¡Thank you, England!

Artículo publicado el 21 de Junio de 2004
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Artículo publicado el 21 de Junio de 2004

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¿Que los ingleses y los alemanes no se quieren? ¡Qué tontería! De hecho, el fútbol nos prueba lo contrario, como afirma nuestro redactor de café babel en Múnich, en una carta abierta.

Estimados ingleses,

un prejuicio malicioso pero cultivado a conciencia por nuestras dos culturas pretende que no podemos ni vernos, sobretodo sobre un campo de fútbol. En una era en la que Europa no sólo se amplía, sino en la que sus miembros no cesan de estrechar lazos, es hora de pasarle examen a los clichés superficiales propalados por una prensa de alcantarilla con palabras acerbas. La realidad es que os apreciamos, y que vosotros nos apreciáis también. Incondicionalmente y desde el fondo del corazón. ¿Os sorprende? Pues entonces, echadle un ojo a estos argumentos de peso.

Admitamos que lo de la segunda guerra mundial, el asalto aéreo contra Inglaterra y los misiles V2 lanzados sobre Londres no fue muy simpático por nuestra parte. Pero vamos a ver, sin acritud, reflexionemos un poco: ¿de dónde vino el chico travieso ese, el tal Hitler, que logró hacerse, como el que no quiere la cosa, con la confianza de nuestro pacífico pueblo durante aquella oscura década?. ¿Lo adivinan? ¡Pues claro, Adolf era austriaco, no alemán!. Además, dicho con todo el respeto, las ratas de basurero que son vuestros tabloides, y que con seguridad no reflejan la opinión de vuestra gente, estarían mejor si dejaran de compararnos en sus portadas en cada Eurocopa o Copa del Mundo con los nazis, invariablemente, con cosas del tipo Fritz ataca o Batalla contra los tanques alemanes... No sé yo qué cara se os quedaría hoy si durante aquellos años vuestros soldados hubieran cosechado tantas victorias y fueran tan patanes como los jugadores de vuestra actual selección nacional.

Os queremos

Lejos de detestaros, os queremos. No pudiendo sino amar a un pueblo a quien el mundo le debe a los Beatles, a David Beckham y a la conducción por la izquierda: somos pueblos hermanos. Somos, como vosotros, eternos guerreros, perros de caza. Al igual que vosotros, entendemos el fútbol moderno tan mal como Tony Blair la política pacifista de izquierdas. Como vosotros, a diferencia de los franceses, grandes bebedores de vino, tendemos a atizarnos las cervezas unas detrás de otras hasta que lleguen los de urgencias. Después de un mal partido, nuestros hooligans también apalean con alegría a inocentes aficionados del club adversario. Sí, amamos tanto la cultura inglesa que, no contentos con robaros palabras, añadimos nuestras propias innovaciones, inexistentes en vuestro idioma. Nuestros móviles, por ejemplo, se llaman Handy. No nos basta tener una buena higiene vital: sino que hacemos mucho más por nuestra wellness (bienestar) personal. ¡Toma ya! Y es que los alemanes somos realmente un pueblo muy cool.

Qué bonito, diréis. ¿Pero porqué diantre tendrían los ingleses que apreciar a los alemanes? Pues muy simple: porque a lo largo de la Historia, en todos los partidos de fútbol, nos habéis dejado ganar. Cómo explicar que, en los enfrentamientos importantes, falléis goles, resbaléis, renunciéis a los «Big Points», si no es por un amor que alcanza cotas de sacrificio. Los jugadores de la nación que inventó el fútbol no pueden ser tan tontos como para dejar pasar tan buenas ocasiones de echar de los principales torneos a estos alemanes que tanto odian supuestamente. ¿No lo harán queriendo?

1990, semifinal de la Copa del mundo. Por fin tuvisteis la oportunidad de clasificaros para una final. Pero Chris Waddle disparó tan alto por encima de las jaulas, que alguien hubiera jurado que practicaba el tiro al plato. ¿Puede un futbolista profesional chutar tan mal? No. A menos que su objetivo sea la confraternización entre pueblos.

¡R-e-s-b-a-l-a!

Shit happens, diréis, pero no es tan simple. Otra semifinal, la del Euro 1996. En pleno tiempo de descuento, el partido debe terminarse por un «gol de oro», Gascoigne recibe por la derecha, se planta con el balón en el área, debe chutar, va a chutar, va a chutar y... ¡va y resbala!. Lo repito para que me crean: r-e-s-b-a-l-a. Hagan un esfuerzo de imaginación: esta vez hubierais podido ir a la final, ¡en vuestro propio país! La verdad es que estuvo feo por parte de Gascoigne lo de dar rienda suelta a su pasión por Alemania en vez de colar la pelota en la portería. Tras lo cual, en la tanda de penaltis, Southgate decidió tirar con tanta suavidad y delicadeza, que nuestro portero Andi Köpfe no tuvo más remedio que abrir los brazos para recibir el balón y, con él, nuestra clasificación para la final, preciso.

¡Pero si no hacía falta! ¡Si nosotros ya teníamos 3 Copas del Mundo y 3 Eurocopas en nuestras vitrinas, mientras que vosotros sólo una copa del Mundo y nada más! Comprendimos pronto que, en realidad, en Wembley, en 1966 (final de la Copa del Mundo ganada por Inglaterra 4 a 2), también quisisteis ofrecernos la victoria si no llega a ser por el imbécil del linier y su gol (inexistente).

Quizás este Euro 2004 sea el vuestro. En todo caso, y creo poder hablar en nombre de toda la afición alemana, os lo concederíamos de todo corazón. Y si podemos, estaremos encantados de vengarnos por todos los regalos que nos habéis hecho en el transcurso de la Historia del fútbol. No tengáis duda alguna.