The congress, catarsis química

Artículo publicado el 12 de Noviembre de 2013
Artículo publicado el 12 de Noviembre de 2013

A veces se emplea la palabra catarsis para no hablar de vómito, pero me temo que la película The Congress de la selección EFA del Festival de Cine Europeo de Sevilla rebosa de eufemismos, tantos que revuelve el estómago.

Ficha Técnica

País: Israel, Polonia, Luxemburgo, Francia y Bélgica

Director: Ari Foldman

Guionista: Stanislaw Lem Ari Folman

Productor: Sébastien Delloye David Grumbach Eitan Mansuri

Música: Max Richter

Fotografía: Michal Englert

Montaje: Nili Feller

Reparto: Robin Wright Penn, Paul Giamatti, Harvey Keitel, Frances Fisher...

Productora: Liverpool, Paul Thiltges Distributions

Género: Ciencia Ficción, Drama, Animación para adultos.

Entre realidad y ficción, escenas de carne y hueso y performance de comics, Robin Wright (la protagonista de La Princesa Prometida) se interpreta a sí misma como víctima de su propio carnet de identidad en The Congress. Con casi 45 años los papeles escasean, su realidad familiar exige ingresos urgentes y las arrugas necesitan ser congeladas en aras de una melancólica rentabilidad.

A pesar de la lucha interna entre su integridad como mujer y actriz y lo pragmático de su acuciante decaída los estudios Miramount se llevan el gato al agua y la Jenny de Forrest Gump accede a digitalizar su imagen rechazando de por vida cualquier otra futurible propuesta teatral, filmográfica y publicitaria.

Hasta aquí, el espectador puede captar claramente el mensaje de su director, Ari Folman, una crítica durísima al sacrificio al que somete Hollywood a sus estrellas entregando a éstas al monstruo de lo efímero. Sin embargo, las incursiones en el formato comic, manga, o simplemente diseño al estilo  Sgt’s Peppers o Yellow Submarine, se convierten en una pesadilla ya que dejan de ser incursiones imponiéndose en la pantalla como un cúmulo de colores, personajes, historias inconexas y surrealismo que agotan.

Una Yoko Ono por acá, un Michael Jackson sirviendo langosta por allá, una comprensiva y maternal Grace Jones y un sinfín de fotografías mangas caleidoscópicas fruto de la cápsula ingerida casi hora y media antes…sí sí, ingerida por la protagonista, yo también dudé si había tomado algo antes de entrar en el cine.

De repente, volvemos al mundo real donde Robin Wright es una mendiga desorientada que busca en la pobreza desesperadamente a su hijo ya ciego y sordo amante de las cometas y del concepto de volar. Rechazando de nuevo su día a día, vuelve a, esta vez engullir, una píldora para adentrarse para siempre en el mundo idílico en el que uno puede desayunar con Los Beatles y comprobar que su hijo agónico es un apuesto piloto.

El eufemismo de las drogas en el mundo del artisteo, la realidad química para un titular aparente.