Terremoto en Italia: seísmo al corazón

Artículo publicado el 2 de Septiembre de 2016
Artículo publicado el 2 de Septiembre de 2016

[OPINIÓN] Tras el terremoto que destruyó Amatrice, Arquata y Accumuli, una cadena de ayuda y solidaridad se ha puesto en marcha en toda Italia para asegurar a las víctimas asistencia y bienes de primera necesidad. Las imágenes de la tragedia han partido en dos el corazón de todo el mundo, un corazón tan grande que, sin embargo, aún no ha dejado de latir. 

Imaginaos que os despertáis en medio de la noche en vuestra casa que tiembla, se mueve, baila. Intentad imaginar las sensaciones que se pueden experimentar en ese momento si vuestra habitación empieza a desmigajarse, si vuestras cosas caen al suelo, si escucháis los gritos de vuestros padres, hermanos, amigos, tan asustados como vosotros por lo que está sucediendo. Si no lográis imaginar esta escena, tampoco creo que sea posible imaginarse ni de lejos las emociones, el miedo. Ver tu propia vida en pedazos, llorar porque alguien se ha marchado para siempre. Este tipo de experiencias sólo se comprenden si se experimentan en carne propia, y la mayoría de los italianos lo hizo. Pocas horas después de la primera sacudida de magnitud 6.0 en el centro de Italia, empezaron a llegar las primeras iniciativas de apoyo y solidaridad con los afectados.

El pasado domingo debería haberse celebrado la 50º Fiesta Popular de Espaguetis a la Amatriciana, un plato típico de la gastronomía de las zonas afectadas y que debe su nombre a la ciudad de Amatrice, el centro habitado que más pagó las consecuencias del terremoto, en términos de vidas humanas y en edificios destruidos. En homenaje, el bloguero Paolo Campana decidió usar el plato típico de la zona para emprender una iniciativa solidaria con la que recaudar fondos. Con el hashtag #AmatricianaSolidale se invitó a los restaurantes y a sus clientes, a unirse a esta causa, mediante la que se donan 2 euros (1 euro el cliente, 1 euro el restaurante) a la Cruz Roja por cada plato de amatriciana pedido. 

Los gestos de solidaridad y de cercanía llegaron tanto de Italia como de todo el mundo. Protección Civil activó inmediatamente un fondo al que se pueden donar 2 euros -a través de sms- para la reconstrucción de los bienes y los servicios públicos de las zonas sacudidas por el terremoto. La Cruz Roja italiana también hizo lo mismo para las víctimas. En todas las regiones, los centros de acogida están abarrotado por personas que desean donar comida, mantas y bienes de primera necesidad. Las primeras horas después de la tragedia también los centros de donación de sangre recibieron una gran afluencia. Desde el Cristo Redentor de Río, iluminado con los colores de la bandera italiana, a Toronto, pasando por Nueva York y Dallas, todo el mundo se ha acercado al pueblo italiano a través del hashtag #prayforItaly. El conocido chef y restaurador inglés Jamie Oliver, repitió en Gran Bretaña la iniciativa de la amatriciana lanzada en Italia haciéndola llegar a sus restaurantes y asegurando 2 libras esterlinas por cada plato de pasta vendido. Lady Gaga anunció en Twitter que va a hacer una contribución económica para reconstruir los pueblos destruidos. También Mark Zucherberg, durante su visita a Italia, expresó sus condolencias por las víctimas y anunció en Facebook que donará 500 mil dólares (en publicidad para Facebook) para la Cruz Roja italiana. 

La polémica, el antes y el después

Todo funcionaba perfectamente, por una vez, hasta que llegó la polémica. ¿Dónde se empleará el dinero recogido? ¿Cómo y cuándo se usará? Como ya sucedió en otros seísmos del pasado, las estructuras y el material utilizados para construir los edificios derrumbados (particularmente las escuelas y los hospitales de Amatrice), acabaron bajo la lupa del poder judicial, considerando también el hecho de que se trató de un seísmo que en el resto del mundo se considera, a pesar de todo, de magnitud media. Triste pero cierto. Después llegó la teoría del complot. Hay para todos los gustos: desde la veracidad de los datos proporcionados sobre las características del terremoto por parte del Gobierno, a la presunta preferencia que tienen los inmigrantes respecto a los que perdieron su casa por el seísmo en la asignación de varios alojamientos temporales, hasta el debate de la fiabilidad de ésta o de aquella cuenta corriente porque "total quién sabe lo que se hace con el dinero donado". Sin comentarios sobre todo esto, los hechos hablan por sí solos.

La cuestión es que la solidaridad no basta. Hay una frase que siempre da mucho que pensar: "No es el terremoto el que mata, son las casas que construye el hombre". Es verdad, tiene toda la maldita razón. Hemos demostrado por enésima vez nuestra disposición en caso de emergencia, a la hora de socorrer, mostrando un espíritu de cercanía a las poblaciones golpeadas. Sin embargo, también hemos vuelto a hacer gala de nuestra carencia total en cultura de la prevención, de organización, de memoria. Berice, Friuli, Irpinia, Umbria, L’Aquila y ahora Amatrice. Tenemos que aprender de los errores del pasado, debemos hacer que la seguridad de nuestro territorio sea una prioridad. Esta vez, cuando hayamos terminado de enterrar a nuestras víctimas, y quitado los escombros, volveremos a olvidar. Sin embargo, el corazón se queda. Las imágenes de los daños causados por el terremoto, las de la búsqueda desesperada de supervivientes, las de los funerales de las víctimas han partido en dos el corazón de todos. Un corazón roto difícilmente olvida la razón por la que sufrió. Si no logramos tener memoria intentemos tener corazón para evitar errores pasados. De esto nunca nos ha faltado.