The Cut : Fatih Akın rompe el tabú armenio

Artículo publicado el 8 de Octubre de 2014
Artículo publicado el 8 de Octubre de 2014

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The Cut se estrenará próximamente en las salas de cine alemanas. Su director se mantiene entusiasmado, a pesar de haber sido amenazado de muerte por los ultranacionalistas turcos. Una ocasión para abordar las verdaderas motivaciones de Fatih Akın con respecto a la cuestión armenia. 

Existen aniversarios tristes, entre los que se cuentan ciertas conmemoraciones. En vísperas del centenario del genocidio armenio, la última obra cinematográfica de Fatih Akin, The Cut, ha roto un tabú y le ha costado al director las iras y amenazas de muerte por parte de miembros de la extrema derecha turca. Hijo de inmigrantes, el cuadragenario germano-turco, que creció en el barrio de Altona en Hamburgo, se dio a conocer al gran público a través de películas como Solino (2002), Al otro lado (2007) y Soul Kitchen (2009). 

El séptimo arte y el genocidio armenio

En un principio, Fatih Akin no pensaba rodar The Cut, sino una película sobre Hrant Dink, el periodista armenio asesinado por un nacionalista en plena calle en Estambul en 2007, frente a los locales del periódico turco-armenio Agos, del que era cofundador. Al no dar con la horma de su zapato para el papel protagonista, Akin se echó atrás. Razones políticas. El director quería un actor de origen turco para el papel, pero todos a los que abordó lo rechazaron, temiendo las represalias de los extremistas. Así pues, tuvo que renunciar al proyecto y plantearse otro. 

Con su última película, que ha preparado durante siete años, Akin es uno de los primeros directores de origen turco que aborda, a través del séptimo arte, un tema sensible y políticamente tabú en Turquía: el genocidio armenio,  negado oficialmente por el estado turco. De forma más amplia, la película se inscribe dentro de los temas que Akin traslada normalmente a la pantalla: el amor, el desarraigo y la muerte. The Cut narra la historia de un joven padre de familia, Nazaret Manoogian, separado de los suyos por los gendarmes turcos, y posterior superviviente del martirio de 1914-1915, que parte en busca de sus hijas gemelas. Esta búsqueda supondrá un periplo que lo llevará a Siria, a Cuba y a los Estados Unidos

Mientras que la cuestión armenia y el genocidio son temas generalmente olvidados por el cine, Akin los pone bajo los focos presentando su película en el Festival de Venecia. The Cut (2014) encuentra su lugar junto a títulos como Ravished Armenia (1919), Naapet (1977), The Forty Days of Musa Dagh (1982), Mayrig (1991), Ararat (2002) y Le Voyage en Arménie (2006). A esta lista se unirá también el largometraje de Robert Guédiguian, Une histoire de fou, cuyo estreno está previsto para la primavera de 2015.  

Tráiler de 'The Cut', con Tahar Rahim.

Si el director ha abordado esta cuestión, es porque en su opinión, el genocidio armenio constituye "un tema tabú, prohibido y peligroso". La película supone para Akin una ocasión de hablar de ello y de fortalecer su voluntad de saber y su afán de verdad. Además de las amenazas de muerte, los ultranacionalistas le han advertido que su película jamás se proyectará en ninguna sala de cine en Turquía, puesto que para ellos, la cinta constituye "la primera de una serie de iniciativas que pretenden forzar Turquía a aceptar la mentira del genocidio armenio". 

En lo que se refiere a las críticas propiamente cinematográficas, se le reprochan al director ciertos errores dramatúrgicos, que sitúan la película en una zona incómoda ante la imposibilidad de determinar su naturaleza: ¿nos encontramos ante una película de género o bien ante un drama político-histórico? Akin responde hábilmente a esta crítica, diciendo que no sabe explicar un genocidio, ni cuál es el género apropiado para hablar de él, y que quizás, ni siquiera la propia película sea un medio que esté a la altura del tema. De lo que está seguro, es de que Turquía está "preparada para esta película". 

