesinados.

Boicot a los "productos de capital judío"

Las críticas que realiza el gobierno turco a Israel no tienen nada que ver con antisemitismo. Es más, nunca se ha cuestionado el derecho de existir del país, aunque se pongan en marcha grandes movilizaciones de masas sobre el tema. La ONG BAK (Coalición por la Paz y la Justicia) hace un llamamiento bajo el lema “Israel, asesino”, cuyo tono no se había empleado nunca antes para dirigirse a los demás estados. Naturalmente que surge, de forma inmediata, una convocatoria de boicot. El primer día, contra productos israelíes y, el segundo, empieza a circular en internet un listado interminable de las empresas a boicotear, entre las que se encuentran, en un primer puesto, Profilo, y, en un tercero, Vakko, dos empresas propiedad de ciudadanos turcos de religión judía. El fundador de Profilo, Cefi Kamhi, es también uno de los impulsores de la institución '500 años', que se creó en Turquía en el año 1992 para conmemorar el recibimiento de los españoles judíos que tuvo lugar en 1492. Kamhi también recibió la Cruz Federal del Mérito y fue diputado del Parlamento turco en los años 90. Si estas dos empresas aparecen en la lista se debe a que el lema del boicot ha pasado de atacar a los productos israelíes a los “productos de capital judío”.

"¿Por qué Turquía se manifiesta de forma violenta cuando se dirige a Israel y guarda silencio ante el conflicto de Darfur?

Estos excesos son posibles debido a que Turquía no ha experimentado las mismas vivencias históricas que la mayoría de los países miembro de la Unión Europea. Además, el propósito de la creación de la UE llegaba bajo el lema “nunca más”, que va desde la conciliación de los dos enemigos mortales, Francia y Alemania, hasta las posteriores negociaciones entre gran parte de Europa Occidental, que se extendieron a la Europa Oriental tras el año 1990. La catástrofe más grave de la Segunda Guerra Mundial la protagonizó la exterminación de los judíos europeos a manos del nazismo alemán. Este gran crimen, sin embargo, no sólo forma parte de la conciencia alemana, sino de Europa entera.

Turquía se posicionó de forma neutral en la Segunda Guerra Mundial para no cometer los mismos errores y aprender de su desastrosa participación en la Primera. Aunque había firmado un pacto de amistad con Alemania que duraba hasta 1944, se libró del caos de la guerra en su mayor parte, así como de la exterminación de los judíos. Además de declararse ideológicamente no antisemita y no racista, no hacía más que seis años que había comenzado una etapa de superación de tiempos difíciles del pasado turco. El proceso de europeización del Estado pasaba por la integración de esta parte de la historia europea, la del holocausto y las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial, como un aspecto de su propia historia para vencer definitivamente su propio pasado y progresar en su trato hacia las minorías. Esto conduciría a que en la crítica hacia Israel, que es legítima e inevitable, se redujeran los ataques antisemitas más duros y a que las acusaciones de violación de los derechos humanos se aplicaran no sólo al “Estado judío”, sino también a los vecinos arábigo-musulmanes.

El politólogo Eddy Ekrem Güzeldere trabaja para el think-tank de la Iniciativa de Estabilidad Europea en Estambul.