“The Brussels Business”: cruzada contra los “lobbies” al estilo Moore

Artículo publicado el 16 de Noviembre de 2012
Artículo publicado el 16 de Noviembre de 2012
Un documental, que bien podría pertenecer al cineasta Michael Moore, recorre el continente con la intención de sacar a la luz el turbio asunto de los grupos de presión en la Unión Europea.
La pieza, bajo la firma de dos antiguos lobbistas, sigue los pasos de un miembro —relativamente legítimo— de uno de estos grupos, así como del Observatorio Corporativo Europeo: el ente encargado de exponer públicamente el poder de los lobbies.

Los grupos de presión (en inglés, lobbies) son un asunto turbio. Un documental publicado en la primavera de 2012, The Brussels Business, pretendía sacar el tema a la luz. Para quienes habitan fuera de la burbuja de la capital belga, esta cinta, que a más de uno le abrirá los ojos, se ha hecho esperar. Para los de dentro, no supone nada nuevo ni revolucionario.

Según el investigador Dieter Plehwe, el 68% de los lobbies de Bruselas se dedica a los negocios y entre el 1% y el 2%, al comercio. El documental, que muestra la actividad de un lobbistabueno, echa al mismo tiempo un vistazo a la historia y génesis del Observatorio Corporativo Europeo, cuya misión es poner al descubierto las actividades de los lobbies menos transparentes de Bruselas. Tras reflejar que el aumento de la presión ha afectado al resultado general de la actividad legislativa, el filme —en lugar de dar un paso más, sumiéndose en la investigación de actividades sospechosas— pretende explicar que Europa está reaccionando ante la creciente red de lobbistas con un registro de transparencia que, honestamente, deja que desear.

Abarca tanto que el resultado no es tan satisfactorio como se esperaba.

Los directores y anteriormente lobbistas, Friedrich Moser y Matthieu Lietaert, han filmado con un estilo elegante que da a Bruselas el aspecto de Gotham City. En el estreno, a mediados de abril, un antiguo representante de la Comisión Europea tomó la palabra en el debate posterior para declarar que ya le habría gustado que su trabajo fuese así de atrayente. La cinta ni muestra la realidad del trabajo de la Comisión y los lobbistas, ni se ha atrevido a investigar a los que muchas organizaciones consideran los infractores más serios: los grupos de presión menos transparentes.

Desde un punto de vista puramente cinematográfico, al documental le falta metraje original y se vale de situaciones y recreaciones cuidadosamente rodadas, lo que vuelve a poner en duda la credibilidad de las verdades que cuenta. Aunque consigue despertar la curiosidad hacia una cuestión poco explorada, la mayor parte es especulación sin ningún tipo de sustento: algo difícil de superar para cualquier documental que no haga un seguimiento de determinada actividad a medida que se desarrolla, sino que la aborde desde una perspectiva histórica. Los cineastas viajarán con el documental y organizarán debates por todo el continente dentro de un proyecto a gran escala para conseguir que se hable de este asunto.

Imágenes: © cortesía de la página oficial en Facebook de The Brussels Business.