El 'mayor sueño' de Akın

Parece que los cronistas turcos tienden a apoyar su posición, confirmando que "este largometraje puede exhibirse sin reserva alguna en Turquía, de hecho hay que exhibirlo". Satisfecho, Akin no oculta que el estreno de su película en las salas turcas suponía "su mayor sueño". Según Simon Abkarian, que interpreta el papel de Krikor, The Cut representa la película que los armenios han esperado durante mucho tiempo. El propósito de Fatih Akin, en cambio, es mucho más amplio, y sobre todo, conciliador. Estima así que su cinta permite tanto al espectador turco como al armenio identificarse con el protagonista. Y lo que vale para un individuo también vale para un colectivo. Una contribución a superar un trauma psicológico, tal es la aspiración de The Cut.  Mucho más que de una pedagogía disciplinaria, se trata ante todo de una invitación a identificarse, a compartir emociones, a sacar a la luz un trauma, a un diálogo sin odio y a tomar el camino de la reconciliación. La importancia de que los representantes de la sociedad civil se movilicen por el reconocimiento y la memoria histórica, también se debe a que en Turquía generaciones enteras han sido educadas en la idea, vehiculada por el estado, de que el genocidio perpetrado por el Imperio otomano es una mentira y que los armenios son enemigos de la nación.  

Extracto de una entrevista concedida por Fatih Akın, el 3 de septiembre de 2014

El factor político

Aunque The Cut no se centre en la cuestión de la responsabilidad alemana ante la perpetración del genocidio armenio, el director no olvida la Alemania de antaño, aliada estratégica del Imperio otomano contra la Triple Alianza. "Ampararon el silencio, les dejaron hacer", declara. A día de hoy, por cierto, el gobierno alemán no habla de "genocidio". El término que recoge la resolución del Bundestag de 2005 es el de "masacres" de las que fueron víctimas los armenios. 

Pronunciada durante el 99 aniversario del genocidio armenio, la declaración de Erdogan fue acogida por ciertos comentaristas como "una etapa simbólica en el camino hacia el reconocimiento". El dirigente turco expresó su "pésame" a los "nietos de los armenios asesinados en 1915". Pero entre líneas, mantiene una tesis negacionista. Como indica Franck Papazian, del Consejo de coordinación de las Organizaciones Armenias de Francia (CCAF), la declaración del presidente turco representa "un simple efecto publicitario", puesto que no habla ni de "disculpas" ni de "genocidio". La tesis que se mantiene es la de masacres perpetradas tanto por turcos como armenios con la Primera Guerra Mundial como telón de fondo. No obstante, las conclusiones de la mayoría de historiadores van en otro sentido. En cuanto al presidente francés, François Hollande ha estimado que la declaración de Erdogan favorece "una palabra que hay que escuchar pero que todavía no es suficiente".

¿Sería erróneo defender el reconocimiento como vía a la reconciliación? ¿Será la presión ejercida por los dos pueblos, la presión de los lazos humanos cotidianos la que forzará  la política al reconocimiento, o bien éste debe venir en primer lugar de lo político para abrir la puerta a la reconciliación entre personas? Como ocurre a menudo, las preguntas formuladas como "lo uno o lo otro", a saber "blanco o negro", "top-down" o "buttom-up", no abarcan la complejidad de las realidades sociales y de sus interdependencias. 

Sea como sea, en términos geopolíticos y humanos, podemos preguntarnos si el reconocimiento del genocidio por las autoridades turcas no tendría el potencial de transformar la región, desencadenando un proceso de redefinición nacional no solo por parte de Turquía y Armenia, sino también de forma eventual en los estados vecinos como Azerbaiyán. Por otro lado, como indica Papazian, si el estado turco llegara a reconocer oficialmente el genocidio en el marco de las conmemoraciones del centenario, "supondría un gesto de gran importancia, que permitiría a Turquía recobrar su papel rector y europeizarse".

Ver : The Cut de Fatih Aki, en las salas francesas el 14 de enero de 2015 (sin fecha de estreno prevista en España).